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la función biológica de o patológico

La función biológica de lo patológico

por Pietro Ubaldi

La visión de estos maravillosos equilibrios nos lleva al concepto de la función biológica de lo patológico. La enfermedad, ¿es, verdaderamente, un estado anormal y siempre una falla orgánica, o bien se compensa en el equilibrio universal y asume una función biológica no sólo protectora sino además creadora?

 

Es innegable de que, en muchos casos, lo patológico puede, con la adaptación, convertirse en un estado habitual del organismo, que termina por vivir normalmente en él.

 

De hecho el estado orgánico perfecto es una abstracción inexistente en la realidad. En la naturaleza no existe un tipo orgánico de perfección, una verdad orgánica igual para todos, una normalidad, punto de comparación del valor fisiológico individual; sino que cada cual es su tipo, una verdad orgánica propia, y tiene razón contra todos, en tanto sabe luchar y vencer. En la naturaleza, la perfección constituye una tendencia jamás alcanzada, la salud un estado que se debe conquistar en todo momento, un equilibrio que es preciso mantener sólo al precio de un trabajo continuo.

 

En la realidad, todo organismo posee su punto débil, de mayor vulnerabilidad y menor resistencia. Lo patológico ha acabado, de tal suerte, por equilibrarse como un hecho más o menos constante en la normalidad del mundo orgánico, que no por ello se abate, y que de ahora en adelante lleva consigo, como fuerza aceptada en su equilibrio, su lado de sombra.

 

La naturaleza se compensa de las diferencias en el número y completa sus imperfecciones mezclando siempre sus tipos, que cuanto más diversos sean, tanto mejor balancearán en la reproducción sus ventajas y de­fectos. Os encontráis aquí ante la misma ley según la cual el mal condiciona el bien, y el dolor la alegría, con idéntico claroscuro de contrastes en cuyo seno se mueve y se equilibra el mundo orgánico, así como el mundo ético, sensorial y psíquico.

 

Pero se da otro hecho. No sólo el mundo orgánico se ha habituado a arrastrar normalmente el peso de su imperfección, ni únicamente esto entra en la ley de equilibrio. Tal ley opone, por compensación espontánea, a todo punto de debilidad mayor un punto de mayor fuerza, a una vulnerabilidad específica, una resistencia asimismo específica en otra parte. La naturaleza siente el punto amenazado y lo circunda, reforzándolo, con todos sus demás recursos, órganos, sentidos que se desarrollan en proporción y más allá de la media. No os alarméis, pues, por cualquier punto débil, ya que puede ser él por compensación, una fuerza.

 

Permaneciendo siempre en el campo orgánico hemos visto, incluso, que cada asalto patogénico superado produce, por reacción, la aptitud para la resistencia, fortifica todo el arsenal de las defensas. En este caso posee la enfermedad una función inmunizadora y lleva, por contraste y compen­sación, el hábito a la victoria y a la autoeliminación de lo patológico. En tal sentido la enfermedad es condición de salud, ya que excita la construcción de todas las resistencias orgánicas. Éstas, que os defienden sin vosotros saberlo, constituyen el resultado de innumerables victorias y luchas supe­radas; son fruto de vuestro esfuerzo, duramente ganado en el largo camino de la evolución.

 

Pero hay una compensación más elevada de lo patológico en otros campos, puesto que todo en el universo está interligado. Siempre por reac­ción compensadora, una imperfección y sufrimiento físico puede tener una repercusión creadora en el campo de lo moral, determinando un estado de tensión, excitando una rebelión que se manifiesta como explosión de fuerza al nivel psíquico. Aquí reaparece la función creadora del dolor. Su tenaz y penetrante acción no puede menos que despertar resonancias en lo hondo de ese psiquismo que se comunica siempre con las formas orgánicas; y deja, en las mismas, huellas indelebles. Pues si el dolor no basta, a menudo, para construir de golpe la grandeza de un alma, en casi todos los casos nos la revela entera y exalta al máximo la totalidad de sus valores, y a lo largo del andar es siempre escuela de ascensión.

 

 

Y si en las almas inertes el do­lor se resuelve a veces en pasiva adaptación, con frecuencia enciende lu­minosidades nuevas en el espíritu y entonces se puede hablar, en verdad, de una función creadora de lo patológico.

 

Gran ciencia ésta, la del saber su­frir, que sólo poseen los hombres y pueblos que han vivido mucho; ello sig­nifica una resistencia a las adversidades que los jóvenes no poseen. Obser­vad el fenómeno de lo patológico hasta sus últimas repercusiones, y veréis que en ocasiones ha arrancado del alma humana los gritos más sublimes y las más grandes creaciones.

 

A menudo una imperfección física, que cierra al alma los senderos de la vida exterior, le prepara los de la profunda introspección de sí, manteniendo siempre despierto al espíritu y sometiéndolo a una gimnasia que lo agiganta. De la maceración de un cuerpo enfermo, muchas almas han salido purificadas; un mal físico puede muy bien ser la prueba impuesta por el destino en el camino de las grandes ascensiones humanas. Invito a la ciencia a explicar cómo una enfermedad, una deficien­cia orgánica, es capaz de dar tanta fuerza al espíritu, tal fecundidad al pen­samiento, tanta salud y potencia a la personalidad; de qué modo, en otros términos, lo patológico puede contener a menudo lo supernormal.

 

Capítulo del libro de Pietro Ubaldi ‘La gran Síntesis’ disponible gratis en pdf.

Imagen tomada de: http://www.definicionabc.com/salud/enfermo.php

convivencia nacional y emociones

Convivencia nacional y emociones

Necesitamos pensar la convivencia nacional como un espacio de aprendizaje de buena convivencia. Esta idea está totalmente desatendida, pues suponemos que la buena convivencia se da sola, y si no ocurre sólo sabemos sermonear o castigar, no sabemos educar en buena convivencia.


Lo que en general no consideramos es que la mala convivencia está instalada sobre las emociones negativas, en daño emocional.

¿Qué es el daño emocional? Es el impacto emocional en la persona proveniente de una serie de conductas de las que ha sido víctima, tales como abuso, maltrato, inseguridad, rechazo, descalificación, etc.; maltrato que recibe de  manera reiterada y que provocan en el niño en lo esencial la siguiente conclusión: perdí la confianza en la bondad humana; perdí la fe en la confiabilidad y la buena intención de la figura adulta. He perdido la fe en que tenga sentido integrarse armónicamente a la vida de convivencia. Y como consecuencia de esto el joven ha perdido el entusiasmo por desarrollarse y ha perdido la fe en sí mismo.

Así de drástico es el efecto del daño emocional del maltrato, con la consiguiente instalación en el niño de una emocionalidad negativa, tanto por lo que ha padecido, como por lo que ha aprendido como conducta al recibir estos modelos de figuras adultas.

¿Cómo, desde esta negación del vínculo, de negación de la autoridad, y de negación de sí mismo, en cada niño, podemos crear una buena convivencia y construir ciudadanía?

Lo ilustro en una experiencia con un curso de un Liceo, cuando un estudiante se refiere a otro que no quiere expresarse frente a una pregunta sobre sus motivaciones: es que este es el ‘cara de nada’. Esta es una descripción psicológica finísima sobre la pérdida de fe de ese joven en el mundo y en sí mismo.

