El transporte público

Ventajas del transporte público
Transporte público metropolitano
Derechos y deberes de los usuarios
Edita: FACUA Andalucía
El transporte público es un sistema integral de medios de transporte de uso generalizado, capaz de dar solución a las necesidades de desplazamientos de las personas.
El transporte público se basa fundamentalmente en criterios de solidaridad.
Hay que considerar que se vive en un mundo globalizado donde las necesidades de desplazamientos entre distintos territorios cada vez adquieren más importancia. Los lugares de producción se encuentran situados a grandes distancias de los puntos de consumo. Los ciudadanos residen en una localidad, trabajan o estudian en otra y los lugares de ocio y disfrute del tiempo libre pueden estar en otro lugar distinto. El autobús, el tren o el metro se presentan como medios de locomoción que facilitan el transporte alejado del estrés que genera el automóvil.
A la profesionalidad que normalmente envuelve estos servicios se suma la posibilidad real de desconexión de la carretera, desde el primer momento que el usuario hace uso de ellos, mediante una plácida lectura de un libro, proyección de películas, deleite del paisaje, conversación o descanso. Estos factores hacen que la demora e inversión del tiempo empleados para tomar estas líneas de transporte público, se vean fuertemente compensados por el tiempo útil empleado en otros menesteres que no se vuelquen expresamente en una atención y tensión constante hacia la carretera.
Al mismo tiempo, el autobús y el tren, además de fomentar una forma plácida y agradable de viajar, evitan en gran medida las retenciones, atascos y los posibles errores originados por un desconocimiento de la zona. El uso sistemático y masivo del vehículo privado colapsa las ciudades y las hace más sucias y más ruidosas. A los problemas de tráfico que atosigan las calles y deteriora los monumentos se une la progresiva carencia de espacios de aparcamiento para satisfacer la demanda de los usuarios de automóvil privado.
El uso del transporte público colectivo supone la alternativa más ecológica y solidaria para muchos de los desplazamientos que se hacen dentro del casco urbano. Tristemente las estadísticas dicen que hoy en día sólo usa el autobús quien no tiene alternativa.
Hay que contribuir a cambiar esa tendencia, ya que el uso del automóvil se hace cada vez más insostenible para el entorno. En la gran ciudad el automóvil debe ser la opción última cuando no exista una alternativa de desplazamiento más razonable y sostenible. Cada ciudadano debería conocer la línea que mejor se puede adecuar a sus necesidades de trabajo, estudios u ocio, y probarla; quizás pueda descubrir así que se puede ahorrar tiempo en atascos y en busca de aparcamiento, dinero en gasolina, aparcacoches ilegales, etc.
Es en este punto donde entra en juego la forma de desplazamiento, debiendo optar los ciudadanos entre, fundamentalmente, dos modelos: transporte público o privado.
Esta elección no es siempre libre y los ciudadanos se encuentran muchas veces condicionados por el influjo mediático del uso del vehículo privado como reconocimiento de un estatus social determinado, ya que por ejemplo son numerosos los anuncios en distintos medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, en los que se muestran los vehículos privados como instrumentos de libertad y de admiración social.
La decisión que se adopte influirá de manera determinante en distintos aspectos:
Económicos
Hay que diferenciar entre los costes económicos para el conjunto de la sociedad y los costes económicos para el usuario individual. Entre los primeros se puede determinar el alto coste energético con la consiguiente presión sobre el medio, los altísimos costes en infraestructuras, costes en campañas de tráfico, coste sanitario por el uso indiscriminado y descontrolado de los vehículos privados, accidentes de tráfico. Y entre los segundos, el precio cada vez más elevado de la gasolina, el valor de compra de los vehículos, el mantenimiento de uno o varios coches, etc.
Medioambientales
El transporte motorizado genera unas altas tasas de emisión de gases CO2 teniendo una alta responsabilidad en el cambio climático y los problemas que de él se derivan y que cada vez más sufren los ciudadanos. Además, las infraestructuras que necesitan generan una alta degradación ecológica dañando de manera importante la calidad de vida de las personas por la contaminación ambiental y acústica que generan, siendo ésto un elemento perjudicial en la salud de los ciudadanos.
Geoestratégicos
Esta forma de transporte es el destino de la mayor parte de los recursos de hidrocarburos, lo que supone problemas de dependencia de los países no productores respecto a los productores, creando en algunos casos problemas socio-políticos.
Humanos
Las emisiones contaminantes descritas anteriormente provocan en los seres humanos afecciones bronco-pulmonares, alergias, propensión al cáncer, estrés, sordera debido al ruido y otros problemas asociados a la falta de ejercicio que indirectamente pueden ser achacados al uso del vehículo privado.
Todo lo que rodea al transporte público reviste, por tanto, gran relevancia social. Pero hay otro extremo que puede alentar o desanimar al uso del transporte público, especialmente a quienes disponen de su propio coche y cuyos principales gastos (el seguro y las cuotas de pago del crédito) son fijos, al no depender del uso del vehículo. Se refiere, naturalmente, a los precios del autobús, del metro y del taxi. Se sabe que muchos clientes habituales estudian minuciosamente las tarifas y optan por la que más conviene a su tipo de uso, para que su economía doméstica se vea lo menos afectada posible por este necesario gasto logístico.
En una época de cada vez más limitadas materias primas, de recesión económica y ecosistema castigado por la sobrecontaminación y la emisión de CO2 es necesario intensificar el uso del transporte colectivo, mediante el mantenimiento y el incremento de estas redes de comunicación y nunca mediante su limitación. Concluyendo con la conveniencia del uso del transporte público, se puede decir que éste es el medio más económico, ecológico y solidario para el individuo y el conjunto de la sociedad.
Apoyo de la Administración
El principal problema para el desarrollo del transporte público es la falta de una apuesta decidida por este sistema de transporte por parte de las administraciones públicas. Hasta la fecha, la respuesta de las mismas ha sido la de aplicar políticas con una preocupante falta de perspectiva y visión de futuro que ayuda a la prevalencia del uso, y por lo tanto dependencia, del transporte privado anteponiendo la construcción de nuevas infraestructuras viarias de alta capacidad, sin evaluar el impacto territorial. De esta manera se impide el desarrollo del transporte público.
En lugar de esas macro infraestructuras, como autopistas o grandes aparcamientos, se deberían favorecer las actuaciones dirigidas al fomento del transporte público, como carriles bici, carriles exclusivos para transporte público, aparcamientos disuasorios, etc.
Entre todos hay que estimular a los poderes públicos para que hagan más inversiones en potenciar el transporte público, crear nuevas líneas, carriles exclusivos que lo hagan más ágil, vehículos menos ruidosos y contaminantes, accesibles para las personas con discapacidad y más cómodos para los usuarios en general. Pero ello sólo será posible si la demanda de los usuarios lo exige. Anteriormente, las autoridades creyeron e hicieron creer a los ciudadanos que el automóvil les resolvería cualquier problema de movilidad. En consecuencia, dejaron caer los transportes públicos y formularon la política de transportes como una carrera indefinida entre el crecimiento del tráfico y la ampliación del viario.
La posición de la Unión Europea se encuentra expresada en el nuevo Libro Blanco del Transporte, que fue publicado en septiembre de 2001 bajo el expresivo título de La política europea de transportes de cara al 2010: la hora de la verdad. En líneas generales, las estrategias de actuación del documento son: facilitar la desconexión del progreso social y económico respecto a la movilidad en los modos más agresivos y canalizar la movilidad, en la mayor proporción posible, hacia los modos alternativos de transporte.
Al tratarse de un servicio público, la Administración está obligada a velar para que los transportes colectivos sean prestados en condiciones de puntualidad, seguridad y comodidad necesarias y así dar cumplimiento al mandato constitucional referente a la obligación que tienen los poderes públicos de garantizar la defensa de los consumidores y usuarios, proteger con medidas eficaces la salud, seguridad e intereses económicos y promover su información y educación.
El transporte público de una ciudad habla mucho del nivel de calidad de vida que cada urbe ofrece a sus vecinos y visitantes. Y también dice bastante del compromiso que asumen las autoridades municipales con la mejora de la habitabilidad de su ciudad. Tampoco debe olvidarse que el transporte de titularidad pública refleja asimismo características demográficas, orográficas y sociales de cada ciudad.
Las administraciones públicas deben potenciar políticas de control en relación a la calidad de los servicios de transporte que se prestan, bien por empresas públicas o por empresas privadas, teniendo en cuenta la vigilancia de una regularidad y frecuencia suficientes en las líneas de los distintos tipos de transporte, así como el cumplimiento de los horarios y otras garantías de calidad en el servicio que reciben los usuarios. Esto es necesario si se quiere que los ciudadanos vean en el transporte público una solución eficaz a sus problemas de movilidad.
Otra carencia importante en las políticas públicas de transporte es la falta de planificación. Muchas veces se tiene la sensación de que las decisiones en esta materia se toman sobre la marcha y en virtud de intereses electoralistas, sin tener en cuenta el bien común del conjunto de la sociedad. Por ello es necesario que la definición de las actuaciones por parte de la Administración pública venga avalada por estudios y planes de trabajo que definan las carencias de los distintos territorios y las soluciones para dar respuesta a las necesidades de movilidad, respetando lo más posible la demanda de la población y el medioambiente.
Publicado en: http://www.facua.org/es/guia.php?Id=77
Ciudades amables con el ciclista… ¡un sueño posible!

En Chile, una de cada seis personas posee una bicicleta. Sin embargo, para muchos existe falta de motivación para usarla, lo que se produce por una serie de factores: falta de infraestructura, educación, hábitos, conciencia, visibilidad, entre otros.
Con el objetivo de ayudar a que las ciudades del mundo sean más amigables con las bicicletas y producir un cambio a nivel mundial, pasando desde una industria automotriz a una bicimotriz, surge Kappo Bike, una aplicación (app) que busca motivar a la gente a usar este medio de transporte.
Sustempo conversó con Iván Páez, fundador de la empresa, para conocer su opinión sobre esta aplicación y el futuro del uso de la bicicleta en nuestro país.
¿De qué manera quieren lograr que las personas usen más su bicicleta?
Para lograr este objetivo utilizamos técnicas de gamificación, una forma de enseñar a través de medios lúdicos, educándolos y prontamente entregándoles “Navegación Segura Inteligente”.
Además, hemos sintetizado una fórmula social que permita que cualquier ciudad del mundo sea más amigable con las bicicletas en menos de cinco años. La fórmula consiste en que si se incrementa el uso de la bicicleta, primero el automovilista está más consciente de que los ciclistas existen y empieza a tener mucho más cuidado cuando interactúa con ellos. Esto aumenta la sensación de seguridad, lo que atrae a más personas a usar la bicicleta que ya tienen como medio de transporte. Segundo, el gobierno está más dispuesto a invertir en infraestructura ciclista de calidad para hacerse cargo de esa demanda que va en aumento.
Este tipo de método permitió a Dinamarca convertirse en uno de los mejores países del mundo para andar en bicicleta. Además, hoy tenemos usuarios en 200 ciudades de 50 países de todo el mundo utilizando nuestra aplicación.
¿Las empresas privadas están interesadas en promover este tipo de transporte en sus trabajadores?
Ocurre que el 90% de los viajes que se realizan en cualquier ciudad son personas transportándose desde y hacia sus lugares de trabajo, por lo que si queremos cambiar la forma en que las urbes se movilizan el mundo privado tiene un rol fundamental.
Hemos identificado que las empresas, muchas veces, ven la bicicleta como un riesgo debido a la potencialidad de accidentes de trayecto. Es por ello que lo que les ofrecemos es una plataforma que les ayude a ver a la bicicleta no como un riesgo, sino como una inversión, llamada “Cool Place to Bike”. Consiste en que las empresas motiven a sus empleados a moverse en bicicleta hacia el trabajo. Esto se logra haciendo competir sanamente y reconociendo públicamente el esfuerzo de las compañías en ello.
Además, la empresa recibe mensualmente un reporte de impacto con métricas sobre los kilómetros que sus empleados registraron, traducido en CO2 no emitido al ambiente, litros de combustible que dejaron de consumirse, además de calorías quemadas traducidas en empanadas o mote con huesillos.
Las empresas incluyen este reporte en sus memorias anuales, como una muestra concreta y retorno sobre sus inversiones en Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y bienestar de los trabajadores.

