Diccionario de Emociones Nº 10
- 16 feb 2018
- 3 min de lectura

Idealización
Disposición mental a atribuir cualidades exageradamente positivas. Representa un no ver los hechos reales sino sólo ver la idea que tenemos de ellos. Así por ejemplo, se puede dejar de ver las manifestaciones de maldad de otro para mantener en alto una imagen idealizada de persona bondadosa. Todo esto que se aplica a los demás, opera respecto de uno mismo. Nos idealizamos, y para ello nos ocultamos ante nosotros todos los rasgos que no corresponden con esa imagen idealizada.
Identidad
Concepto que tengo de mi mismo o mi propia definición de cómo soy. Ella constituye para efectos prácticos mi definición de mi forma de ser. Sin embargo toda persona tergiversa en algún menor o mayor grado su percepción de sí misma, con lo que hay una brecha entre la propia definición de mí y el total de mis rasgos. Cuando descubrimos que cualquier adulto puede realizar un proceso de reeducación de sí mismo, y transformar aspectos de cómo es, reconocemos que esta identidad no es inmutable.
Identificación
Acción de proyectar un rasgo mío en otra persona que opera como telón: proyecto mi rasgo en el telón del otro. Ejemplificando, si en mí mis padres rechazaban la timidez, yo sigo rechazando mi timidez, y siento rabia hacia mi timidez. Cuando veo timidez en otra persona, me da rabia la timidez en esa otra persona. Pero no sé si esa persona es tímida, ciertos rasgos exteriores de ella me hcen definirla como tímida y entonces proyecto mi timidez en ella. En definitiva, la timidez de la otra persona activa en mí mi propia reacción hacia mi timidez. Si en mi historia no se hubiera rechazado o no existiera enojo hacia mi timidez, ni rechazaría ni me enojaría la timidez de otra persona.
Ignorar
En una acepción exterior significa no saber, pero en lo psicológico es una disposición a negar al otro, es decir, hacer como si no existiera.
Ilusión
Disposición a esperar que algo deseado ocurra; pero también a engañarse pensando que está ocurriendo aquello anhelado. Esta disposición a imaginar que algo que no ha ocurrido está ocurriendo puede ser tan fuerte como para llegar a confundir hasta considerar que realmente está ocurriendo; esto es, tomar la ilusión por realidad. Por ejemplo, alguien me mira de cierta manera, y fantaseo que esa es una mirada de amor profundo, y de allí imagino que con esa persona seríamos felices juntos el resto de nuestras vidas. También puedo ver una mirada y fantaseo que me odia, con lo que la construcción fantasiosa sigue otra dirección.
Imaginación
Capacidad de representarse mentalmente la realidad no presente, que permite tanto la imaginación creativa como la ilusión delirante. Se puede ocupar para crear realidades nuevas, se puede ocupar como herramienta terapéutica, y también se puede ocupar como modo de evadir la realidad hasta el nivel de negarla completamente.
Importar
Importar emocionalmente significa que las acciones del otro o sus emociones hacia mí impactan mi mundo emocional. Significa que su ausencia me produce un pesar.
Imprudencia
Acto de arriesgar algo a través de ponerse en el límite donde eso se puede perder.
Indignación
Ira hacia otro que proviene de juzgar que la conducta de ese otro no ha sido digna. Ello implica un código que establece las conductas consideradas dignas.
Indolencia
Actitud que muestra una falta de interés o preocupación por todo; nada pareciera importar, ni nada pareciera ser digno de motivación o de esfuerzo. La indolencia lleva contenido la idea de la no-dolencia, de que las cosas no le causan dolor; pero ello provendría de una pérdida de la capacidad de sentir dolor. Y el dolor físico es una señal de que al cuerpo le afecta o le importa el daño que le están haciendo; a la vez que un dolor emocional, en particular una pena, muestra que te importa perder aquello cuya ausencia te causa dolor. En síntesis, la incapacidad de sentir dolor proviene de un anestesiamiento del cuerpo o de las emociones.
Indulgencia
Predisposición a perdonar, a pasar por alto una falta o atenuar el castigo. Es la actitud contraria a la severidad, a la dureza, a la implacabilidad. Se suele acusar de indulgente a aquel que todo lo perdona, y que por lo mismo todo lo permite, dado que el otro hará cualquier cosa sabiendo que no va a ser castigado. Lo interesante es notar que la disposición a ser indulgente surge después de que alguien ha acusado a otro de cometer una falta, y de postular castigo; es decir, la indulgencia es un intento de atenuar o levantar un castigo allí donde otro definió la gravedad de la falta y la severidad del castigo. Porque si ese alguien hubiera postulado un castigo no severo, la actitud de indulgencia no se levantaría pues podría considerar el castigo adecuado o proporcional a la falta. Con esto podríamos ver que la indulgencia no es una tendencia a perdonarlo todo, y abre a una invitación de conectar los polos de severidad e indulgencia para llegar a un pronunciamiento justo o equilibrado.

Comentarios