Por ello es que el país requiere proponerse como primera misión sanar emocionalmente en todo lo posible a niños y jóvenes, para mejorar su posibilidad de desarrollarse como personas que se puedan integrara una sociedad que aspire a ser constructiva y armónica.

El problema es que para poder hacerlo, requerimos de adultos que se hayan sanado ellos mismos en lo emocional, en algún grado que les permita ser modelos de una conducta emocional más sana.

Requerimos a nivel nacional un programa conducente a elevar la salud emocional de los adultos, de modo que en sus desempeños laborales y profesionales, especialmente entre los que formarán niños, puedan actuar desde una emocionalidad más sana.

Esto nos enfrenta a algo que no está en la cultura actual. En general el adulto no considera necesitar una educación emocional. Cada quien se considera a sí mismo como expresión de un comportamiento razonable y correcto, y que sus emociones son las adecuadas a la situación. Y todo adulto tiene una batería de razones para argumentar que esto es así. Pero lo real es que de adultos todos necesitamos un aprendizaje emocional, y un aprendizaje de transformación de algunas de nuestras conductas.

El conocimiento para este aprendizaje y esta transformación está en el campo de algunas disciplinas formales y otras alternativas. En la psicología y sus campos vinculados como la orientación, la mediación o el coaching; y todas las disciplinas de sanación alternativas.

Para poder incorporar procesos de aprendizaje en sanación emocional en un enfoque de construcción de ciudadanía,  necesitamos también incorporar la comprensión de que los procesos son largos, o al menos de mediano plazo. No es que no sean eficaces, sino que no son de efecto inmediato.

Los aprendizajes emocionales tienen algunas disciplinas orientadas a tener vivencias emocionales agradables, y otras centradas en el autoconocimiento, que pasan con reencontrarse con los dolores emocionales para sanarlos, y por lo tanto no son producen emociones gratas en lo inmediato.

Es importante que en la incorporación del aprendizaje emocional a la ciudadanía se tenga la perspectiva de que algunas disciplinas representan vivencias gratificantes en lo inmediato, y otras representan vivencias dolorosas en lo inmediato, y que ambas requieren para convertirse en transformaciones internas y en cambios de conducta, de ‘medianos plazos’. No hay nada que garantice más que una experiencia se frustre, que ponerle expectativas que no puede satisfacer.

El lenguaje y el baño de Heráclito

El lenguaje y el baño de Heráclito

Por Mauricio Tolosa

Heráclito, apodado el Oscuro por su carácter enigmático, caminó sobre la tierra al mismo tiempo que otros gigantes como Confucio y Sidarta Gautama. Dicen que el griego utilizaba la forma del aforismo para hacerse más incomprensible a las personas comunes y que sus pensamientos fueron rescatados o reconstituidos en textos que otros escribieron en su nombre, decenas de años o siglos más tarde.

Imagino al filósofo en una tarde plácida, a la orilla de un río calmo… reflexiona y conversa con algunos discípulos. Movilizado por el calor se sumerge en las aguas tranquilas, su túnica flota en la superficie, siente el agua más fresca que en años anteriores probablemente a causa de los árboles que crecen alrededor produciendo una sombra cada vez más densa. Escucha un pájaro carpintero golpeando su pico contra un ciprés. Observa con afecto las primeras canas en las cabelleras de varios de sus alumnos y constata en su propio cuerpo añoso la piel más floja y los músculos menos vibrantes. La belleza profunda de ese instante lo hace tocar una sutil nostalgia desde la que emerge un pensamiento diáfano que une todo, el mundo y él, el río que fluye y el encuentro con sus discípulos, el pasado y el presente, sus ideas y su cuerpo. “En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos los mismos.”

Ni él ni sus amigos, ni el bosque ni el río que los envuelven son los mismos que la última vez; sus cuerpos, la madera, el río, las rocas, el sol y el cielo están en permanente cambio, nada vivo ni material es exactamente igual que hace un instante, y a la vez algo se conserva que los hace seguir siendo los mismos.

A pesar de los cambios reconoce a cada uno de sus alumnos y para ellos él sigue siendo Heráclito. Hace unos días acordaron reunirse en el remanso y ahí llegaron todos, aunque no sea la misma agua, ni la misma orilla, y que también los árboles hayan cambiado. No es el mismo río y es el mismo río, no son las mismas personas y son las mismas personas.

Si todo lo vivo y lo material está en permanente transformación ¿qué es lo que no cambia? ¿dónde está eso que se preserva?

Quizás lo que se conserva no está en los objetos ni en las personas sino en el logos, en el pensamiento y las palabras que fijan la permanente transformación creando una temporalidad que no sigue el devenir y el cambio constante, que establece un cierto orden en el que es posible reconocer e identificar un cuerpo o un río aunque cuando lo hayamos nombrado ya haya dejado de ser el mismo cuerpo o el mismo río que percibimos y queríamos nombrar. Quizás son resonancias de un diálogo con un viajero de Oriente que traía la voz de un tal Sidarta Gautama que en su comunidad de aprendizaje de Sarnath, en Varanasi, señalaba “Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos, hacemos el mundo.”

Ecos milenarios de las búsquedas por comprender y comprenderse en los pliegues del lenguaje, esa casa donde existe el tiempo, inmutable y permanente, que nos separa del devenir orgánico y nos hace humanos. “En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos los mismos.”

Publicado originalmente en http://sitiocero.net/2017/el-lenguaje-y-el-bano-de-heraclito/

imagenes tomadas de:

https://www.google.cl/search?hl=es&site=imghp&tbm=isch&source=hp&biw=1517&bih=735&q=el+ba%C3%B1o+de+heraclito&oq=el+ba%C3%B1o+de+heraclito&gs_l=img.3...1832.8876.0.9397.27.14.0.13.0.0.92.765.12.12.0....0...1ac.1.64.img..2.11.667.0..0j35i39k1j0i24k1.A1jBvE-8LqI#imgrc=91AlggXxTYGboM:

 

http://www.monografias.com/trabajos61/filosofia-antigua/filosofia-antigua2.shtml

One flew over the cuckoo’s nest

One flew over the cuckoo’s nest

Por Fesal Chaín

Hace algunos días, un amigo de muchos años me decía “todos sabemos que vivimos en la mierda pero no basta quedarse en el diagnóstico”. Yo quiero mucho a mi amigo, no es nada personal, pero, ¿quién le dijo que eso era novedoso e inteligente, es decir efectivo? O hay muchos que afirman, “pero en todas partes es así”. Literalmente una generalidad, sobre todo cuando uno no tiene el don de la ubicuidad. U otros que plantean, “bueno, no es que vivamos en la mierda sino que tú has hecho de tu mundo una mierda”. Ahí la cosa se pone más compleja si nos remitimos a Francisco Varela y la conformación de mundos como estrategias autopoieticas de confrontación con un entorno dado. Pues es necesario saber que Varela nunca fue solipsista. Es decir afirmaba con énfasis que aun cuando el individuo  es la parte activa en la dotación de sentido de la vida, sí existe el entorno.