¿En qué consiste el tema del flujo en ciudades?
Los ciclistas urbanos se comportan más parecidos a un peatón que a un automóvil. Esto significa que si la infraestructura no está bien diseñada buscarán una alternativa para moverse. Nosotros procesamos todos los viajes que se registran en la app y se le entregan, de forma anónima, a los gobiernos del mundo en forma de consolas de analítica. En ellas pueden ver cómo se mueven los ciclistas en tiempo real para ayudarlos a comprender flujos, patrones, preferencias y necesidades. Con esto buscamos que las inversiones se realicen en los puntos más óptimos de la ciudad, donde la gente los va a utilizar, lo que aumenta la sensación de seguridad y motiva a que más gente use la bicicleta que ya tiene.
¿Cuáles son los puntos más destacados de Kappo Bike?
Kappo alinea y potencia los esfuerzos que ya realizan, los tres actores de las ciudades: ciudadanos, gobiernos y empresas, con el objetivo de cambiar ciudades. Esto no es simple, el punto más destacado es que nos enfocamos en hacer que los productos sean muy simples para nuestros usuarios, pero detrás hay mucha inteligencia, ingeniería y psicología.
Usamos siempre las nuevas tecnologías y nuevos conceptos para lograr nuestro objetivo: tener un mundo más amigable con las bicicletas.
¿Han tenido apoyo de organizaciones privadas o públicas?
Corfo ha sido importantísimo en nuestro camino. También hemos recibido ayuda de ImagineLab, Microsoft, Premios Avonni e incluso del gobierno de Dinamarca, quienes son nuestros clientes en la actualidad.
¿Piensan incorporar más ciudades en Chile?
En Chile trabajamos con más ciudades aparte de Santiago. De hecho
tenemos un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Transportes,
por lo que nuestra misión es ayudar a que todo Chile se convierta en un
país promotor del uso de bicicleta.
¿Qué cosas están bien y qué cosas faltan para que en Chile se dé
un verdadero desarrollo ciclísta?
Chile va bien encaminado, se ha notado un cambio radical en los últimos
años en todos los niveles. Desde los ciudadanos que son los más motivados
y, a ojos de nosotros, los héroes de la ciudad, hasta los gobernantes que
están viendo la bicicleta como un medio de transporte válido y no como
algo recreacional de fin de semana. Ahora bien, faltan más empresas, y por ello estamos trabajando duro en esa área. Vemos que falta inversión en infraestructura y comodidades para que la gente vaya en bicicleta a su trabajo. Esto trae mucho retorno en las áreas de productividad, ausentismo laboral y compromiso con la empresa. Debemos seguir el ejemplo del Banco de Chile, quienes tienen el mejor estacionamiento de bicicletas de Sudamérica, algo increíble que solo he visto en empresas europeas y que ha logrado que muchos talentos prefieran trabajar allí y que sus trabajadores sean los más motivados.
¿Qué planes tienen para el futuro próximo?
Si bien llevamos solo tres años, estamos recién comenzando. Tenemos un plan súper ambicioso al 2020: estamos trabajando para mejorar nuestros productos, añadir funcionalidades 100% orientadas al ciclismo urbano, crear productos y categorías nuevas que nos posicionen como un actor relevante a nivel mundial y, por sobre todo, lograr nuestro objetivo: que más gente use su bicicleta y que nuestras ciudades se transformen en ciudades más humanas, tranquilas y con seguridad suficiente para este tipo de transporte.
Más información en www.kappo.bike
https://sustempo.com/ciudades-amables-ciclista-sueno-posible

Los hitos tras la aprobación del Mapocho Pedaleable como proyecto permanente


Por Constanza Martínez Gaete
El pasado 7 de junio el Consejo Regional Metropolitano aprobó un presupuesto por $6.500 millones para la construcción definitiva del Mapocho Pedaleable, el proyecto que busca habilitar un corredor en el lecho del río Mapocho para peatones, ciclistas y cualquier persona que se desplace en medios sustentables.
La votación recibió 22 votos a favor, 2 en contra y 4 abstenciones, por lo que fue calificada como un “día histórico para Santiago” por el equipo de Pedaleable, una de las organizaciones ciclistas que durante los últimos años ha trabajado en el impulso del proyecto junto al colectivo Muévete, el equipo del 5º Foro Mundial de la Bicicleta, HappyCiclistas, entre otras.
La idea nació el año 2011 de parte de los arquitectos Tomás Echiburú y Osvaldo Larraín como parte de una combinación de sus proyectos de título y tesis de magíster presentados en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile.
En esa época publicamos la columna “Mapocho Pedaleable; utilizar el espacio vacante”, escrita por Osvaldo, quien explicaba que siete kilómetros de la infraestructura de canalización del río se destinarían a un eje al que se podría acceder por plazas ubicadas en los parques para así poder transitar sin cruces ni semáforos.
Sin embargo, se hacía necesario demostrar que la idea era posible. Fue así como se coordinaron las primeras aperturas del lecho del río al público que aunque solo se realizaron de manera transitoria, fueron suficientes para primero cientos y luego miles de personas bajaran al río, y vieran este ícono urbano desde una nueva perspectiva.
La primera bajada al río se realizó en 2011 coordinada por Tomás y Osvaldo, con el apoyo de agrupaciones ciclistas, entre las que se encuentran Arriba e’ la chancha y Macleta, quienes lograron convocar a alrededor de 500 personas.
Esta experiencia dio paso a nuevas investigaciones sobre el Mapocho Pedaleable, por lo que los arquitectos comenzaron a trabajar con el Centro de Políticas Públicas UC con el objetivo de profundizar en la viabilidad técnica que desemboca en la proyección de la licitación de la Secretaría de Planificación de Transporte, SECTRA.
Posteriormente, el sábado 4 de mayo de 2013 se abrió la ribera como parte central del evento Yo Vivo Mapocho que por un día hizo posible que más de 4.000 habitantes de Santiago bajáramos a caminar o pedalear por 2,5 kilómetros. Esta apertura fue organizada por HappyCiclistas y contó con el patrocinio de las municipalidades de Santiago y Providencia.
Ese mismo año comienza el mencionado estudio de SECTRA y paralelamente, Tomás y Osvaldo, junto a un equipo de colaboradores integrado por Ignacio Abé, Daslav Bremer, Rebecca Emmons, Diego García, y Pablo Lara, presentan el proyecto al Tercer Concurso Internacional de Proyectos de Desarrollo Urbano e Inclusión Social del Banco de Desarrollo de América Latina que ganó el primer lugar. El fallo del jurado destacó lo siguiente sobre la idea:
“(…) El proyecto se inserta en un lugar precario de la ciudad de Santiago en Chile y aprovecha el potencial de una infraestructura concebida únicamente para resolver las crecidas del Río Mapocho tranformándolo en eje de movilidad como biciruta. De esta forma la ciudad goza de una nueva conexión intercomunal que permite una mayor integración social y física de diversos sectores de la ciudad (…)”.
En 2014 la experiencia se pudo repetir con el evento “Yo Vivo Mapocho: Ciudadano y Pedaleable” que atrajo a más de 5.000 personas. Esta vez la actividad fue coordinada por Pedaleable y Muévete, con la participación de los municipios de Providencia y Santiago, incluyendo a Recoleta e Independencia, el intendente Claudio Orrego y el actual Ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena.
Durante este año, por un lado se lleva a cabo esta actividad pública, y por otro, continúan los estudios a cargo de SECTRA y Pedaleable.
La cantidad de público más que suficiente para justificar que en 2015 se pudiera abrir por primera vez durante dos días seguidos y llegaran 30 mil personas. En esa oportunidad, los equipos de Plataforma Urbana y New Indie, realizamos el siguiente video.
En 2016, Santiago tuvo la oportunidad de ser la sede del 5º Foro Mundial de la Bicicleta con el objetivo de abrir un espacio para debatir y proponer en torno a la bicicleta, el sistema de movilidad y la apropiación de su entorno. Este evento ciudadano sirvió como una instancia para que Pedaleable organizara la apertura de la ribera por los seis días que duró, entre el 31 de marzo y el 5 de abril, que logró atraer a 60 mil personas.
Mientras el foro se realizaba, Pedaleable lanzó una campaña llamada “Recuperemos el río Mapocho, para peatones y ciclistas” para recolectar firmas y lograr el compromiso de las autoridades respecto al presupuesto del proyecto.
Tras esto, la plataforma organizadora del foro le entregó a la Presidenta Michelle Bachelet una propuesta para mejorar la movilidad sustentable en las ciudades chilenas, momento en que se anunció el compromiso de prioridad presidencial al Mapocho Pedaleable y su construcción, producto de las gestiones realizadas por Pedaleable, Muévete, el FMB5 y el Intendente Orrego.
La experiencia terminó por impulsar aún más la idea que el Mapocho Pedaleable se hiciera permanente. Fue así como en diciembre se inició el piloto “¡Activemos el río Mapocho!”, que hizo posible que la ribera estuviera habilitada por cuatro meses, y que contó con el financiamiento del GORE y la colaboración de la ONG Map8. Las mediciones que durante ese tiempo se realizaron arrojaron que cada día transitaron más de dos mil ciclistas.
Tras esto, el proyecto sigue avanzando en términos técnicos sobre la base de los estudios desarrollados por SECTRA y Pedaleable, pasando a ser cargo de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y la colaboración de SERVIU RM.
El financiamiento recién otorgado al proyecto proviene del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) y plantea que los trabajos empiecen el primer trimestre del 2018 y concluyan en diciembre del 2019.
En este sentido, los trabajos considerados incluyen pavimentar 5,4 kilómetros entre Suecia y el Parque de Los Reyes, construir cinco accesos al río y habilitar un parque inundable, según informó el Gobierno Regional.
El arte en las calles

Por Clemente Padín
Movilización estudiantil por el 6% del presupuesto para la educaciónPrimero la movilización, después el arte…!
La calle y los espacios urbanos imponen un nuevo sistema de relaciones que la galería y los museos hacen imposible: no sólo cambia el marco locativo sino, también, el comportamiento de los espectadores y la índole de las obras. La relación que propone la calle impone una revisión de los esquemas y planteos estéticos y sociales. El sólo hecho de salir a la calle es ya una crítica y un cuestionamiento de la función del arte aunque, como ocurre en muchas ocasiones, las propuestas suelen reproducir los hábitos de consumo pasivo del arte galerístico. No se trata, entonces, de "bajar a la calle" a colgar cuadros o a recitar textos como en las galerías o tertulias, llevando el "arte al pueblo" y dar fe del inconmovible compromiso social. Tampoco, sin duda, "rebelarse contra el sistema" banalizando formas entrañables de la iconografía urbana, sin cuestionarlas.

Cementerio popular en una plaza de Buenos Aires
De lo que se trataría es de interferir esas expresiones, sobre todo sus códigos, y ponerlas en situación de expresar los problemas actuales. No a la manera del sistema cultural vigente que manipula las expresiones simbólicas para perennizar sus estructuras en la sociedad, congelando la comunicación en torno a significaciones vacías: la cultura de "lo ya dado", del Museo, de la Biblioteca Pública, de la Sala de Conciertos, de los Institutos de Enseñanza Artística tanto públicos como privados, etc., ámbitos que el sistema se adjudica para asegurar la hegemonía de sus ideas; ámbitos, también, convertidos en templos consagrados a la sacralización y veneración fetichista de obras que representaron la conflictividad de sociedades del pasado, tal vez eficaces y operantes en su momento, pero no en los actuales.

