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¿QUÉ SERÁ DE LAS REGIONES?

¿Qué será de las regiones?

Por Guillermo Pérez Ciudad

Luego de lo ocurrido en el Congreso, es prácticamente imposible que haya elección de gobernadores regionales este año. Esto podría haberse evitado con un trabajo legislativo más honesto y continuo en el tema de traspasos de competencias.

No es por arte de magia que hoy estamos donde estamos. Esto es desidia programada, es lo que muchos quieren pero nunca se atreverían a decir en año de elecciones. Si lo problemático siempre fueron las competencias de la autoridad electa, ¿por qué dilatar y esperar tanto tiempo para discutir el tema?

Más que seguir llorando sobre la leche derramada, hay que preguntarse respecto a cómo enfrentaremos el futuro. Si la elección no será en el 2017, es necesario consagrar en algún artículo transitorio la posibilidad de realizarla el 2020; así tendremos más de dos años para discutir seriamente el tema de las facultades de la nueva autoridad.

Lo del traspaso de competencias es más complejo de lo que parece, especialmente en una situación como la chilena, donde la legislación al respecto es deficiente. No es posible -como proponen algunos- enumerar en la Constitución el traspaso de  todas las competencias que tengan  vocación regional, sin considerar las diferencias entre gobiernos regionales y la capacidad de cada uno de ellos. Resulta necesario entender que si queremos una descentralización responsable, nuestro foco debe estar principalmente en fortalecer a las regiones con instrumentos flexibles  y adaptables a las diversas realidades, para luego traspasar competencias.

En el mismo sentido, las políticas  regionales generalmente son más complejas, debido a que en el espacio físico de la región está presente también el gobierno central, provincial y municipal, lo que requiere mejorar exponencialmente los grados de coordinación entre los diferentes niveles de gobierno.

Estos elementos -capacidad y coordinación- son claves para una descentralización exitosa,  pero requieren tiempo. Es por eso que, en caso de no tener elección este año, las autoridades deben comprometerse a continuar el trabajo, especialmente porque la Constitución ya está reformada y la elección de gobernadores, aunque no sepamos su fecha cierta,  es un hecho.

Además, estamos en tiempos de campaña y los candidatos saben que esto es importante para los chilenos. Por lo mismo, quien quiera ser Presidente debe diseñar una hoja de ruta para zanjar este tema con la seriedad y la responsabilidad necesarias. Solo así sabremos si la preferencia por descentralizar es por convicción o es solo discurso.

Publicado el 19 junio, 2017 en http://www.fundacionpiensa.cl/sitio/que-sera-de-las-regiones/ Guillermo Pérez Ciudad es Investigador Fundación Piensa.

valparaiso puerto principal¿

Valparaíso

¿Puerto principal?

Por Tomás Villarroel Investigador Fundación P!ensa

Conocida la decisión presidencial de dar el vamos a la construcción de un puerto de gran escala (PGE) en San Antonio, queda inmediatamente planteada la disyuntiva en torno al  futuro y a la viabilidad económica de Valparaíso. La disyuntiva es grave, pues en muy poco tiempo se suman tres noticias que golpean directamente el desarrollo económico del puerto: primero, la fuga de cruceros; segundo, la instalación del PGE en San Antonio; y tercero, la invalidación del proyecto Mall Barón. Si bien la anulación del Mall Barón elimina la amenaza de un edificio de 4 pisos junto al mar y abre la posibildad de un acceso al borde costero para toda la comunidad (otra cosa –compleja por lo demás- es el financiamiento de un paseo costero y áreas verdes), el panorama en torno a la viabilidad económica de Valparaíso y su desarrollo es -raya para la suma- inquietante.

La decisión de la presidenta sin duda constituye un punto de inflexión para el futuro productivo de Valparaíso. Históricamente la ciudad siempre ha sido un puerto: su desarrollo desde el siglo XVI, y sobre todo en los siglos XIX y XX -cuando Valparaíso llegó a ser la “joya del Pacífico”- estuvo intrínsecamente vinculado a la actividad portuaria y a la navegación. ¿Debe replantearse ahora esta condición? Mucho apunta en esa dirección.   Se han escuchado voces que señalan que el puerto debiese concentrarse en el potenciamiento del turismo y reorientar su estrategia de desarrollo hacia ese rubro. Para ello es crucial revertir la fuga de cruceros, que  paradójicamente están recalando en San Antonio. Si se quiere lograr esto es necesario un nuevo molo de atraque para cruceros o bien la adecuación del espigón para estos fines. Con todo, abundan las dudas. La pregunta de fondo es si el turismo es suficiente para sostener la vida económica del puerto y su desarrollo. En vez de diversificarse, la economía de Valparaíso se homogenizaría. Además, en el puerto se da el drama de que -con todo el potencial que tiene- apenas tres y con suerte cuatro cerros son turísticos. Ni hablar del plan, que los turistas -no sin razón- usan básicamente como zona de tránsito. Y por ahora no se observa ni de lejos ni un plan de recuperación del plan y de los demás cerros ni un proyecto de inversiones que hagan al resto de Valparaíso partícipes del círculo virtuoso del turismo.