Que a veces la estrategia sea menos autopietica en determinados individuos también es cierto, como que los pronósticos son necesarios en todas partes del planeta. La cuestión es que no hay pronóstico. Es decir la enfermedad existe y en todas partes. Para decirlo sin dilación “… one flew east, one flew west, one flew over the cuckoo’s nest”, o sea no hay salida y eso sí que todos lo sabemos. Otra cosa es que nos mintamos para justamente no abandonar la autopoiesis, para que con total desesperanza no actuemos, por ejemplo, como los 800 suicidados de la secta ugandesa de la «Restauración de los Diez Mandamientos de Dios», de Kimbwetere, quienes convencidos de que el fin del mundo llegaría el año 2000 se rociaron con gasolina y «desataron el infierno» hasta morir carbonizados en su iglesia en espera de la Virgen María.

No tiene mucho sentido conceptuar una enfermedad sin pronóstico. También es cierto que en la determinación del problema está la solución. Y lo que digo es que el problema es, que el problema no tiene solución. No importa si le llamamos capitalismo, neoliberalismo, fascismo, dictadura militar, socialismo democrático, socialismo real, comunismo estalinista o dictadura totalitaria. (¿A ver, de qué hablo?, ¿de problemas o soluciones?, ¿se fijan que los supuestos modelos soluciones de ayer  son los problemas modelo de hoy?) Cualquiera un tanto ofuscado me podrá acusar de nihilista. A mí me importa bien poco donde me sitúen. Lo que sé es que a estas alturas es el propio ser humano con sus emociones y sus razones el que se ha constituido como un problema para el ser humano y el mundo natural del que somos parte. Y que nosotros en nuestra totalidad y determinaciones no tenemos solución alguna.

Dicho de otro modo, nos hemos confrontado al entorno como podemos y como se nos ocurre. Y que nuestras violencias, dominios y egoísmos, así como nuestras pobrezas, marginalidades y exclusiones son parte de nuestra estrategia de confrontación con dicho entorno y que estas partes van minando sin destruir completamente el amor, la paz, el altruismo, la riqueza espiritual o todos los supuestos valores superiores. Saliendo de la visión dualista del mundo, no es el bien contra el mal lo que nos conforma, sino la suma de ambos en un precario equilibrio sin término, como en esas eternas guerras civiles en las que nadie gana y todos pierden siempre, en donde se han borrado en un brumoso pasado, los verdaderos motivos del conflicto, y en las que sus protagonistas sin memoria, necesitan imperiosamente seguir batallando para darle un sentido a sus existencias, hasta que un grupo histérico quiera escapar del nido y comience a gritar de nuevo ¡que vuelva el Mesías!

Publicado: 31 mayo, 2017 en http://sitiocero.net/2017/one-flew-over-the-cuckoos-nest/#sthash.y6Gnk8VU.dpbs

tuareg

Entrevista a un tuareg

TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
entrevista realizada por VÍCTOR M. AMELA a:
MOUSSA AG ASSARID

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! 

Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

- ¡Qué turbante tan hermoso...!


- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.


- Es de un azul bellísimo...


- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...


- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?


- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.


- ¿Por qué?


- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.


- ¿Quiénes son los tuareg?


- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.


- ¿Cuántos son?


- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.


- ¿A qué se dedican?


- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...


- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?


- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.


- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?


- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!


- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..


- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.


- Saber eso es valioso, sin duda...


- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!


- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?


- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!


- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?


- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...


- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...


- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.


- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?


- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...


- ¿Tanto como eso?


- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.


- ¿Qué pasó con su familia?


- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...


- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?


- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...


- Y lo logró.


- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.


- ¡Un tuareg en la universidad. ..!


- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.


- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?


- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!


- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.


- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...


- Fascinante, desde luego...


- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...


- Qué paz...


- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

ecoaldeas: ser parte de la naturaleza

Ecoaldeas: ser parte de la naturaleza

 “Si nosotros pudimos hacerlo, cualquiera puede”. Es la invitación que nos hace Gustavo Lerner, uno de los fundadores del Ecocentro Eluwn, quien hace diez años dejó la vida en la ciudad para experimentar una existencia más integrada a la naturaleza en una ecoaldea, donde se replantea la convivencia con la naturaleza y con los seres humanos, aportando en la construcción de un mundo diferente.

 

Nuestra sociedad se ha enfocado durante varios siglos a superar las limitaciones que nos impone la naturaleza y, de esa forma, hemos logrado increíbles avances científicos y tecnológicos que, indudablemente, han mejorado nuestra calidad de vida. Pero hace ya bastante tiempo que esta “lucha contra la naturaleza” se nos ha ido de las manos, provocando los desastres ambientales globales que -a estas alturas- ni el más incrédulo puede negar.

Desde esta necesidad de restablecer el equilibrio, desde la necesidad de vivir con la naturaleza, integrados a ella y no contra ella, surgen propuestas como las ecoaldeas. Estos “experimentos vivos”, como los llama Gustavo Lerner, implican varios desafíos: sociales, ecológicos y espirituales, ya que buscan de forma creativa una nueva forma de resolver las dificultades propias de la convivencia.

 
Socializar en armonía

El desafío social más grande para una convivencia sustentable es la incorporación de un sistema de decisiones y de resolución de conflictos basado en la confianza y en la horizontalidad, es decir, el respeto de todas las opiniones, guiados por el reconocimiento de un sentido común. No se trata de una simple democracia en la que se hace lo que dice la mayoría; el mayor reto se encuentra en buscar la solución óptima con la que todos estén realmente de acuerdo.

En esta construcción de un mundo diferente es muy delgada la línea entre dos modelos diametralmente opuestos: Una comunidad como un gueto elitista de personas que quieren alejarse del mundo, versus una ecoaldea, que busca ser un foco de cambio para su entorno y que, por lo tanto, requiere integrarse a la comunidad en la que está establecida.

Tal como lo señala Gustavo, “los mejores diseños, las tecnologías verdes, e incluso las mejores ideas quedan ridículamente inválidas cuando la hostilidad se impone entre las personas. Si no somos capaces de abordar y resolver los aspectos sociales y de convivencia, no podemos albergar esperanza alguna de lograr construir un futuro promisorio”.

 

Darse mutuamente

Del mapudungun “darse mutuamente”, Eluwn tiene casi 10 años de existencia y es una ecoaldea que se define como proyecto abierto de conexión profunda con la naturaleza, con uno mismo y con las demás personas para explorar formas de relación e interacción con otros seres vivos, compartiendo sus experiencias y formando un comunidad.

Ubicado a 110 kilómetros de Santiago, en la provincia de Melipilla, y como ecoaldea viva, Eluwn siempre está recibiendo voluntarios que quieran trabajar a cambio de alojamiento y comida, y está dispuesta a incorporar nuevos miembros, siempre y cuando estos compartan la visión, la misión y el sentido de vida que el proyecto representa.

Más información: http://www.eluwn.cl/

 
Equilibrio ambiental

Para muchos, la visión de una ecoaldea tiene que ver con la reducción de nuestros impactos ambientales, pero claramente esto ya no es suficiente. Como sociedad hemos llegado a un punto de devastación ambiental en que ya no basta con disminuir nuestra huella, sino que es necesaria la restauración de los ecosistemas que hemos destruido.

Este es el principal desafío para los asentamientos que buscan ser sustentables ambientalmente: no solo una utilización de recursos que vaya acorde a los ritmos de asimilación y renovación del entorno natural, sino la posibilidad de restablecer el equilibrio dañado.