Vigencia de los derechos de la mujer, México
Hoy día, esas mismas obras, con sus sentidos descontextualizados, son expuestos detrás de vitrinas o en pedestales inalcanzables, como si no hubieran sido el fruto del trabajo humano ni, tampoco, consecuencias de contradicciones que conmovieron a aquellas agrupaciones. Suponiendo que fueran neutras en sí mismas, como los lenguajes o la información, en manos del sistema se convierten, junto a otras instituciones más explícitas, en la cárcel sin rejas del presente, en donde palabras, sonidos, signos y formas son constreñidos a satisfacer las necesidades ideológicas del sistema para construir un mundo ideal, inmutable, en el que nada suceda.

Contra el femicidio, Buenos Aires
Frente a este panorama, reproducir los tópicos y los temas de los pasados sesenta o setenta, puede ser tan funesto como desentenderse de la segura distorsión que provocaría la simple transposición de ámbitos: no sólo puede aislar del presente a sus cultores sino que les puede hacer caer en la trampa de la ideología cultural de izquierda. Expresiones del tipo "el artista está al servicio de la comunidad" o "instaurar la cultura del hombre nuevo" u otras de parecido tenor, si bien motivadoras en su contexto histórico original, respondieron a una correlación entre la funcionalidad ideológica y la representación político - social de las fuerzas políticas de avanzada en aquellos lejanos días. Recaer en esas actitudes puede llevar al arte a cumplir un rol asistencial, acompasando directivas partidarias que, a veces, pueden ser opuestas a los verdaderos intereses populares al cual dicen representar. Por otra parte ¿quién atribuye el don de determinar y expresar las necesidades de la gente?


Aparición con vida, México
Frente a estas actitudes existen opciones no ovacionadas y que la crítica considera como sub-artísticas o, simplemente, indignas de ser consideradas como "arte", opciones que desmienten e interpelan la discursividad cultural entronizada. Obras que, a veces, desmienten el aserto de que los artistas son transmisores de la ideología del sector de la sociedad a la cual pertenecen. Obras que pueden reafirmar a la ideología como entidad organizadora del proceso comunicacional para el cual la obra puede ser, o no, un objeto. Obras que enfatizan su índole de productos de comunicación que permiten el "retorno", el feed back, el diálogo social. Obras en donde pesa más la funcionalidad y competencia para trasmitir mensajes que la mera esteticidad. Obras que permiten el traslado de información sin imposiciones ideológicas y sin el dictado de la crítica vectorizada que señala qué es arte y qué no lo es.
Acción de Regina José Galindo
En vano se intenta que el arte fuera un reflejo de la sociedad únicamente. La imposibilidad de reducir lo artístico de lo social es evidente aunque también es imposible operar en cada área de la sociedad por separado sin involucrar a las demás. Por ello, incluso, se hace difícil caracterizar cabalmente a la obra de arte en la calle, pudiendo ser, fácilmente, confundida con manifestaciones políticas o sociales. A veces son los propios actores sociales quienes modifican sobre la marcha las reglas o el proyecto del artista aunque, también, la propia índole de la actividad política o social puede asumir rasgos artísticos al constatarse la existencia de transferencias retóricas.

“El Abrazo”, Presente-Continuo, Argentina
Modalidades del arte en la calle |
De acuerdo a un temprano ensayo de Néstor García Canclini (1973), las actividades artísticas de esta modalidad pueden agruparse en cuatro áreas:
"1) las que procuran modificar la difusión del arte trasladando obras de exhibición habitual en museos, galerías y teatros a lugares abiertos, o a lugares cerrados cuya función normal no está relacionada con actividades artísticas; 2) las obras destinadas a la transformación del entorno, la señalización original del mismo o el diseño de nuevos ambientes; 3)la promoción de acciones no matrizadas, o de situaciones que - por su impacto o por las posibilidades de participación espontánea que ofrecen al público - inauguran formas de interacción entre autor y destinatario de la obra y/o nuevas posibilidades perceptivas; 4) el último modelo comparte con el anterior la producción de acciones dramáticas y de sensibilización no pautadas, pero busca actuar sobre la conciencia política de los participantes, y convertir las obras en ensayos o detonantes de un hecho político."

Intervención Diego Masi Uruguay
En relación al primer punto está claro que la simple transposición de las obras de un contexto a otro, es decir, de la galería o tertulia a la calle, no altera en nada su índole elitista y en todo reafirma la relación de dominio del artista sobre el espectador, es decir, la masificación del consumo sin poder justificar el desplazamiento y acondicionamiento de las obras a lugares abiertos porque los riesgos no condicen con el incremento de las operaciones en el mercado del arte, ni siquiera con algún hipotético aumento del saber social en torno a la pintura o al arte, puesto que, hoy día, la asistencia a museos y galerías depende de la promoción publicitaria.

La fábrica de Portland de Sayago, luego de la intervención
En el segundo punto se agrupan aquellas expresiones que intentan alterar lúdicamente los códigos habituales del entorno físico y social de la ciudad. Así, las obras que alteran el paisaje urbano poniendo el énfasis en la expresión mediante las estructuras sígnicas del medio; así, las realizaciones emparentadas con el arte ecológico que tiene que ver con la recuperación de ambientes deteriorados por la polución, haciendo hincapié en la salud de los ciudadanos y en la preservación de la naturaleza.

Campaña de Sensibilización, ENBA, Uruguay
En este punto son paradigmáticas las Campañas de Pintura Mural y las Campañas de Sensibilización Visual llevadas a cabo por los alumnos y docentes de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Uruguay, tanto en Montevideo como en otras ciudades, desde la década de los 60s, no sólo intentando una mayor difusión (incluyendo ventas populares de los productos manufacturados por la Escuela) sino, también, procurando hacer conocer a los grandes maestros del arte (pegando reproducciones de Picasso, Greco, Van Gogh, Léger, etc.)

“Tierra”, obra conceptual de Carlos Ginzburg, Argentina
El mismo espíritu anima a obras similares realizadas en aquel período. Así la "pintada en verde" de elementos arquitectónicos y del paisaje urbano en Córdoba, Argentina, en 1966, a cargo de Roberto Jacoby y Eduardo Costa; así, las coloraciones de vías de agua realizadas por Nicolás García Uriburu o las obras conceptualistas de Carlos Ginsburg cuando escribe la palabra "tierra" sobre tierra o cuando proyecta escribir "humo" con humo en los cielos de Buenos Aires, hacia 1969.

“La Grieta”, Grupo Escombros, La Plata, Argentina
Más reciente es la obra del Grupo Escombros de La Plata, Argentina, llamada Sutura, un corte en la tierra de 30 mts. de largo "cosido", cual si fuera una larga herida, con una gruesa soga, realizada en el proyecto Ciudad del Arte, en la propia La Plata,1989.En "La Estética de lo Roto", elaborada por sus integrantes Horacio D´Alessandro, Luis Pazos, Héctor Puppo y Juan Carlos Romero, se lee:
"Una plaza, una fábrica abandonada, una playa de estacionamiento, una esquina cualquiera, es nuestra galería de arte. Ocupamos todo espacio que la desidia, el capricho o el simple afán de destrucción, quitó a la ciudad para entregarlo a la nada. La ciudad es nuestra galería de arte."

“Siluetas”, Julio Flores, Argentina
El cuestionamiento del arte
La constatación de formas interactivas de producción y consumo, tal cual se señalan en el punto 3 de la clasificación de García Canclini, amerita precisar la función del arte en la sociedad.
El arte, ¿debe permitir la participación del espectador? O bien, ¿debe continuar siendo el sujeto pasivo destinado a la fruición estética únicamente? En caso de aceptarse la participación, ¿cómo debe orientarse? Aceptar esta modalidad del arte urbano, tal vez, implicaría aceptar la socialización de los mecanismos de producción y consumo de la obra, aunque, sin caer en dramatismos, puesto que la socialización no asegura ni la funcionalidad ni el nivel estético (exigible prioritariamente). Por una parte la obra no cambiará porque la haya creado un artista o un equipo multidisciplinario y, por la otra, el consumo pasivo y/o alienante no cambiará por el número de participantes.
Estas formas irregulares ("no - matrizadas" al decir de García Canclini) que provocan, a veces, situaciones irremediables no previstas por el autor, alteran las formas convencionales de relación, tanto de las gentes con su entorno físico, la ciudad, como con sus semejantes. Existe toda una gama de posibilidades de participación que van desde la mayor permisividad como, p.e., en el happening, al control absoluto de la obra, pasando por situaciones intermedias en las cuales los espectadores se ocupan de ciertas áreas de la creación, de acuerdo al proyecto del artista.

Happening de Marta Minujin en el Estadio Troccoli, Uruguay
Precisamente, una de las formas que más se avienen a ser realizadas en la calle son los happenings, en los cuales los límites entre la realidad y la ficción no existen y la categorización acción/representación desaparece en aras de la desarticulación de los referentes. Todo es imprevisto y predomina la libre asociación, tanto física como psíquica. La indeterminación del discurso existe en tanto se genera y se consume. Ese consumo inmediato y conspicuo y la dificultad por establecer sentidos provocó su agotamiento en tanto forma expresiva derivando en la performance.

“Usted es un monumento viviente”, Alberto Greco, Argentina
En la Argentina, un precursor de estas formas fue Alberto Greco quien, a comienzos de la década de los 60s. realizaba señalamientos artísticos en plena calle (p.e., encerraba a los transeúntes dentro de círculos y les declaraba "esculturas vivientes"). Así, desaparecían las diferencias entre las artes, operada por el espíritu iconoclasta de Greco y, también, por el marco de referencias que imponía la calle, en tanto soporte.

“La Caja del Cachicamo”, Diego Barboza, Venezuela
Similares a éstos son las obras en la calle del venezolano Diego Barboza aunque pone un mayor énfasis en lo popular y lo folklórico. Barboza se suma a la tradición simbólica de su pueblo dándole, apenas, un carácter más sistemático a las formas de expresión popular en sus obras. Así, en Cachicamo (expresión popular para llamar al armadillo o tatú, animalillo campestre), la gente se refugia y juega bajo una larguísima tela que oficia de caparazón de cachicamo.

Edgardo Antonio Vigo y sus señalamientos, Argentina
Para Edgardo Antonio Vigo, el arte debe exigir la participación creativa de los espectadores, proponiendo, incluso, cambiar el nombre a los otrora consumidores pasivos de arte por el de "creador" para destacar su integración tanto como autor como consumidor (Vigo,1971). Su propuesta es sustituir las imágenes "alienantes" por el "señalamiento" visual que permitiría al "consumidor creativo" decidir su experiencia artística de acuerdo a "claves mínimas" que el "proyectista - programador" sugiera. Su primer señalamiento data de 1968 y se realizó en La Plata, Argentina, junto a un semáforo en un cruce de avenidas: Manojo de Semáforos e intenta la recuperación de significaciones perdidas por el uso y la habituación social.