Con un puerto para cruceros funcionando no cabe duda que el resto de las instalaciones portuarias (T1) podría seguir siendo utilizadas. Pero, salvo que se construya un puerto de gran escala en Yolanda, Valparaíso sería puerto secundario. Urge, en consecuencia, definir la construcción de un gran puerto en Yolanda. Finalmente se requiere una estrategia de desarrollo de ciudad puerto efectiva, global y que incorpore al sector público y privados. Las señales son equívocas: mientras el alcalde celebraba la invalidación del Mall Barón, el intendente la lamentaba. La falta de mirada intersectorial y de largo plazo clama al cielo. ¿Cuánto tiempo más resistirá Valparaíso este estado “calamitoso” (Isaza)?

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 22 de enero de 2018

 

Tomado de:http://www.fundacionpiensa.cl/inicio/valparaiso-puerto-principal/

el presidente e las regiones

El presidente de las regiones

El pasado martes el presidente electo comenzaba formalmente a constituir su equipo de trabajo nombrando a los 23 Ministros de Estado. Con el pasar de las horas, distintas críticas fueron surgiendo, ya sea por las caras repetidas, por la subrepresentación de las mujeres o por la eventual polarización de algunas carteras. Sin embargo, hubo una línea no muy explorada en los análisis, relacionada con la verdadera representatividad territorial del gabinete.

Antes de sugerir cualquier cosa, no podemos desconocer la profunda conexión subnacional de algunos ministros. En esta línea, todos conocemos los lazos provinciales de Gonzalo Blumel, Baldo Prokurica, Isabel Plá, Antonio Walker o Robero Ampuero. Sin embargo, fue especialmente sugerente percatarnos de que la totalidad del gabinete haya sido formado en universidades de la capital. Si hiciéramos un ejercicio tan sencillo como burdo, sería bastante difícil imaginar un gabinete español donde todos los integrantes hayan sido formados en Madrid, o uno británico donde hayan sólo recibido formación londinense, o uno americano que prescinda de la educación de Boston o California. Y es que, si bien el hecho puede representar para muchos una insignificancia, creemos que le subyacen elementos culturales esenciales a la hora de entender el excesivo y particular centralismo de nuestro querido país.

Una posible explicación a la poca representación de universidades regionales en el futuro gabinete podría relacionarse con la creencia de que en provincias no existirían las mismas competencias que en la capital. ¿Será tan así? En una interesante entrevista sobre el efecto segregador de la PSU, un emblemático político sostenía hace algunos años que se negaba siquiera a considerar la posibilidad de que Dios hubiese repartido los dones desde Plaza Italia para arriba. Con esa misma ironía, podríamos negarnos siquiera a considerar que los talentos hayan sido repartidos sólo en la capital. Pero aun teniendo esto claro, alguno que otro podría contra argumentar sosteniendo que esos buenos “talentos provinciales” terminarían igualmente radicados en las prestigiosas universidades santiaguinas. Pese a que esta idea resulta algo más sensata, serían bastante curiosos los casos del presidente de la Corte Suprema (Haroldo Brito), del Contralor General de la República (Jorge Bermúdez), del Fiscal Nacional (Jorge Abbott) y del Defensor Nacional (Andrés Mahnke), todos con formación universitaria “provinciana”. Teniendo esto en consideración, la equitativa distribución de competencias y la decisión de quedarse en regiones no parecen ser precisamente los problemas.

Entonces, ¿por qué esa interesante representación regional en algunos poderes del Estado no ha logrado expandirse al ejecutivo?

Esta pregunta no es menor, pues lo más probable es que tenga raíces culturales que como sociedad debamos abarcar. Desde hace algunos años hemos podido percibir cierta incapacidad de las organizaciones políticas a la hora de hacerse cargo de entornos cambiantes. Las distintas realidades de nuestros territorios también entran en este juego. Esperemos que esto sea considerado por el presidente electo en la elección de las próximas autoridades nacionales, pues sería una linda manera de comenzar a hacer realidad su inicial promesa de ser el verdadero presidente de las regiones.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 28 de enero de 2018

 

Tomada de: http://www.fundacionpiensa.cl/inicio/presidente-las-regiones/

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