 

 

Búsqueda espiritual

Gustavo describe que desde afuera es muy fácil confundir a una ecoaldea con una secta religiosa, pero hay un elemento esencial que marca una diametral diferencia: la libre determinación.

Una ecoaldea, para ser un asentamiento realmente sustentable, requiere que sus miembros sean conscientes y responsables de sus propios actos, motivo por el cual en ningún caso se puede seguir ciegamente a un líder. La espiritualidad, en este caso, es reconocida como un sentido profundo de vida que es compartido y constantemente reconstruido entre todos los miembros de una comunidad, y no es impuesto como un dogma por parte de un grupo de “elegidos”.

 

Vivir diferente

Para saber cómo se vive en una ecoaldea, conversamos con Gustavo Lerner, miembro fundador del Ecocentro Eluwn, donde lleva casi diez años de experiencia cotidiana:

– Desde tu historia y tus vivencias, ¿cuáles son los elementos mínimos que una comunidad intencional debe tener para denominarse ecoaldea?

Para mí es, fundamentalmente, un sueño de un colectivo convencido de ser un experimento vivo, parte de un experimento vivo más grande aún, que aporta a la construcción de un mundo diferente, con respeto por todos los seres vivos.

Lógicamente, requisito mínimo para sentirse ecoaldea es contar con un grupo de personas que funcione como grupo; es decir, toda ecoaldea debe ser una comunidad. Este grupo precisa tener una fuerte intención ecológica, aportando al beneficio ecológico del sector o la región en que se emplace.

También es básico asumir la importancia de lo sutil, de lo intangible en el grupo y en todas las áreas de nuestras vidas. La dimensión espiritual, que probablemente no tenga nada que ver con algún tipo de religiosidad sino con asumir simplemente que mucho de lo que es en verdad importante es invisible a nuestros ojos y a nuestro tacto, es el espíritu con el que hacemos aquello que decidimos hacer. Ser portavoces de una visión global de paz, con una visión integral del ser y holística del mundo.

 

Turistear mundos posibles

Si la idea de vivir algún día en una ecoaldea te seduce, nada mejor que probar durante las vacaciones un poco de trabajo voluntario para impregnarse de la experiencia de vivir en comunidad y de una existencia integrada a la naturaleza.

Muchas ecoaldeas ofrecen alojamiento y comida a cambio de trabajo voluntario. Sin embargo, no es asunto de llegar e ir; en general, es necesario ponerse de acuerdo sobre los periodos y condiciones del voluntariado. Asimismo, varias de estas ecoaldeas ofrecen cursos o talleres de verano sobre diversas técnicas para una vida sustentable a precios más que razonables.

Estos son algunos enlaces donde podrás encontrar información al respecto:

*Sitio oficial de la Red de Ecoaldeas Eco Chile: www.ecochile.org

*Base de datos de la Red Global de Ecoaldeas (GEN):http://db.ecovillage.org/

*Página de Facebook con mucha información sobre ecoaldeas a lo largo de toda América, incluyendo propuestas de recorridos. Incluye además muchas en Chile. (Mirar las fotos de la página): http://www.facebook.com/mapadeecoaldeas.abyayala

 

– Una de las críticas que se le hace a las ecoaldeas y otros tipos de asentamientos sustentables es que finalmente pasan a ser guetos cerrados, comparables con un condominio del barrio alto, que han decidido aislarse del mundo. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Cómo ha enfrentado Eluwn la integración con la comunidad que lo rodea?

 

¡Ja! Y bueno… ¡nuestro barrio es cerrado y vivimos en lo más alto de la loma! ¡Quizás haya algo de cierto en ello! No, fuera de broma, quizás esto tenga algo de cierto en relación a algunos proyectos. Hay de todo.

Para empezar, es imposible encarar un proyecto de ecoaldea serio sin establecer criterios de integración de miembros y eso, indefectiblemente, dejará de lado a algunas personas. No es realista pensar que un grupo puede acoger en su seno a cualquier persona ni a todos… Empezando por la carga ecológica sobre un terreno, pero también por el hecho de la integración al grupo. Es un imposible y no vale la pena siquiera intentarlo.

Sobre aislarnos del mundo, en realidad nunca lo hemos deseado, no está dentro de nuestros objetivos ni visión de mundo y, como somos bastante sociables, hemos intentado construir puentes con la gente y la sociedad que nos rodea.

No fue sencillo el acercamiento, por ser diferentes a lo acostumbrado en el sitio donde nos establecimos, pero a través de actividades que gestionamos nosotros mismos, fondos concursables pensados y ejecutados por el bien común y, por supuesto, una camada de jóvenes locales con una mentalidad mucho más abierta que la vieja guardia, las relaciones se van acercando, existe mayor confianza y todos entendemos que somos parte del mismo tejido social. Nos necesitamos unos a otros y podemos enriquecernos mutuamente.

– Para ser parte de los miembros estables de una ecoaldea en general hay que tener los recursos económicos para comprar parte del terreno. ¿Qué alternativas existen para las personas que no tienen esa cantidad de dinero? ¿Cómo ves tú el tema de la equidad social en el acceso a esta forma de vida?

Es cierto que no todos pueden participar de un proyecto de ecoaldea, y también es muy cierto que es necesario contar con un terreno. Mi recomendación es que sea propio y comprado por el grupo, o sea, hay que tener unos pesos para hacerlo.

Pero ese dinero, si se reúne entre varios, es bastante menor al que se puede necesitar para tener una casa o alquilar, quizás, en ciudades como Santiago; por lo tanto, el punto es muy relativo y tiene más que ver con la decisión de jugársela e invertir en la compra de un terreno junto a un grupo en lugar de comprarte un auto, una moto o un departamento. Los grupos que no cuentan con dinero pueden postular e intentar conseguir terrenos fiscales en comodato… Pero esto suele ser más engorroso.

En Eluwn decidimos que deseamos que el dinero no sea el principal obstáculo para participar y, por ello, fijamos una base de participación que consideramos pagable por una gran mayoría de las personas de clase media de nuestra sociedad. Esta decisión fijó de algún modo el tipo de personas que se sumarían al grupo, en general personas comunes sin un pasar económico asegurado.

Por supuesto, esta misma determinación nos plantea una problemática: la gran mayoría de quienes conformamos el grupo base debemos destinar buena parte de nuestro tiempo a conseguir recursos económicos para el día a día.

Las personas que no tienen el dinero reunido pueden intentar sumarse a ecoaldeas que ya estén en funcionamiento, con el terreno comprado y pagado, y buscar ser admitidos e ir pagando en un plazo largo… Seguramente todo es factible. Será mucho más sencillo si se cuenta con habilidades y conocimientos que puedan ser útiles al grupo y al proyecto… Todo es energía, y no sólo el dinero es necesario para participar en una ecoaldea.

Finalmente, es preciso entender que el dinero es necesario para establecer una ecoaldea, y también para sostenerla. Para los grupos es un buen desafío fomentar y establecer emprendimientos internos, tanto individuales como colectivos, que sean viables económicamente.

 El futuro

– ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta Eluwn en la

actualidad?