¿Arte, movilización social, acto político, fiesta popular? Argentina
Como se ve, el estrecho margen que separaría a la obra de arte del evento político o el acontecimiento social obstaculiza la comprensión del proceso. De hecho, para los que piensan que las estructuras que compactan a cualquier agrupamiento, son indisolubles e interinfluyentes, esta discusión no se plantea, puesto que el arte en tanto expresión simbólica de la sociedad no puede dejar de remitir a su realidad, tanto social como económica, tanto política como institucional, etc.
Uno de los criterios, válido, para precisar una actividad de otra, sería observar en dónde recae la determinación del lenguaje artístico empleado, es decir, cuál es la función del lenguaje que predomina sobre los demás. Si predomina la función poética (al decir de Jakobson) o la función retórica (como prefiere el Grupo M de Lieja) es arte. En caso contrario, aunque se constaten metonimias y/o metáforas, los textos pudieran corresponder a actividades políticas y/o sociales. A veces, la discusión se plantea cuando los manipuladores de opinión pretenden valerse ideológicamente de estas formas de conciencia social privilegiando contenidos tendenciosos, diluidos en formas de expresión conocidas y aceptadas por el establisment.
El arte como denuncia y sensibilización

“Huelga de Arte”, Festival Arte en la Calle, Uruguay
Por una parte, el arte, haciendo que la injerencia y participación del espectador fuera crucial en la expresión artística final, generando hábitos de acción social sostenidos. Por la otra, a nivel de contenido, proyectando y realizando obras tendientes a crear conciencia sobre temas puntuales. También, se supone, el artista concurre, en estos ámbitos, con su arte, a luchar por los postulados político - sociales que, en su concepto, expresen sus aspiraciones. Por la otra vía, se piensa, el artista debe participar desde su obra, implícitamente, en aquellos proyectos siendo, el arte, un instrumento más (un arma más) para el logro de sus propósitos políticos. Para éstos, la obra integraría en sí esos mismos propósitos, aunque privilegiando la expresión artística.

“La Realidad Subterránea”, de Pazos, Lonetti y Lafarriére, Argentina
Quedaría por precisar quién establecería el correcto punto de vista frente al cual se articulará el arte. Ciertamente no faltarán entidades o individuos que quieran establecer esas directivas y que puedan ser expresión genuina y valedera de esas urgencias sociales pero, ¿quién asegurará su adecuación con la realidad? Estas discusiones no han impedido al artista expresar y denunciar la realidad aterradora en la que viven. Y, ciertamente, lo han realizado no sólo usando lenguajes perimidos y formas abrumadas por la tradición y el pasado, sino, además, inaugurando nuevas formas de expresión artísticas acordes con nuestra época, aunando tanto la participación creadora de los espectadores como la generación de formas de conciencia social en torno a los temas denunciados. También, en muchas de esas obras, se dio, casi naturalmente, la unidad entre las formas de expresión empleadas y el contenido final, sin el habitual aire de artificiosidad o hibridez que este tipo de propuestas suelen tener por inadecuación entre forma y contenido.
Así, p.e., algunas de las obras realizadas en la exposición al aire libre organizada por el Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires, en la Plaza Roberto Arlt, en 1972, en pleno auge del conceptualismo rioplatense. Por ese camino, la obra de Luis Pazos, Leonettti y Lafarriére, La Realidad Subterránea, aprovechando unos pozos ya existentes en la Plaza, denuncia el asesinato de presos políticos acaecido, poco tiempo antes, en la cárcel de Trelew.

“El Luto”, Horacio Zabala, Argentina
También, la obra de Horacio Zabala quien enlutó la Plaza con una cinta negra, convocando la memoria de los caídos en la lucha con la dictadura.
Otra forma que demostró su eficacia en la denuncia y la sensibilización popular en torno a la defensa de los derechos humanos conculcados, fue la performance. Surgida desde el momento en que se privilegió el "instante creativo" por encima del producto final, la performance hace del artista el verdadero instrumento del arte. Si en el happening los sentidos se disparan en todas direcciones, en la performance el significado suele precisarse indubitablemente. Lo que realmente varía no es el inabarcable o estricto programa de ambas formas sino la respuesta del espectador. Lo que, por un lado, es terapia y anarquía, por el otro, es rotundez estética y representacional. La participación cobra, por esta excepcionalidad, mayor dimensión y profundidad, siendo, por lo tanto, un instrumento idóneo para la trasmisión de información, siempre que opte por la comunicación, pues la performance, como cualquier otro medio de expresión, puede ser absolutamente indeterminada y confusa, jugada a sí misma.

La acción o performance como movilización, Uruguay
Así, Por la Vida y por la Paz de Clemente Padín, realizada en 1987 en las calles de Montevideo se sumó a los varios eventos de todo tipo que se organizaron para lograr las firmas necesarias para convocar un plebiscito popular que derogara la Ley de Caducidad para los delitos de lesa humanidad cometidos por militares y civiles de la pasada dictadura que asoló al Uruguay. En la performance se presenta el tema de los desaparecidos políticos y se apela al compromiso de los espectadores obligados a aceptar o no, simbólicamente, la realidad de la brutal y feroz represión, a través de un trozo de papel que representaba a aquéllos.

Juan Loyola, “FMI: Andá a la Puta Madre que te Parió”, Venezuela
Una performance paradigmática fue la realizada por el artista venezolano Juan Loyola, en las rampas de entrada del edificio de la 18a. Bienal de San Pablo, Brasil, en 1985, llamada “Fondo Monetario Internacional, Andá a la Puta Madre que te Parió”. Allí, "un mar de tinta roja" inundó las vías de entrada a la Bienal en el día de su apertura y Loyola y sus ayudantes y, también, algunos ocasionales visitantes a la Bienal, cayeron, rodaron, se pusieron de pié y volvieron a caer. etc., en una clara referencia a los "baños de sangre" que se venían llevando a cabo en Venezuela y otros países con motivo de las represiones populares y las durísimas restricciones al consumo que provocaba el compulsivo pago de la deuda externa y sus intereses.
Arte revolucionario y búsqueda formal
Se puede hablar de arte revolucionario bajo dos puntos de vista. Por un lado, los cambios radicales que una obra puede proponer a partir de su inmanencia, es decir, en cualquiera de sus instancias: creación, difusión, consumo, soporte, códigos empleados, etc. Como es sabido, los contenidos tienen un carácter histórico y "están" en el seno de la vida social. Lo que concreta el cambio o la evolución reside en la forma de expresión de aquellos contenidos, sobre todo cuando se adecuan. Por otra parte se habla de arte revolucionario cuando éste se pone al servicio de la "revolución". Al llegar a este punto se trataría de precisar qué es lo revolucionario y bajo qué punto de vista se encara (social, artístico, político, etc.). Como, sin duda, esta connotación dependerá de quien se exprese o imponga la "tendencia", la discusión correrá los avatares propios de la lucha ideológica. Tal vez examinando la estructura de la obra de arte bajo un punto de vista material (funcional) sea posible arribar a alguna conclusión. Por este camino citamos a Alvaro de Sá (1977):

“Aire”, Venezuela, la lucha por el medio ambiente…
"Producción y comunicación pasaron a integrarse dialécticamente y, esta última, también actividad productiva, se incorporó íntimamente a la vida de las sociedades, tornándose en uno de sus principales aspectos. En cuanto actividad de relación, la comunicación refleja el carácter de las relaciones de producción, los antagonismos sociales resultantes y las contradicciones que estas relaciones de producción presentan con las fuerzas productivas. Es, entonces, en este nivel, y sólo en él, que la comunicación asume el carácter de ideología".
Es decir, en tanto producto de comunicación, eficaz para la transmisión de sus contenidos (no importa cuáles), la obra de arte debe valerse de los medios más competentes para su función relevante: la comunicación de información, nueva o ya establecida en los repertorios del saber social. En tanto "auxilio" de aquella producción, no puede dejar de expresar todo aquello que rodea la operación creadora: los medios, la situación del artista, las formas de difusión, la sociedad en la que se crea, sus relaciones con las demás áreas de la sociedad, incluyendo el poder, etc.
Ninguna obra puede dejar de expresar su época y el lugar en donde fue realizada aunque su contenido parezca desmentirlo. También puede establecerse el doble discurso cuando la forma y el contenido se contradicen, llegando, incluso a la situación en que ocurran paradojas del tipo de contenidos explícitamente revolucionarios expresados en formas perimidas, lo que, formalmente, los desmienten o viceversa.
Otro criterio para determinar el carácter revolucionario de una obra de arte es el expuesto por Walter Benjamin (1973), para quien el arte de avanzada o revolucionario es aquel que impulsa a las fuerzas productivas. Sobre todo, a los modos y formas de producción más eficaces en relación a las del pasado. No acompasar ni menos oponerse, sino ayudar a desarrollar, en todas las formas posibles, tanto los instrumentos de producción como las formas sociales que permitan un mejor aprovechamiento de las capacidades humanas. Y esto significa, bajo el punto de vista del artista, impulsar los nuevos medios de comunicación a través de su ejercicio y experimentación creativa no sólo de los nuevos materiales o soportes sino, también, de las nuevas formas de interrelación humana. No se apologiza la actitud supuestamente objetiva o prescindente del arte o del artista frente a la realidad social. Como ya se observó tal objetividad es imposible, aunque el ancho abanico de posibilidades intermedias entre ambos polos amerita todo tipo de actitudes.
Por este camino se examinarán tres experiencias que, de acuerdo a la clasificación de García Canclini "(...) busca(n) actuar sobre la conciencia política de los participantes, y convertir las obras en ensayos o detonantes de un hecho político."

“Tucumán Arde”, nace el conceptualismo latinoamericano, Argentina
La acción estético - política realizada en 1968 por un grupo de artistas argentinos, conocida como Tucumán Arde, quienes, tratando de encontrar los caminos hacia un arte volcado al logro de mejoras para los sectores más desposeídos de la sociedad argentina, en tanto iban conformando la fuerza social para el cambio de estructuras, se abocaron a desmitificar la acción del gobierno militar. Eligen, para tal propósito, la situación totalmente angustiosa de los trabajadores agrícolas de la norteña Provincia de Tucumán, explotados por las refinerías de azúcar que, en connivencia con el gobierno, habían lanzado la "Operación Tucumán" con el inconfesado propósito de liquidar los sindicatos tucumanos que impedían una explotación mayor. Frente a este panorama, el grupo urde su táctica artística, creando un circuito sobreinformacional. Primero llamó a una conferencia de prensa en donde informó falsamente acerca de las actividades del grupo al mismo tiempo que artistas y técnicos viajaron a Tucumán para recoger en directo testimonios de la miserable vida que padecía el pueblo de aquella región. La parasitación de los medios de comunicación masiva terminó con una segunda conferencia de prensa en donde el grupo puso en claro sus propósitos: la denuncia pública y masiva de un sistema de producción obsoleto basado en la explotación y el hambre de los trabajadores agrícolas tucumanos.
Aprovechando el aire inocente de una "1er. Bienal de Arte de Vanguardia" (nunca realizada), pegatinearon, en las calles y lugares públicos, obleas con la palabra Tucumán, a la cual, más tarde, agregaron la palabra Arde e inauguraron, en Rosario, Santa Fe y en Buenos Aires, una exposición con todo el material recogido en aquella Provincia: filmes, fotos, documentos, grabaciones, estadísticas, propaganda gráfica de los sindicatos azucareros, audiovisuales, etc. Al día siguiente hubieron de levantar la exposición apercibidos por el poder militar. Entre muchos otros artistas participaron Juan Pablo Renzi, Graciela Carnevale, León Ferrari, Roberto Jacoby, Rubén Naranjo, Jaime Rippa, etc. La acción se completó con la compilación, análisis y publicación de los documentos y la fundamentación teórica de la propuesta artística, de la cual se extracta:
"Nosotros queremos restituir las palabras, las acciones dramáticas, las imágenes en donde puedan cumplir un rol revolucionario, donde sean útiles, donde se puedan convertir en armas para la lucha. Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que niega este modo de vida y dice: hagamos algo para cambiarle."

“Bicicleta a la China”, movilización-arte de CAPATACO, Argentina
La siguiente experiencia tiene que ver con la solidaridad internacional en relación a los trágicos sucesos ocurridos en el contexto de una movilización popular por la vigencia de los derechos humanos en la Plaza Tienanmen, en China. El 14 de Julio de 1989, en Buenos Aires, decenas de ciclistas se desplazaron por diversos barrios y enclaves céntricos de la ciudad con detenciones en lugares de gran concentración pública en donde realizaron actuaciones de diverso tipo: pantomimas, danzas, esculturas vivientes, etc., para atraer la atención de la gente e informar sobre la represión que sufrieron los estudiantes chinos. La obra, cuyo instrumento expresivo fue la bicicleta, medio de transporte usual en China, fue catalogada de "Ready - Made Social" por sus autores, Fernando Bedoya y Emei, junto a la asistencia del grupo Capataco y otras instituciones. También fue definida como "(...) la apropiación de la calle como soporte del arte y el juego como elemento de transformación de dogmas." (1989)
La obra denominada Bicicletas a la China se propuso, explícitamente, superar desde el discurso cultural el divorcio con lo político. Las escenas plásticas, llamadas "esculturas heroicas", que se realizaron con las bicicletas fueron el modo operativo para connotar lo "chino" y la protesta de los jóvenes estudiantes, en un esfuerzo por superar la mera representatividad que suele ocultar los hechos y la realidad (porque los sustituye) bajo un manto de signos banalizados e inoperantes, tratando de establecer las bases de un lenguaje de la acción.

“Gente en Obra, Artistas por la Paz”, contra la guerra a Irak, Montevideo
Por último se detalla la acción colectiva realizada por el Grupo de Artistas Plásticos Uruguayos en relación a la Guerra del Golfo Pérsico dirimida entre los Estados Unidos de Norteamérica, con el aval de las Naciones Unidas. La acción se realizó el 15 de febrero de 1991 frente al Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno uruguayo y consistió en una "acostada " en la céntrica Avenida 18 de Julio de Montevideo, con detención del tránsito y una "tapada con diarios", en tanto se oían sirenas y se desplegaba un cartel en donde se leía: Gente en Obra: Artistas por la Paz.