 

Eluwn es un proyecto que siempre enfrenta desafíos varios. Es parte de ser

un experimento. El desarrollo grupal siempre presenta desafíos.

Nuestro grupo ha crecido y continúa creciendo; de a poco se va afianzando,

pero aún está en formación. Algunos integrantes se sumaron hace

relativamente poco, y otros han cumplido un ciclo y acaban de decidir

bajarse del proyecto. Es algo normal dentro del proceso grupal.

Estamos intentando establecer una estructura que permita sumarse y

participar sin necesidad de comprometer una participación plena en el proyecto.

También es muy importante para nosotros seducir e invitar a sumarse a nuevos miembros, preferentemente en un rango etario joven, que tengan deseos de vivir en el terreno. Nuestro grupo, por sus características, está formado por personas que tienen lazos muy fuertes con la ciudad, tienen hijos en edad escolar, trabajos, etc.

En Eluwn hay mucho trabajo lindo por hacer, y nuestro grupo necesita nutrirse con gente algo más joven.

– Si en el pasado intentos como estos han aparecido y desaparecido, ¿cuáles son los elementos con que se cuenta actualmente (si es que los hay) que podrían hacer la diferencia con las experiencias del pasado?

 

Me gusta mucho un aforismo de Rabindranath Tagore que dice: “Yo llevo en mi mundo en flor los mundos todos que fracasaron.” Cada vez hay más locos en el mundo, cada vez estamos todos más de acuerdo en que no nos gusta el modo en que vivimos los humanos y nos atrevemos a soñar modificarlo.

¿Aprenderemos a sortear dificultades que se presentaron en el pasado? Seguro que sí. Y también estoy convencido que se presentarán nuevas y será necesario que las abordemos o que luego lleguen otros a resolver los inconvenientes que no hayamos podido solucionar nosotros.

No debemos pensar ni creer sólo en la importancia de los resultados sino estar muy atentos a los procesos. Mientras nos aventuramos a vivir las experiencias, vamos aprendiendo mucho, de manera muy veloz. En Chile prácticamente no existe una cultura de vida comunitaria. Tenemos mucho que aprender aún. Eso quedará para las generaciones futuras, además de ser parte de nuestras aventuras personales.

Los avances en psicología y algunas terapias alternativas constituyen herramientas muy poderosas para comprender los procesos grupales y los personales. La visión holística y global del mundo es hoy muy diferente a lo que ha sido alguna vez en el planeta; por tanto, existe ya un inconsciente colectivo que presenta un mejor panorama para los emprendimientos de ecoaldeas.

El contar con medios de comunicación instantáneos, como internet, permite compartir información, formar redes de apoyo, ayudarse, complementarse y encontrar soluciones a problemas de cualquier carácter, de manera mucho más veloz y eficaz. Y nos permiten cumplir con uno de nuestros objetivos primordiales, el de compartir con otras personas nuestras motivaciones y aprendizajes; fomentar la inspiración a buscar, a crear formas de establecer nuevos modelos sociales fundamentados en el amor y el respeto, en decisiones consensuadas, en asumir responsabilidades individuales y colectivas de manera compartida.

Hoy buena parte del mundo se muestra mucho más abierta a aceptar y compartir las visiones de los locos ecoaldeanos que no encontramos satisfacción a nuestras ambiciones de vida en el establishment. Quizás nosotros mismos seamos, en realidad, parte de la sociedad establecida que va cambiando lentamente y sin darse cuenta de que ya lo ha hecho.

 
Hacerlo

Si uno analiza a Eluwn en profundidad, seguramente encontrará muchos puntos mejorables, tanto desde la sustentabilidad ambiental como social; sin embargo, al recorrer esta ecoaldea y al terminar la grata conversación con Gustavo, creo que es esa misma “imperfección” la que abre las posibilidades de encantar el proceso, el de conocer a alguien “como uno” que, junto a un grupo, emprendió un sueño, aprendiendo en el camino, y en el cual, con mucho humor, se pone como ejemplo: “Si yo puedo hacerlo, quiere decir que cualquiera puede hacerlo; solo hay que dar el paso”. 

 

http://www.revistasomos.cl/2014/01/ecoaldeas-ser-parte-de-la-naturaleza/

ideologuias emociones y duelos

De ideologías, emociones duelos y sueños

Direccion del MIR.1971.

Combatiente sandinista

Fesal Chaín

Si bien desde hace muchos años no hago política y desde hace también bastantes he ido reflexionando desde diversas fuentes sobre el mundo social y no sólo desde  una ideología compacta, provengo de un movimiento político que nació bajo el influjo directo de la revolución cubana, con todo lo que aquello significa respecto de la reflexión social y de la acción. Esto no deja de ser determinante para mí. Por cierto, no porque racionalmente aún mantenga las discusiones que tenía en la década del 80’ o el racional duelo, valga la redundancia, que tuve en los 90’.  De hecho este artículo no es del corte político que se daba en esas décadas de debates  militantes. Este texto más bien apunta a una reflexión en el campo de las emociones, aunque también roza ciertas aristas sobre la pretensión racional de los actos de ayer.
Hace algún tiempo, un amigo me regaló un libro sobre la revolución nicaragüense: “Adiós Muchachos”, escrito por Sergio Ramírez, quien fuera vicepresidente de Nicaragua bajo el gobierno revolucionario. Como se sabe, y si no, lo explico, mi generación fue  bastante influenciada por el sandinismo, en tanto veíamos en el proceso de lucha contra Somoza y el  posterior triunfo popular, un modelo menos rígido de realización de una política revolucionaria que lo que ya observábamos en  la Cuba de los 80’. Pero más allá de lo anterior, la revolución nicaragüense nos tocaba en nuestras fibras íntimas como la cubana lo hizo con nuestros padres, pues a cada generación le toca lo que le toca como drama o como elan vital. La cuestión es que el libro me introdujo en meditaciones más racionales que de otro  tipo. Fue el comienzo de una mirada sistemática del error. Claro, uno entiende con esas lecturas y otras, que las cosas nunca son como uno quiere, sino que tienen un desarrollo propio inoculado con las grandezas y miserias humanas, y así los resultados pueden ser bellos y a la vez épicos, como también muy feos y burdos como las más miserables de las miserias. Sin embargo estas meditaciones  no pasaron de ser para mí, un ordenamiento o explicación de los evidentes factores que constituyeron la derrota. Una especie de listado de variables que nunca debieron haberse puesto en movimiento pues no nos permitieron triunfar. En términos gruesos cuando uno realiza este listado no es difícil llegar a conclusiones más abstractas, que en definitiva han sido las que he expuesto a lo largo de los años en los distintos artículos y ensayos en SITIOCERO.
Pero la semana pasada vi el documental “El Edificio de los Chilenos”, de Macarena Aguiló, hija de quien fuera el Secretario Interior del MIR. Tal cual dice la reseña de la película: a finales de los años 70, los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria exiliados en Europa regresaron a Chile a luchar clandestinos contra la dictadura. Muchos de esos militantes tenían hijos que no podían llevar con ellos. Para esos hijos nació el Proyecto Hogares, un espacio de vida comunitaria que reunió a cerca de 60 niños que fueron cuidados en La Habana por 20 adultos que llegaron a ser sus padres sociales. Volví con la película a Cuba y sus derroteros, que pese a Nicaragua siguió siendo una enorme ola cultural, política, social y cotidiana que no sólo cubrió a nuestros padres sino a nosotros mismos y quizás a nuestros hijos. Inmerso en las imágenes y entrevistas me di cuenta que pese a los muchos ensayos racionales escritos por mí, respecto de la inviabilidad de construir y transformar el mundo como se pretendió hacerlo en las décadas del 60’ al 80’,  siempre he vuelto o he mantenido algo más fuerte y más determinante de mí ser individual y social como motor de vida. Dicho de manera simple y como un ejemplo, paradojalmente mientras escribía esos artículos críticos, continuaba escuchando la música cubana de inicios del 70’. Pero ello que pudo haber sido una costumbre, no era sino la expresión que acogía y escondía, como el consciente acoge y esconde al inconsciente, una valoración de un modo de pensar, sentir y actuar. Y el documental descrito me lo mostró sin retóricas. Así como un cachetazo, una especie de remezón directo ya no al pensamiento que busca explicaciones a posteriori, sino al sentir profundo. En primer lugar uno de los niños que perteneció a esa comunidad, y que sale hablando sobre sus vivencias como hijo social,  fue  sino mi amigo, una persona con la que mantuve, por mi militancia, relaciones durante años, como también con uno de los padres que entrega su testimonio.
 