La guerra como un juego electrónico…
La demostración tuvo varias facetas: se realizó para denunciar la violencia que se ejerce para resolver los problemas políticos y sociales, tanto internos como externos y, además, de cara a la frivolidad y falta de sensibilidad de los medios de comunicación masivos, para los cuales no existieron bajas ni muertos y todo el exhaustivo despliegue de la maquinaria de guerra de última generación reducido a las apariencias de un juego electrónico. Y, también, frente a la ceguera y negación de la realidad de los gobiernos, para los cuales no existió una situación beligerante, es decir, no hubo guerra aunque murieran cientos de miles de personas, entre civiles y soldados, casi todos de nacionalidad iraquí. Los artistas no sólo hicieron "reales "a las infaustas víctimas sino, también, denunciaron su inocencia y la inutilidad de esas muertes "sin nombres", ocurridas en beneficio de unas pocas transnacionales del petróleo y del prestigio de algún político asociado a ellas.
El arte y la calle
La calle, por sus características y por su índole de centro de la vida social, se desentiende de lo que es arte y de que no lo es, al contrario de las galerías y museos que imponen su lógica de consumo, es decir, todo lo que se expone en ellos es arte o asume ese carácter (si no lo es).En cambio la calle enfatiza la relación comunicacional, permitiendo que el arte despliegue toda su funcionalidad, su razón de producto de comunicación y no de mera mercancía sujeta a la leyes del mercado y del lucro comercial.
También, la calle al desgajar al arte del conjunto de los mecanismos o aparatos de contralor del Estado aplicados a cohonestar o legitimar su existencia, le devuelve, a aquél, la función que tuvo desde el momento en que el hombre tuvo acceso a sus facultades simbólicas y a la comunicación. La calle, además, al desarticular las oposiciones del tipo bueno/malo, lindo/feo, objetivo/subjetivo, etc., hace posible la libre opción del espectador al permitirle elegir el sentido o los significados que la obra le presenta, de acuerdo a su repertorio de conocimientos y experiencias personales, sin autoritarismos, ni imposiciones ideológicas.
Sin embargo, las situaciones no son tan ideales como las descriptas ni tan reales y determinadas que basten algunos algoritmos de acción artística para, finalmente, lograr la pretendida unidad arte/sociedad. Tan sólo se puede afirmar, provisoriamente, que la calle y los espacios urbanos, favorecen esa esquiva relación, porque, al no desgajar ni aislar al arte de sus productores/consumidores (es decir, la sociedad en su totalidad), mantienen incólume la trama de sus relaciones interpersonales y, sobre todo la comunicación.
Tal vez, pareciera un mecanicismo torpe afirmar que la galería o el museo, al romper aquella relación, fruto de la funcionalidad del arte, descalifiquen absolutamente a la obra. En verdad, no impiden el proceso comunicacional, sólo trasladan la determinación y la desvían hacia su función auxiliar, intrínseca, de trasmisora involuntaria de ideología, para neutralizarla y ponerla a su servicio. Los sectores sociales preponderantes en la sociedad, dueños de las galerías y administradoras de los museos, se adueñan de toda la producción simbólica de la sociedad (aún aquella que los cuestionan) y la descontextualizan en esos ámbitos exclusivos. Allí, las obras no sólo significan lo que en ellas quiso expresar o sugerir el artista sino, también, connotan el poder de sus actuales custodios.
Allí nace la descalificación o el silenciamiento de todo el arte que se realice en la calle (salvo aquel que reitere los vicios del consumo del arte en Galerías y Museos). En la calle el arte no afianza ni legitima el poder vigente ni confirma ninguna acción político - social que se emprenda en nombre de aquella pertenencia, fruto del omnívoro poder económico.
El estrecho margen que separaría a la obra de arte del evento político o el acontecimiento social obstaculiza la comprensión del proceso. De hecho, para los que piensan que las estructuras que compactan a cualquier agrupamiento, son indisolubles e interinfluyentes, esta discusión no se plantea, puesto que el arte, en tanto expresión simbólica de la sociedad, no puede dejar de remitir a su realidad, tanto social como económica, tanto política como institucional, etc. En cambio, para los puristas que sostienen la autonomía total del arte en relación a la realidad, estas formas no merecen ser llamadas "artísticas".
Uno de los criterios válido para precisar una actividad de otra, sería observar en dónde recae la determinación del lenguaje artístico empleado, es decir, cuál es la función del lenguaje que predomina sobre los demás. Si predomina la función poética (al decir de Jakobson) o la función retórica (como prefiere el Grupo M de Lieja) es arte. En caso contrario, cuando predominen otras funciones y se constaten figuras retóricas, los textos pudieran corresponder tanto a actividades políticas como sociales, religiosas como festivas. A veces, la discusión se plantea cuando los manipuladores de opinión pretenden valerse ideológicamente de estas formas de conciencia social privilegiando contenidos tendenciosos, diluidos en formas de expresión conocidas y aceptadas por el establisment como suelen practicar los medios.
El sistema de sociedad del capitalismo tardío no necesita de la coacción directa de la fuerza o el terrorismo de Estado para mantener su dominio. El análisis crítico de estas sociedades realizado por Herbert Marcuse subraya que entre los fundamentos de las democracias burguesas representativas figura el de saber soportar y recuperar las opiniones discrepantes y las desviaciones culturales hasta un grado moderado de radicalidad. La crítica puede contribuir, en estas condiciones, a mantener una ficción liberal de diversidad plural, que no deja ver las estructuras institucionales jerárquicas y económicas desiguales. Por ello el arte en la calle no suele formular posiciones propias, sino que critica las reglas de juego aparentemente evidentes, normales y naturales, que determinan lo que está permitido y lo que no. Está claro: el sistema sabe cómo absorber estos cuestionamientos. En la actualidad su fuerza se basa más en la integración de las propuestas disidentes que en su represión. Esta capacidad de adaptación, sin embargo, también significa que los artistas en la calle sólo pueden funcionar si se cuestionan continuamente y analizan las condiciones sociales de cada momento para encontrar siempre nuevas posibilidades de intervención.
De allí, también, el falso concepto de legitimización social a través de la aceptación de las instituciones rectoras del arte, el museo, la crítica y el mercado. Agréguesele a ello la confusión ideológica acerca de la "definición" del arte: el arte como agitación subversiva o el arte como expresión simbólica de la sociedad. Es decir, el arte en la calle como disrupción, como rechazo a formas de vida indeseadas que nos impone el sistema vigente o el arte en la calle como expresión alegórica de la vida social. Entre ambos polos, lo social y lo artístico, corre toda una serie de actitudes intermedias cuyos matices irán marcando el perfil de las obras de cada grupo y de cada artista.
La calle va más lejos. No sólo cuestiona el arte sino que, también, discute la cultura y los fundamentos, al parecer inconmovibles, que la sustentan. Claro está que entendiendo "calle" como derivación metonímica de "vida social". Es en ella, realmente, en donde los cuestionamientos artísticos pueden superar sus límites simbólicos y acceder a los cambios radicales no sólo a nivel de la representación sino a nivel de la realidad misma.
Bibliografía consultada
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Ponencia leída en el ENCUENTRO DE ARTE, POLÍTICA y COMUNICACIÓN
21 y 22 de Agosto de 2017. Facultad de Información y Comunicación (FIC-UdelaR). Organizó: Red Interuniversitaria Arte, Política y Comunicación (Universidad Nacional de General Sarmiento, Universidad Nacional de Rosario, Universidad de la República).
Auspició: Instituto de Comunicación – FIC. Apoyó: Instituto de Antropología – FHCE, Grupo CreA* - FIC, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (IENBA).
Clemente Padín, oriundo de Lascano, Rocha, Uruguay (1939). Poeta experimental, artista y diseñador gráfico, artecorreísta, performer, curador, videísta y networker. Licenciado en Letras en la Universidad de la República Oriental del Uruguay, dirigió las revistas Los Huevos del Plata, OVUM 10 (1965-1975) entre otras. Fue invitado a la XVI Bienal de San Pablo (1981) y a las Bienales de La Habana (1984 y 2000), Cuenca, Ecuador (2002) y la 2da. Bienal de Arte en Tesalónica, Grecia, (2009). Becado por la Academia de Artes y Letras de Alemania (1984), ha dictado seminarios sobre poesía experimental, performance y arte correo en todo el mundo. Fue docente en el IUNA de la URBA, Buenos Aires, Argentina, en el posgrado “Lenguajes Artísticos Combinados”. Ha sido distinguido con el Premio PEDRO FIGARI a la trayectoria artística, Uruguay, 2005. Fue curador del Festival de Arte en la Calle, Montevideo, 1990 y Concentrado Acción (2007). Su archivo se encuentra en el Archivo General de la UDELAR, Montevideo, Uruguay a disposición de investigadores y estudiantes. Fue distinguido con el Premio 400 AÑOS de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2015.
Escáner Cultural nº: 201Movilización estudiantil por el 6% del presupuesto para la educaciónPrimero la movilización, después el arte…! La calle y los espacios urbanos imponen un nuevo sistema de relaciones que la galería y los museos hacen imposible: no sólo cambia el marco locativo sino, también, el comportamiento de los espectadores y la índole de las obras. La relación que propone la calle impone una revisión de los esquemas y planteos estéticos y sociales. El sólo hecho de salir a la calle es ya una crítica y un cuestionamiento de la función del arte aunque, como ocurre en muchas ocasiones, las propuestas suelen reproducir los hábitos de consumo pasivo del arte galerístico. No se trata, entonces, de "bajar a la calle" a colgar cuadros o a recitar textos como en las galerías o tertulias, llevando el "arte al pueblo" y dar fe del inconmovible compromiso social. Tampoco, sin duda, "rebelarse contra el sistema" banalizando formas entrañables de la iconografía urbana, sin cuestionarlas. Cementerio popular en una plaza de Buenos Aires De lo que se trataría es de interferir esas expresiones, sobre todo sus códigos, y ponerlas en situación de expresar los problemas actuales. No a la manera del sistema cultural vigente que manipula las expresiones simbólicas para perennizar sus estructuras en la sociedad, congelando la comunicación en torno a significaciones vacías: la cultura de "lo ya dado", del Museo, de la Biblioteca Pública, de la Sala de Conciertos, de los Institutos de Enseñanza Artística tanto públicos como privados, etc., ámbitos que el sistema se adjudica para asegurar la hegemonía de sus ideas; ámbitos, también, convertidos en templos consagrados a la sacralización y veneración fetichista de obras que representaron la conflictividad de sociedades del pasado, tal vez eficaces y operantes en su momento, pero no en los actuales. Vigencia de los derechos de la mujer, México Hoy día, esas mismas obras, con sus sentidos descontextualizados, son expuestos detrás de vitrinas o en pedestales inalcanzables, como si no hubieran sido el fruto del trabajo humano ni, tampoco, consecuencias de contradicciones que conmovieron a aquellas agrupaciones. Suponiendo que fueran neutras en sí mismas, como los lenguajes o la información, en manos del sistema se convierten, junto a otras instituciones más explícitas, en la cárcel sin rejas del presente, en donde palabras, sonidos, signos y formas son constreñidos a satisfacer las necesidades ideológicas del sistema para constru
ir un mundo ideal, inmutable, en el que nada suceda. Contra el femicidio, Buenos Aires Frente a este panorama, reproducir los tópicos y los temas de los pasados sesenta o setenta, puede ser tan funesto como desentenderse de la segura distorsión que provocaría la simple transposición de ámbitos: no sólo puede aislar del presente a sus cultores sino que les puede hacer caer en la trampa de la ideología cultural de izquierda. Expresiones del tipo "el artista está al servicio de la comunidad" o "instaurar la cultura del hombre nuevo" u otras de parecido tenor, si bien motivadoras en su contexto histórico original, respondieron a una correlación entre la funcionalidad ideológica y la representación político - social de las fuerzas políticas de avanzada en aquellos lejanos días. Recaer en esas actitudes puede llevar al arte a cumplir un rol asistencial, acompasando directivas partidarias que, a veces, pueden ser opuestas a los verdaderos intereses populares al cual dicen representar. Por otra parte ¿quién atribuye el don de determinar y expresar las necesidades de la gente? Aparición con vida, México Frente a estas actitudes existen opciones no ovacionadas y que la crítica considera como sub-artísticas o, simplemente, indignas de ser consideradas como "arte", opciones que desmienten e interpelan la discursividad cultural entronizada. Obras que, a veces, desmienten el aserto de que los artistas son transmisores de la ideología del sector de la sociedad a la cual pertenecen. Obras que pueden reafirmar a la ideología como entidad organizadora del proceso comunicacional para el cual la obra puede ser, o no, un objeto. Obras que enfatizan su índole de productos de comunicación que permiten el "retorno", el feed back, el diálogo social. Obras en donde pesa más la funcionalidad y competencia para trasmitir mensajes que la mera esteticidad. Obras que permiten el traslado de información sin imposiciones ideológicas y sin el dictado de la crítica vectorizada que señala qué es arte y qué no lo es. Acción de Regina José Galindo En vano se intenta que el arte fuera un reflejo de la sociedad únicamente. La imposibilidad de reducir lo artístico de lo social es evidente aunque también es imposible operar en cada área de la sociedad por separado sin involucrar a las demás. Por ello, incluso, se hace difícil caracterizar cabalmente a la obra de arte en la calle, pudiendo ser, fácilmente, confundida con manifestaciones políticas o sociales. A veces son los propios actores sociales quienes modifican sobre la marcha las reglas o el proyecto del artista aunque, también, la propia índole de la actividad política o social puede asumir rasgos artísticos al constatarse la existencia de transferencias retóricas. “El Abrazo”, Presente-Continuo, Argentina Modalidades del arte en la calle De acuerdo a un temprano ensayo de Néstor García Canclini (1973), las actividades artísticas de esta modalidad pueden agruparse en cuatro áreas: "1) las que procuran modificar la difusión del arte trasladando obras de exhibición habitual en museos, galerías y teatros a lugares abiertos, o a lugares cerrados cuya función normal no está relacionada con actividades artísticas; 2) las obras destinadas a la transformación del entorno, la señalización original del mismo o el diseño de nuevos ambientes; 3)la promoción de acciones no matrizadas, o de situaciones que - por su impacto o por las posibilidades de participación espontánea que ofrecen al público - inauguran formas de interacción entre autor y destinatario de la obra y/o nuevas posibilidades perceptivas; 4) el último modelo comparte con el anterior la producción de acciones dramáticas y de sensibilización no pautadas, pero busca actuar sobre la conciencia política de los participantes, y convertir las obras en ensayos o detonantes de un hecho político." Intervención Diego Masi Uruguay En relación al primer punto está claro que la simple transposición de las obras de un contexto a otro, es decir, de la galería o tertulia a la calle, no altera en nada su índole elitista y en todo reafirma la relación de dominio del artista sobre el espectador, es decir, la masificación del consumo sin poder justificar el desplazamiento y acondicionamiento de las obras a lugares abiertos porque los riesgos no condicen con el incremento de las operaciones en el mercado del arte, ni siquiera con algún hipotético aumento del saber social en torno a la pintura o al arte, puesto que, hoy día, la asistencia a museos y galerías depende de la promoción publicitaria. La fábrica de Portland de Sayago, luego de la intervención En el segundo punto se agrupan aquellas expresiones que intentan alterar lúdicamente los códigos habituales del entorno físico y social de la ciudad. Así, las obras que alteran el paisaje urbano poniendo el énfasis en la expresión mediante las estructuras sígnicas del medio; así, las realizaciones emparentadas con el arte ecológico que tiene que ver con la recuperación de ambientes deteriorados por la polución, haciendo hincapié en la salud de los ciudadanos y en la preservación de la naturaleza. Campaña de Sensibilización, ENBA, Uruguay En este punto son paradigmáticas las Campañas de Pintura Mural y las Campañas de Sensibilización Visual llevadas a cabo por los alumnos y docentes de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Uruguay, tanto en Montevideo como en otras ciudades, desde la década de los 60s, no sólo intentando una mayor difusión (incluyendo ventas populares de los productos manufacturados por la Escuela) sino, también, procurando hacer conocer a los grandes maestros del arte (pegando reproducciones de Picasso, Greco, Van Gogh, Léger, etc.) “Tierra”, obra conceptual de Carlos Ginzburg, Argentina El mismo espíritu anima a obras similares realizadas en aquel período. Así la "pintada en verde" de elementos arquitectónicos y del paisaje urbano en Córdoba, Argentina, en 1966, a cargo de Roberto Jacoby y Eduardo Costa; así, las coloraciones de vías de agua realizadas por Nicolás García Uriburu o las obras conceptualistas de Carlos Ginsburg cuando escribe la palabra "tierra" sobre tierra o cuando proyecta escribir "humo" con humo en los cielos de Buenos Aires, hacia 1969. “La Grieta”, Grupo Escombros, La Plata, Argentina Más reciente es la obra del Grupo Escombros de La Plata, Argentina, llamada Sutura, un corte en la tierra de 30 mts. de largo "cosido", cual si fuera una larga herida, con una gruesa soga, realizada en el proyecto Ciudad del Arte, en la propia La Plata,1989.En "La Estética de lo Roto", elaborada por sus integrantes Horacio D´Alessandro, Luis Pazos, Héctor Puppo y Juan Carlos Romero, se lee: "Una plaza, una fábrica abandonada, una playa de estacionamiento, una esquina cualquiera, es nuestra galería de arte. Ocupamos todo espacio que la desidia, el capricho o el simple afán de destrucción, quitó a la ciudad para entregarlo a la nada. La ciudad es nuestra galería de arte." “Siluetas”, Julio Flores, Argentina El cuestionamiento del arte La constatación de formas interactivas de producción y consumo, tal cual se señalan en el punto 3 de la clasificación de García Canclini, amerita precisar la función del arte en la sociedad. El arte, ¿debe permitir la participación del espectador? O bien, ¿debe continuar siendo el sujeto pasivo destinado a la fruición estética únicamente? En caso de aceptarse la participación, ¿cómo debe orientarse? Aceptar esta modalidad del arte urbano, tal vez, implicaría aceptar la socialización de los mecanismos de producción y consumo de la obra, aunque, sin caer en dramatismos, puesto que la socialización no asegura ni la funcionalidad ni el nivel estético (exigible prioritariamente). Por una parte la obra no cambiará porque la haya creado un artista o un equipo multidisciplinario y, por la otra, el consumo pasivo y/o alienante no cambiará por el número de participantes. Estas formas irregulares ("no - matrizadas" al decir de García Canclini) que provocan, a veces, situaciones irremediables no previstas por el autor, alteran las formas convencionales de relación, tanto de las gentes con su entorno físico, la ciudad, como con sus semejantes. Existe toda una gama de posibilidades de participación que van desde la mayor permisividad como, p.e., en el happening, al control absoluto de la obra, pasando por situaciones intermedias en las cuales los espectadores se ocupan de ciertas áreas de la creación, de acuerdo al proyecto del artista. Happening de Marta Minujin en el Estadio Troccoli, Uruguay Precisamente, una de las formas que más se avienen a ser realizadas en la calle son los happenings, en los cuales los límites entre la realidad y la ficción no existen y la categorización acción/representación desaparece en aras de la desarticulación de los referentes. Todo es imprevisto y predomina la libre asociación, tanto física como psíquica. La indeterminación del discurso existe en tanto se genera y se consume. Ese consumo inmediato y conspicuo y la dificultad por establecer sentidos provocó su agotamiento en tanto forma expresiva derivando en la performance. “Usted es un monumento viviente”, Alberto Greco, Argentina En la Argentina, un precursor de estas formas fue Alberto Greco quien, a comienzos de la década de los 60s. realizaba señalamientos artísticos en plena calle (p.e., encerraba a los transeúntes dentro de círculos y les declaraba "esculturas vivientes"). Así, desaparecían las diferencias entre las artes, operada por el espíritu iconoclasta de Greco y, también, por el marco de referencias que imponía la calle, en tanto soporte. “La Caja del Cachicamo”, Diego Barboza, Venezuela Similares a éstos son las obras en la calle del venezolano Diego Barboza aunque pone un mayor énfasis en lo popular y lo folklórico. Barboza se suma a la tradición simbólica de su pueblo dándole, apenas, un carácter más sistemático a las formas de expresión popular en sus obras. Así, en Cachicamo (expresión popular para llamar al armadillo o tatú, animalillo campestre), la gente se refugia y juega bajo una larguísima tela que oficia de caparazón de cachicamo. Edgardo Antonio Vigo y sus señalamientos, Argentina Para Edgardo Antonio Vigo, el arte debe exigir la participación creativa de los espectadores, proponiendo, incluso, cambiar el nombre a los otrora consumidores pasivos de arte por el de "creador" para destacar su integración tanto como autor como consumidor (Vigo,1971). Su propuesta es sustituir las imágenes "alienantes" por el "señalamiento" visual que permitiría al "consumidor creativo" decidir su experiencia artística de acuerdo a "claves mínimas" que el "proyectista - programador" sugiera. Su primer señalamiento data de 1968 y se realizó en La Plata, Argentina, junto a un semáforo en un cruce de avenidas: Manojo de Semáforos e intenta la recuperación de significaciones perdidas por el uso y la habituación social. ¿Arte, movilización social, acto político, fiesta popular? Argentina Como se ve, el estrecho margen que separaría a la obra de arte del evento político o el acontecimiento social obstaculiza la comprensión del proceso. De hecho, para los que piensan que las estructuras que compactan a cualquier agrupamiento, son indisolubles e interinfluyentes, esta discusión no se plantea, puesto que el arte en tanto expresión simbólica de la sociedad no puede dejar de remitir a su realidad, tanto social como económica, tanto política como institucional, etc. Uno de los criterios, válido, para precisar una actividad de otra, sería observar en dónde recae la determinación del lenguaje artístico empleado, es decir, cuál es la función del lenguaje que predomina sobre los demás. Si predomina la función poética (al decir de Jakobson) o la función retórica (como prefiere el Grupo M de Lieja) es arte. En caso contrario, aunque se constaten metonimias y/o metáforas, los textos pudieran corresponder a actividades políticas y/o sociales. A veces, la discusión se plantea cuando los manipuladores de opinión pretenden valerse ideológicamente de estas formas de conciencia social privilegiando contenidos tendenciosos, diluidos en formas de expresión conocidas y aceptadas por el establisment. El arte como denuncia y sensibilización “Huelga de Arte”, Festival Arte en la Calle, Uruguay Por una parte, el arte, haciendo que la injerencia y participación del espectador fuera crucial en la expresión artística final, generando hábitos de acción social sostenidos. Por la otra, a nivel de contenido, proyectando y realizando obras tendientes a crear conciencia sobre temas puntuales. También, se supone, el artista concurre, en estos ámbitos, con su arte, a luchar por los postulados político - sociales que, en su concepto, expresen sus aspiraciones. Por la otra vía, se piensa, el artista debe participar desde su obra, implícitamente, en aquellos proyectos siendo, el arte, un instrumento más (un arma más) para el logro de sus propósitos políticos. Para éstos, la obra integraría en sí esos mismos propósitos, aunque privilegiando la expresión artística. “La Realidad Subterránea”, de Pazos, Lonetti y Lafarriére, Argentina Quedaría por precisar quién establecería el correcto punto de vista frente al cual se articulará el arte. Ciertamente no faltarán entidades o individuos que quieran establecer esas directivas y que puedan ser expresión genuina y valedera de esas urgencias sociales pero, ¿quién asegurará su adecuación con la realidad? Estas discusiones no han impedido al artista expresar y denunciar la realidad aterradora en la que viven. Y, ciertamente, lo han realizado no sólo usando lenguajes perimidos y formas abrumadas por la tradición y el pasado, sino, además, inaugurando nuevas formas de expresión artísticas acordes con nuestra época, aunando tanto la participación creadora de los espectadores como la generación de formas de conciencia social en torno a los temas denunciados. También, en muchas de esas obras, se dio, casi naturalmente, la unidad entre las formas de expresión empleadas y el contenido final, sin el habitual aire de artificiosidad o hibridez que este tipo de propuestas suelen tener por inadecuación entre forma y contenido. Así, p.e., algunas de las obras realizadas en la exposición al aire libre organizada por el Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires, en la Plaza Roberto Arlt, en 1972, en pleno auge del conceptualismo rioplatense. Por ese camino, la obra de Luis Pazos, Leonettti y Lafarriére, La Realidad Subterránea, aprovechando unos pozos ya existentes en la Plaza, denuncia el asesinato de presos políticos acaecido, poco tiempo antes, en la cárcel de Trelew. “El Luto”, Horacio Zabala, Argentina También, la obra de Horacio Zabala quien enlutó la Plaza con una cinta negra, convocando la memoria de los caídos en la lucha con la dictadura. Otra forma que demostró su eficacia en la denuncia y la sensibilización popular en torno a la defensa de los derechos humanos conculcados, fue la performance. Surgida desde el momento en que se privilegió el "instante creativo" por encima del producto final, la performance hace del artista el verdadero instrumento del arte. Si en el happening los sentidos se disparan en todas direcciones, en la performance el significado suele precisarse indubitablemente. Lo que realmente varía no es el inabarcable o estricto programa de ambas formas sino la respuesta del espectador. Lo que, por un lado, es terapia y anarquía, por el otro, es rotundez estética y representacional. La participación cobra, por esta excepcionalidad, mayor dimensión y profundidad, siendo, por lo tanto, un instrumento idóneo para la trasmisión de información, siempre que opte por la comunicación, pues la performance, como cualquier otro medio de expresión, puede ser absolutamente indeterminada y confusa, jugada a sí misma. La acción o performance como movilización, Uruguay Así, Por la Vida y por la Paz de Clemente Padín, realizada en 1987 en las calles de Montevideo se sumó a los varios eventos de todo tipo que se organizaron para lograr las firmas necesarias para convocar un plebiscito popular que derogara la Ley de Caducidad para los delitos de lesa humanidad cometidos por militares y civiles de la pasada dictadura que asoló al Uruguay. En la performance se presenta el tema de los desaparecidos políticos y se apela al compromiso de los espectadores obligados a aceptar o no, simbólicamente, la realidad de la brutal y feroz represión, a través de un trozo de papel que representaba a aquéllos. Juan Loyola, “FMI: Andá a la Puta Madre que te Parió”, Venezuela Una performance paradigmática fue la realizada por el artista venezolano Juan Loyola, en las rampas de entrada del edificio de la 18a. Bienal de San Pablo, Brasil, en 1985, llamada “Fondo Monetario Internacional, Andá a la Puta Madre que te Parió”. Allí, "un mar de tinta roja" inundó las vías de entrada a la Bienal en el día de su apertura y Loyola y sus ayudantes y, también, algunos ocasionales visitantes a la Bienal, cayeron, rodaron, se pusieron de pié y volvieron a caer. etc., en una clara referencia a los "baños de sangre" que se venían llevando a cabo en Venezuela y otros países con motivo de las represiones populares y las durísimas restricciones al consumo que provocaba el compulsivo pago de la deuda externa y sus intereses. Arte revolucionario y búsqueda formal Se puede hablar de arte revolucionario bajo dos puntos de vista. Por un lado, los cambios radicales que una obra puede proponer a partir de su inmanencia, es decir, en cualquiera de sus instancias: creación, difusión, consumo, soporte, códigos empleados, etc. Como es sabido, los contenidos tienen un carácter histórico y "están" en el seno de la vida social. Lo que concreta el cambio o la evolución reside en la forma de expresión de aquellos contenidos, sobre todo cuando se adecuan. Por otra parte se habla de arte revolucionario cuando éste se pone al servicio de la "revolución". Al llegar a este punto se trataría de precisar qué es lo revolucionario y bajo qué punto de vista se encara (social, artístico, político, etc.). Como, sin duda, esta connotación dependerá de quien se exprese o imponga la "tendencia", la discusión correrá los avatares propios de la lucha ideológica. Tal vez examinando la estructura de la obra de arte bajo un punto de vista material (funcional) sea posible arribar a alguna conclusión. Por este camino citamos a Alvaro de Sá (1977): “Aire”, Venezuela, la lucha por el medio ambiente… "Producción y comunicación pasaron a integrarse dialécticamente y, esta última, también actividad productiva, se incorporó íntimamente a la vida de las sociedades, tornándose en uno de sus principales aspectos. En cuanto actividad de relación, la comunicación refleja el carácter de las relaciones de producción, los antagonismos sociales resultantes y las contradicciones que estas relaciones de producción presentan con las fuerzas productivas. Es, entonces, en este nivel, y sólo en él, que la comunicación asume el carácter de ideología". Es decir, en tanto producto de comunicación, eficaz para la transmisión de sus contenidos (no importa cuáles), la obra de arte debe valerse de los medios más competentes para su función relevante: la comunicación de información, nueva o ya establecida en los repertorios del saber social. En tanto "auxilio" de aquella producción, no puede dejar de expresar todo aquello que rodea la operación creadora: los medios, la situación del artista, las formas de difusión, la sociedad en la que se crea, sus relaciones con las demás áreas de la sociedad, incluyendo el poder, etc. Ninguna obra puede dejar de expresar su época y el lugar en donde fue realizada aunque su contenido parezca desmentirlo. También puede establecerse el doble discurso cuando la forma y el contenido se contradicen, llegando, incluso a la situación en que ocurran paradojas del tipo de contenidos explícitamente revolucionarios expresados en formas perimidas, lo que, formalmente, los desmienten o viceversa. Otro criterio para determinar el carácter revolucionario de una obra de arte