Paf, no era un documental sobre otros, no, era sobre mis relaciones, en el fondo entonces sobre mí. Paf, la pena de ellos, ya no era la pena de otros, víctimas exteriores a mí mismo, sino mi pena. Paf, la desazón, el dolor, de haber institucionalizado la dolorosa separación de padres e  hijos,   ya no era un desgarro de personajes, sino de personas con las que yo conviví y con/creí. Paf, era entonces mi desazón, mi dolor, mi duelo. Viendo la película me di cuenta que a pesar de mi crítica ideológica, me quedó prendado al corazón ese elan vital poderoso y pegado al pecho desde adentro, ese que expresa con tanto brillo Nicolás Guillén: “Haz que tu vida sea/ campana que repique/ o surco en que florezca y fructifique/ el árbol luminoso de la idea”. O del mismo poema, aquel verso que proclama “…busca el empinamiento de la cumbre, /y si el sostén nudoso de tu báculo/ encuentra algún obstáculo a tu intento, / ¡sacude el ala del atrevimiento/ ante el atrevimiento del obstáculo!”. Un elan que tantas veces no nos permitió conmovernos con nuestras propias vivencias personales, en aras de emocionarnos con la patria abstracta y una libertad de carácter heroico.
Me atrevo a decir que vivimos ayer un mundo que se mostró siempre diáfano gritándonos: no basta la idea luminosa para construir una realidad luminosa, ni basta la exageración y el atrevimiento  para vencer los obstáculos. No basta con enarbolar amores patrios o de clase, para actuar desde el amor con uno mismo y con quienes nos rodean en nuestra vida familiar y afectiva más cercana. Mi pena y mi duelo es darme cuenta que aquel  modo vital de entender y amar, tan mío aún y desplegado ya en otras actividades,  no necesariamente transforma, sino que tantas veces retrotrae nuestros espíritus y cuerpos a lo indeseado. No sólo a las derrotas políticas, sino que incluso en los triunfos a formas de convivencia rígidas y autoritarias, porque esta matriz incapaz de distinguir el sueño del entorno, trata por todos los medios de empujar a otros a valores y actitudes que nacen de nuestra propia mente como un constructivismo exacerbado de lo humano, y que llega  a colocarse fuera de todo lo realmente humano, convirtiéndose en exigencias, disciplinamientos y órdenes.
 
Fueron valientes, fuimos valientes, fueron amantes de Chile y su destino, fuimos amantes de Chile y su destino, fueron derrotados, fui derrotado. En todo intento erramos desde el pensar y sentir el mundo, alejados del mundo y de nuestras vivencias más íntimas, pero lo intentamos con la mayor porfía y arrojo, poniendo en riesgo nuestras vidas, el pecho a las balas. No lo logramos y otros tampoco, ya se ven sus uniformes demasiado planchados, su vejez como rutina y acomodo, sus discursos como mandatos. Y por ello, por mí y ellos lloré, y he comenzado ahora a mis 50 años a hacer el único duelo que vale la pena, el duelo emocional de la pérdida, sobretodo de la pérdida de la perspectiva del sentido de lo humano cuando tratábamos de cambiar el mundo inhumano en el que estábamos obligados a movernos.
Sin embargo la historia no está escrita por mano ajena. Lograrán otros y otras inventar nuevos modos que distinguiendo lo posible de lo imposible construyan la vida feliz que nos merecemos. Lograrán otros y otras inventar nuevos mundos pero acoplándose al entorno palpable y a las emociones íntimas, para transformar.  Yo por mi parte vivo mi último duelo, desde el corazón, pero no me detengo, lo que me queda de vida trataré de debatir y de cambiar ideas conmigo mismo y con mi comunidad, para aprender del camino que hicimos, para amar la vida y cambiarla  ligado a la vida misma, a mis valores íntimos, al diálogo entre mi razón y mi emoción,  una y otra vez, y como siempre con la porfía, la valentía, y el arrojo que me enseñaron mis amigos y amigas, mis compañeras y compañeras del ayer

 

 

Publicado: 26 septiembre, 2017 en http://sitiocero.net/2017/09/de-ideologias-emociones-duelos-y-suenos/
 

dia de la creatividad

Día Nacional de la Creatividad 7 de Enero de 2018

nuestro pais nuestra cultura

Nuestro país, nuestra cultura

Yasmín Navarrete

Los Andes es el cordón montañoso más largo del mundo, es la cordillera que delimita nuestro país.

Por él generalmente sopla un viento intenso, turbulento. La energía cinética de su movimiento cual kundalini pudiese pasar por nuestras columnas (dicen algunos monjes budistas), es la energía shakti que según el hinduismo limpia y sana los vórtices energéticos de nuestro cuerpo. Los Andes, dándole forma a nuestra geografía, es la columna vertebral que le otorga estructura a nuestro cuerpo/país… Aquella energía-viento que circula por nuestra geografía es la energía que sana, podríamos decir que somos sanadores en potencia, si nuestro cuerpo pertenece a estas Tierras, quizás podemos asegurarlo con más ahínco.

Es así como Chile en su estructura geográfica se forma como un país de extremos: extremos climas, pero también extremas divisiones, y a pesar de tener ese potencial sanador, aún estamos divididos por dentro y por fuera. Podría afirmar imperativamente, como Vicente Huidobro dice en uno de sus manifiestos, “basta ya de nuestras guerras adentro de nuestra piel o algunos pasos más allá de nuestra piel”, como un grito que nos logre remover, despertar.

 

 

Si realmente fuéramos conscientes de nuestra capacidad de sanar, veríamos la riqueza en la diversidad, aun cuando existan ideas sumamente diferentes, ellas delimitan el espectro de las múltiples opiniones que finalmente podemos compartir a pesar de no estar de acuerdo. Las palabras crean realidad y las opiniones hechas de palabras delimitan su propia narrativa. Luego si existen diversas narrativas, existen diversas formas de crear y de percibir los estímulos externos, de tal forma que podemos enriquecernos de aquella gama de visiones: más que mal el lenguaje que utilizamos es el mismo lenguaje que nos une, ya que crea puentes que nos relacionan de distintas formas pero que nos relacionan al fin y al cabo, para bien o para mal.

Nuestros verdaderos monumentos son las palabras, nuestro español rico en modismos, nuestro español que dejó de serlo para convertirse en nuestro lenguaje Chileno, ebulle en él el numen de nuestra poesía, desde la profunda verdad creativa que esencialmente crea identidad porque a pesar de las imposiciones externas, a pesar del neoliberalismo forzado, nadie ha podido imponer otro idioma a nuestro lenguaje: poético, metafórico. Lenguaje que insinúa y que finalmente danza en la realidad de las dinámicas sociales, dándoles vida, reinventándolas como en un juego lúdico. La literalidad y frialdad se la dejamos a otros idiomas y ni siquiera podríamos darle cabida a dicha frialdad a otros contextos porque incluso haciendo ciencia (un área objetiva) hacemos poesía, creamos desde el mundo de las metáforas, desde el mundo de nuestro lenguaje que ya ha estructurado nuestros cerebros con esa rica inventiva que algunos llaman “ingenio chileno”. Decimos que poesía eres tú, porque desde cada uno nace nuestra propia interpretación, porque la objetividad pura no existe en la fantasía de separar al observador de lo observado, en aquel lugar metafórico donde se relacionan se encuentra la riqueza de nuestro lenguaje que co-crea.

Poesía que sana nuestros espíritus, ergo nuestra materialidad, nuestros cuerpos del materialismo y positivismos despiadados que han negado al sujeto, al no involucrarlo en su propia experiencia de la cual participa al modificarla activamente, creativamente.

Estamos entonces invitados a crear la realidad que soñamos, a darle cuerpo y forma a nuestros poemas, a nuestros sueños e ideales hechos realidad, sanándonos a través del diálogo, a través de la palabra para lograr sanarnos e integrarnos a la riqueza de nosotros mismos, a la riqueza de nuestro país que conoce sus ideales y que es capaz de darles forma de manera activa, de manera creativa.

 

http://sitiocero.net/2017/12/nuestro-pais-nuestra-cultura/

idries shah

Idries Shah, el maestro Sufi contemporáneo

 Del mismo modo que Nasrudin, Idries Shah enseñó a través del arte de las narraciones. Involucrado en gran número de empresas de corte humanitario, académico, científico y comercial, destacando su participación en la fundación del Club de Roma, del que emanó el famoso Informe sobre los Limites del Crecimiento. Su enseñanza fue su contar, y su vivir fue su encarnar la tradición sufi en toda su expresión. Los sufis han dicho que les tomó 800 años de trabajos preparatorios conseguir que el Islam los aceptara. A Shah le tocó vestir al sufismo con atuendos occidentales, demostrando que el alma del sufismo puede cubrirse legítimamente con los ropajes de cualquier cultura.

 

Existe un alma espiritual profunda en Oriente, lo hemos reconocido. Pero la vinculamos más con las tradiciones nacidas en China y la India que al mundo musulmán, al que asociamos el sufismo. Esta dificultad para aceptar dicha tradición milenaria como una de las grandes fuentes espirituales de la humanidad obedece a nuestra atávica dependencia de los arquetipos colectivos inconscientes. Por ello seguimos temiendo y rechazando al sarraceno que tiene en ascuas a nuestro mundo occidental..

Pero Idries Shah supo vencer esta barrera al vestir al sufismo con atuendos occidentales, y demostrando que el alma del sufismo puede cubrirse legítimamente con los ropajes de cualquier cultura.

Idries Shah, sabio y escritor, considerado el principal maestro del sufi contemporáneo, produjo más de 35 libros que han vendido hasta la fecha más de 15 millones de ejemplares. Estuvo involucrado en un gran número de empresas de corte humanitario, académico, científico y comercial, destacando entre ellas su participación como socio fundador del Club de Roma, del que emanó el famoso Informe sobre los Limites del Crecimiento, concepto que a poco andar se lo tragó el frenesí posmodernista. También fue asesor de numerosos monarcas y jefes de estado; pero, sobre todo, fue narrador de cuentos, un maestro que ocupó lo mejor de su tradición para hacer llegar a Occidente el mensaje de esta tradición espiritual milenaria.

No fue difícil -argumenta Shah, a pesar de todas las dificultades que debió enfrentar- presentar a Occidente los muchos aspectos y la presente importancia del sufismo, dados dos requisitos previos: libertad de publicación, y una creciente insatisfacción, en muchas culturas, con autoridades obtusas e ignorantes.

Si osáramos afirmar que la vida de Idries Shah es una gran fábula, inventada de principio a fin por Mulla Nasrudin, ¿acaso estaríamos falseando la verdad? ¿O nos situaríamos, por el contrario, en el centro de la tradición sufi, permitiendo -en el mismo acto, por un momento- que nuestros queridos lectores no supieran cuál es el real valor de verdad de aquella realidad que tomamos como verdadera?

Sin embargo, Idries Shah es real. Tan real y tan contemporáneo que sólo en el reciente 23 de noviembre de 1996 el mundo llorór su muerte. ¿Y quién es Nasrudin? El es una ficción sufi. Un personaje legendario que habría sido inventado por los derviches, si bien nadie se resigna a creerlo definitivamente. Su nombre completo es Mulla Nasrudin, aunque también le llaman Mulaj Nassr Eddin. Desconocido para Occidente, Idries Shah nos lo presentó en sus libros, dándose con ello a conocer a sí mismo. Por medio de ambos, el sufismo se ha ido expandiendo en este lado del planeta.

Los relatos sobre Nasrudin se cuentan por cientos, y narrados en las tertulias de las caravanas, en los hogares y aún en programas radiales a lo largo y ancho de todo el Asia. Quien los narra entretiene efectivamente a su auditorio porque, en un nivel superficial, las historias tienen siempre un carácter humorístico; pero también contiene un segundo nivel de lectura más profundo, que tiende un puente, como dice el mismo Idries Shah en su libro Los Sufis, entre la vida mundana y una transmutación de la conciencia, de una forma que ninguna literatura ha sido capaz de alcanzar.

Del mismo modo que Nasrudin, Idries Shah enseñó a través del arte de las narraciones. Su enseñanza fue su contar, y su vivir fue su encarnar la tradición sufi en toda su expresión. Shah introdujo el sufismo en el Occidente contemporáneo, aportando con ello las esperanzas de renacimiento de nuestra época la sabiduría de esta milenaria tradición espiritual.

La tradición sufi ha envuelto siempre en el misterio a Nasrudin, manteniéndolo en el limbo entre origen histórico y uno ficticio. Los eruditos de todos los tiempos -contra cuya pedantería este personaje siempre afila sus dardos- se han devanado los sesos tratando, infructuosamente, de descifrar las trazas de su origen.

Relata Idries Shah que un intelectual contemporáneo visitó a un derviche para solicitarle alguna pista que le permitiera demostrar finalmente la condición de personaje histórico de Nasrudin, a lo que recibió esta respuesta: Podría usted soltar una araña sobre un charco de tinta, y observar las marcas que va dejando al salir. Esto quizás le daría una fecha exacta o algún otro indicio. Pero eso, sobre todo, la gente del pueblo la que se ha encargado de darle vida a este personaje, llegando a crearle una biografía, y aún a consignarle un lugar a la tumba donde reposarían sus restos.

La verdadera vida de Shah

Para conocer los datos ciertos de la vida de Shah no se hace necesario recurrir a las patas entintadas de una araña; basta con digitar su nombre en la pantalla y bajar una página de Internet, para establecer su nacimiento en Simla, India, el 16 de junio de 1924.

Y si seguimos recorriendo con la mirada la pantalla de nuestro computador, en esta verdadera locura de coexistencia de mil tiempos distintos que nos trae este principio de siglo, descubriremos cómo la tecnología más moderna pone ante nuestros ojos la imagen de un maestro arraigado a las fuentes más ancestrales de la vida. Nacido en el seno de una familia hashemita, su árbol genealógico y títulos -confirmados y acreditados en 1970 por doctores de la ley del Islam- lo vinculan, y nos remontan, al propio profeta Mahoma.

Y los cruces continúan, pues su madre era occidental: escocesa, aunque ya hemos aprendido a no asombrarnos de esta confluencia entre la India e Inglaterra, que se ha hecho patente en las vidas de tantos maestros espirituales contemporáneos que hemos leído en estas paginas. En Gran Bretaña conoció al padre de Idries Shah, el escritor y respetado pensador Sirdar Ikbal Ali Shah, quien a la sazón estudiaba medicina en Edimburgo. Este especial matrimonio se fue a vivir a las tierras altas de Afganistán, en Pagham, residencia tradicional de la familia paterna, lugar donde nació Idries.

Tal como su padre antes, se sintió en casa tanto en Oriente como en Occidente. Fue educado por tutores privados europeos y del Oriente medio, y también se formó en extensas travesías y múltiples encuentros con personas de enseñanza, lo que caracteriza el método sufi de educación y desarrollo. Vivió gran parte de su vida en Inglaterra, cerca de Tumbridge Wells. Cursó estudios durante una breve temporada en el Saint Catherine's College, de Oxford, y asumió las maneras de un típico británico. Se casó con Cynthia (Kashfi) Kabraji en 1958, a sus 34 años, y de este matrimonio nacieron un hijo y dos hijas.

 

Paciencia de Sufi

Los sufis han dicho que les tomó 800 años de trabajos preparatorios conseguir que el Islam los aceptara. Esto pone de manifiesto, como mínimo, que poseen una mirada de largo plazo sobre los procesos del desarrollo de la espiritualidad humana.

Paradójicamente, al final de este proceso, es el islamismo el que proclama al sufismo como algo de su propiedad, refiriéndose a él como una secta islámica mística. Los sufis no se dedican a polemizar sobre este tipo de afirmaciones, pero, ¿puede sostenerse una interpretación como esa cuando el sufismo -aún con mayor paciencia- se ofrece a Occidente sin revestirse al Islamismo?

Surge entonces la validez de la postura sufi, y con ello la interpretación de los hechos que consigna que en ciertas épocas las escuelas espirituales ofrecen su sabiduría a las culturas o religiones que estén dispuestas a escucharlas, o bien aportan el material que da finalmente nacimiento a una nueva religión.

Shah dice que cualquier reaparición del sufismo ocurre siempre con los ropajes de las culturas en donde busca sembrar; en su forma nunca será algo exótico o extravagante para ese mundo, para evitar así el rechazo, y favorecer así a que las personas lleguen a su esencia.

A esta penetración ha contribuido desde siempre Nasrudin. Tanto impacta la sabiduría popular llena de ironía de este personaje, que diversas culturas lo han acogido sin saber que dejan entrar un verdadero caballo de Troya de una propuesta mística espiritual. Como ejemplos pintorescos de esta penetración, la Sociedad Británica para la Promoción del Conocimiento Cristiano publicó un libro con varios de sus relatos, y el gobierno ruso realizó una película llamada las aventuras de Nasrudin, incluso los griegos, que son reacios a incorporar elementos de la civilización árabe, aceptan a Nasrudin como parte de su herencia cultural.

Y más aún, se dio la paradoja de que el Ministerio de Información de Turquía publicó una selección de chistes de este supuesto predicador musulmán arquetipo del místico sufi, al mismo tiempo que por ley disolvía las ordenes de derviches, los iniciados de la corriente esotérica que creó a Nasrudin.

Con ropaje occidental

Siguiendo sus preceptos, Shah revestiría sus enseñanzas, pero sobre todo su vida, con el ropaje de Occidente. Y qué más adecuado para la obtención del permiso que le permitiría propagar ideas en nuestro mundo que convertirse en escritor. Así, escribió más de 35 libros y más de 100 monografías académicas. Sus libros, principalmente dedicados a difundir la enseñanza del sufismo, tuvieron tiradas de venta que envidiarían los best-sellers, llegando a superar los 15 millones de ejemplares vendidos, en 12 idiomas.

Junto con el oficio de escritor, asumió, pasados los treinta años de edad, como Director de Estudios del Instituto para la Investigación Cultural, una fundación educacional que investigaba y publicaba temas de cultura comparada respecto del pensamiento y la conducta humana. Cuando actuaba en dicho cargo, fue invitado a dictar conferencias en varios lugares, incluidas la Universidad de Stanford, en EEUU., y la Universidad de Génova, en la que era profesor visitante.

Finalmente, y nada se podría como más adecuado, incursionó en el mundo empresarial. A partir de esta última experiencia, y por conocimiento de la lógica comercial de Occidente, sabía que la circulación de libros estaría siempre gobernada, como todo lo que es comunicación masiva, por los rankings de venta. Ello lo llevó a fundar una editorial, la Octagon Press, con el fin de mantener en circulación sus libros cuando las casas editoriales lo retiraran de sus listas. Además de este propósito, estaba el de crear una línea de publicaciones que estableciera un contexto histórico y cultural amplio sobre el pensamiento y la acción sufis. Tuvo, además, un tercer objeto en esta empresa, referido a generar información sobre Afganistán, previendo la importancia de esta labor como una tarea de registro y preservación cultural, en vísperas de la trágica devastación de ese país.

Del mismo modo que Shah buscó asemejarse a las occidentales, desarrolló desde adentro los elementos para establecer lo que lo diferenciaba. Soy de ustedes pero no soy igual que ustedes, sería un mensaje táctico que le podríamos atribuir.

 

En su vida cultivó relaciones con personas de todas las clases sociales y todos los estamentos, desarrollando, además, una personalidad multifacética, que combinaba un sentido de alta autoexigencia y logros personales con una acción de servicio y de educación a los demás. También fue poseedor de una actitud liviana y llena de humor ante la vida. Además de ser un incomparable narrador de cuentos e historias, fue también un excelente cocinero. Los afortunados invitados a alguna de sus cenas viajaban desde distintos puntos del mundo para no perdérselas.

También era usual verlo deambulando en ferias de antigüedades -aún en sus últimos meses de vida- buscando piezas exclusivas, tanto de Oriente como en Occidente, para lo cual había desarrollado una especial habilidad. Muchas personas han dado testimonio de cómo las enseñanzas que les brindó este sabio maestro espiritual producía un beneficio directo para su desarrollo profesional en los más variados campos.

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