es el expuesto por Walter Benjamin (1973), para quien el arte de avanzada o revolucionario es aquel que impulsa a las fuerzas productivas. Sobre todo, a los modos y formas de producción más eficaces en relación a las del pasado. No acompasar ni menos oponerse, sino ayudar a desarrollar, en todas las formas posibles, tanto los instrumentos de producción como las formas sociales que permitan un mejor aprovechamiento de las capacidades humanas. Y esto significa, bajo el punto de vista del artista, impulsar los nuevos medios de comunicación a través de su ejercicio y experimentación creativa no sólo de los nuevos materiales o soportes sino, también, de las nuevas formas de interrelación humana. No se apologiza la actitud supuestamente objetiva o prescindente del arte o del artista frente a la realidad social. Como ya se observó tal objetividad es imposible, aunque el ancho abanico de posibilidades intermedias entre ambos polos amerita todo tipo de actitudes. Por este camino se examinarán tres experiencias que, de acuerdo a la clasificación de García Canclini "(...) busca(n) actuar sobre la conciencia política de los participantes, y convertir las obras en ensayos o detonantes de un hecho político." “Tucumán Arde”, nace el conceptualismo latinoamericano, Argentina La acción estético - política realizada en 1968 por un grupo de artistas argentinos, conocida como Tucumán Arde, quienes, tratando de encontrar los caminos hacia un arte volcado al logro de mejoras para los sectores más desposeídos de la sociedad argentina, en tanto iban conformando la fuerza social para el cambio de estructuras, se abocaron a desmitificar la acción del gobierno militar. Eligen, para tal propósito, la situación totalmente angustiosa de los trabajadores agrícolas de la norteña Provincia de Tucumán, explotados por las refinerías de azúcar que, en connivencia con el gobierno, habían lanzado la "Operación Tucumán" con el inconfesado propósito de liquidar los sindicatos tucumanos que impedían una explotación mayor. Frente a este panorama, el grupo urde su táctica artística, creando un circuito sobreinformacional. Primero llamó a una conferencia de prensa en donde informó falsamente acerca de las actividades del grupo al mismo tiempo que artistas y técnicos viajaron a Tucumán para recoger en directo testimonios de la miserable vida que padecía el pueblo de aquella región. La parasitación de los medios de comunicación masiva terminó con una segunda conferencia de prensa en donde el grupo puso en claro sus propósitos: la denuncia pública y masiva de un sistema de producción obsoleto basado en la explotación y el hambre de los trabajadores agrícolas tucumanos. Aprovechando el aire inocente de una "1er. Bienal de Arte de Vanguardia" (nunca realizada), pegatinearon, en las calles y lugares públicos, obleas con la palabra Tucumán, a la cual, más tarde, agregaron la palabra Arde e inauguraron, en Rosario, Santa Fe y en Buenos Aires, una exposición con todo el material recogido en aquella Provincia: filmes, fotos, documentos, grabaciones, estadísticas, propaganda gráfica de los sindicatos azucareros, audiovisuales, etc. Al día siguiente hubieron de levantar la exposición apercibidos por el poder militar. Entre muchos otros artistas participaron Juan Pablo Renzi, Graciela Carnevale, León Ferrari, Roberto Jacoby, Rubén Naranjo, Jaime Rippa, etc. La acción se completó con la compilación, análisis y publicación de los documentos y la fundamentación teórica de la propuesta artística, de la cual se extracta: "Nosotros queremos restituir las palabras, las acciones dramáticas, las imágenes en donde puedan cumplir un rol revolucionario, donde sean útiles, donde se puedan convertir en armas para la lucha. Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que niega este modo de vida y dice: hagamos algo para cambiarle." “Bicicleta a la China”, movilización-arte de CAPATACO, Argentina La siguiente experiencia tiene que ver con la solidaridad internacional en relación a los trágicos sucesos ocurridos en el contexto de una movilización popular por la vigencia de los derechos humanos en la Plaza Tienanmen, en China. El 14 de Julio de 1989, en Buenos Aires, decenas de ciclistas se desplazaron por diversos barrios y enclaves céntricos de la ciudad con detenciones en lugares de gran concentración pública en donde realizaron actuaciones de diverso tipo: pantomimas, danzas, esculturas vivientes, etc., para atraer la atención de la gente e informar sobre la represión que sufrieron los estudiantes chinos. La obra, cuyo instrumento expresivo fue la bicicleta, medio de transporte usual en China, fue catalogada de "Ready - Made Social" por sus autores, Fernando Bedoya y Emei, junto a la asistencia del grupo Capataco y otras instituciones. También fue definida como "(...) la apropiación de la calle como soporte del arte y el juego como elemento de transformación de dogmas." (1989) La obra denominada Bicicletas a la China se propuso, explícitamente, superar desde el discurso cultural el divorcio con lo político. Las escenas plásticas, llamadas "esculturas heroicas", que se realizaron con las bicicletas fueron el modo operativo para connotar lo "chino" y la protesta de los jóvenes estudiantes, en un esfuerzo por superar la mera representatividad que suele ocultar los hechos y la realidad (porque los sustituye) bajo un manto de signos banalizados e inoperantes, tratando de establecer las bases de un lenguaje de la acción. “Gente en Obra, Artistas por la Paz”, contra la guerra a Irak, Montevideo Por último se detalla la acción colectiva realizada por el Grupo de Artistas Plásticos Uruguayos en relación a la Guerra del Golfo Pérsico dirimida entre los Estados Unidos de Norteamérica, con el aval de las Naciones Unidas. La acción se realizó el 15 de febrero de 1991 frente al Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno uruguayo y consistió en una "acostada " en la céntrica Avenida 18 de Julio de Montevideo, con detención del tránsito y una "tapada con diarios", en tanto se oían sirenas y se desplegaba un cartel en donde se leía: Gente en Obra: Artistas por la Paz. La guerra como un juego electrónico… La demostración tuvo varias facetas: se realizó para denunciar la violencia que se ejerce para resolver los problemas políticos y sociales, tanto internos como externos y, además, de cara a la frivolidad y falta de sensibilidad de los medios de comunicación masivos, para los cuales no existieron bajas ni muertos y todo el exhaustivo despliegue de la maquinaria de guerra de última generación reducido a las apariencias de un juego electrónico. Y, también, frente a la ceguera y negación de la realidad de los gobiernos, para los cuales no existió una situación beligerante, es decir, no hubo guerra aunque murieran cientos de miles de personas, entre civiles y soldados, casi todos de nacionalidad iraquí. Los artistas no sólo hicieron "reales "a las infaustas víctimas sino, también, denunciaron su inocencia y la inutilidad de esas muertes "sin nombres", ocurridas en beneficio de unas pocas transnacionales del petróleo y del prestigio de algún político asociado a ellas. El arte y la calle La calle, por sus características y por su índole de centro de la vida social, se desentiende de lo que es arte y de que no lo es, al contrario de las galerías y museos que imponen su lógica de consumo, es decir, todo lo que se expone en ellos es arte o asume ese carácter (si no lo es).En cambio la calle enfatiza la relación comunicacional, permitiendo que el arte despliegue toda su funcionalidad, su razón de producto de comunicación y no de mera mercancía sujeta a la leyes del mercado y del lucro comercial. También, la calle al desgajar al arte del conjunto de los mecanismos o aparatos de contralor del Estado aplicados a cohonestar o legitimar su existencia, le devuelve, a aquél, la función que tuvo desde el momento en que el hombre tuvo acceso a sus facultades simbólicas y a la comunicación. La calle, además, al desarticular las oposiciones del tipo bueno/malo, lindo/feo, objetivo/subjetivo, etc., hace posible la libre opción del espectador al permitirle elegir el sentido o los significados que la obra le presenta, de acuerdo a su repertorio de conocimientos y experiencias personales, sin autoritarismos, ni imposiciones ideológicas. Sin embargo, las situaciones no son tan ideales como las descriptas ni tan reales y determinadas que basten algunos algoritmos de acción artística para, finalmente, lograr la pretendida unidad arte/sociedad. Tan sólo se puede afirmar, provisoriamente, que la calle y los espacios urbanos, favorecen esa esquiva relación, porque, al no desgajar ni aislar al arte de sus productores/consumidores (es decir, la sociedad en su totalidad), mantienen incólume la trama de sus relaciones interpersonales y, sobre todo la comunicación. Tal vez, pareciera un mecanicismo torpe afirmar que la galería o el museo, al romper aquella relación, fruto de la funcionalidad del arte, descalifiquen absolutamente a la obra. En verdad, no impiden el proceso comunicacional, sólo trasladan la determinación y la desvían hacia su función auxiliar, intrínseca, de trasmisora involuntaria de ideología, para neutralizarla y ponerla a su servicio. Los sectores sociales preponderantes en la sociedad, dueños de las galerías y administradoras de los museos, se adueñan de toda la producción simbólica de la sociedad (aún aquella que los cuestionan) y la descontextualizan en esos ámbitos exclusivos. Allí, las obras no sólo significan lo que en ellas quiso expresar o sugerir el artista sino, también, connotan el poder de sus actuales custodios. Allí nace la descalificación o el silenciamiento de todo el arte que se realice en la calle (salvo aquel que reitere los vicios del consumo del arte en Galerías y Museos). En la calle el arte no afianza ni legitima el poder vigente ni confirma ninguna acción político - social que se emprenda en nombre de aquella pertenencia, fruto del omnívoro poder económico. El estrecho margen que separaría a la obra de arte del evento político o el acontecimiento social obstaculiza la comprensión del proceso. De hecho, para los que piensan que las estructuras que compactan a cualquier agrupamiento, son indisolubles e interinfluyentes, esta discusión no se plantea, puesto que el arte, en tanto expresión simbólica de la sociedad, no puede dejar de remitir a su realidad, tanto social como económica, tanto política como institucional, etc. En cambio, para los puristas que sostienen la autonomía total del arte en relación a la realidad, estas formas no merecen ser llamadas "artísticas". Uno de los criterios válido para precisar una actividad de otra, sería observar en dónde recae la determinación del lenguaje artístico empleado, es decir, cuál es la función del lenguaje que predomina sobre los demás. Si predomina la función poética (al decir de Jakobson) o la función retórica (como prefiere el Grupo M de Lieja) es arte. En caso contrario, cuando predominen otras funciones y se constaten figuras retóricas, los textos pudieran corresponder tanto a actividades políticas como sociales, religiosas como festivas. A veces, la discusión se plantea cuando los manipuladores de opinión pretenden valerse ideológicamente de estas formas de conciencia social privilegiando contenidos tendenciosos, diluidos en formas de expresión conocidas y aceptadas por el establisment como suelen practicar los medios. El sistema de sociedad del capitalismo tardío no necesita de la coacción directa de la fuerza o el terrorismo de Estado para mantener su dominio. El análisis crítico de estas sociedades realizado por Herbert Marcuse subraya que entre los fundamentos de las democracias burguesas representativas figura el de saber soportar y recuperar las opiniones discrepantes y las desviaciones culturales hasta un grado moderado de radicalidad. La crítica puede contribuir, en estas condiciones, a mantener una ficción liberal de diversidad plural, que no deja ver las estructuras institucionales jerárquicas y económicas desiguales. Por ello el arte en la calle no suele formular posiciones propias, sino que critica las reglas de juego aparentemente evidentes, normales y naturales, que determinan lo que está permitido y lo que no. Está claro: el sistema sabe cómo absorber estos cuestionamientos. En la actualidad su fuerza se basa más en la integración de las propuestas disidentes que en su represión. Esta capacidad de adaptación, sin embargo, también significa que los artistas en la calle sólo pueden funcionar si se cuestionan continuamente y analizan las condiciones sociales de cada momento para encontrar siempre nuevas posibilidades de intervención. De allí, también, el falso concepto de legitimización social a través de la aceptación de las instituciones rectoras del arte, el museo, la crítica y el mercado. Agréguesele a ello la confusión ideológica acerca de la "definición" del arte: el arte como agitación subversiva o el arte como expresión simbólica de la sociedad. Es decir, el arte en la calle como disrupción, como rechazo a formas de vida indeseadas que nos impone el sistema vigente o el arte en la calle como expresión alegórica de la vida social. Entre ambos polos, lo social y lo artístico, corre toda una serie de actitudes intermedias cuyos matices irán marcando el perfil de las obras de cada grupo y de cada artista. La calle va más lejos. No sólo cuestiona el arte sino que, también, discute la cultura y los fundamentos, al parecer inconmovibles, que la sustentan. Claro está que entendiendo "calle" como derivación metonímica de "vida social". Es en ella, realmente, en donde los cuestionamientos artísticos pueden superar sus límites simbólicos y acceder a los cambios radicales no sólo a nivel de la representación sino a nivel de la realidad misma. Bibliografía consultada Bedoya, Fernando y Emei - El conflicto como objeto, revista Manuscritos, nro.4, Buenos Aires,1989. Benjamin, Walter - Discursos interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1973. Centro de Arte y Comunicación - Arte de Sistemas II, CAYC, Buenos Aires,1972. Comité de Artistas Argentinos - Declaración, revista "OVUM 10", nro.9, Montevideo,1971. de Sá, Alvaro - Vangarda, Producto de Comunicaçao,Vozes,Petropolis, Brasil,1977. Escombros, Grupo - Una Estética de lo Roto, Escombros, La Plata, Argentina, 1989. 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Vigo, Edgardo Antonio- De la Poesía Proceso a la Poesía para y/o a Realizar, Diagonal Cero, La Plata, 1970. - LA CALLE: escenario del arte actual, OVUM 10, nro. 6, Marzo, 1971, Montevideo, Uruguay.Yuliani, Jorge - Artistas Manifestaron por la Paz, diario "La República", Feb.16, 1990, Montevideo. Ponencia leída en el ENCUENTRO DE ARTE, POLÍTICA y COMUNICACIÓN 21 y 22 de Agosto de 2017. Facultad de Información y Comunicación (FIC-UdelaR). Organizó: Red Interuniversitaria Arte, Política y Comunicación (Universidad Nacional de General Sarmiento, Universidad Nacional de Rosario, Universidad de la República).Auspició: Instituto de Comunicación – FIC. Apoyó: Instituto de Antropología – FHCE, Grupo CreA* - FIC, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (IENBA). Clemente Padín, oriundo de Lascano, Rocha, Uruguay (1939). Poeta experimental, artista y diseñador gráfico, artecorreísta, performer, curador, videísta y networker. Licenciado en Letras en la Universidad de la República Oriental del Uruguay, dirigió las revistas Los Huevos del Plata, OVUM 10 (1965-1975) entre otras. Fue invitado a la XVI Bienal de San Pablo (1981) y a las Bienales de La Habana (1984 y 2000), Cuenca, Ecuador (2002) y la 2da. Bienal de Arte en Tesalónica, Grecia, (2009). Becado por la Academia de Artes y Letras de Alemania (1984), ha dictado seminarios sobre poesía experimental, performance y arte correo en todo el mundo. Fue docente en el IUNA de la URBA, Buenos Aires, Argentina, en el posgrado “Lenguajes Artísticos Combinados”. Ha sido distinguido con el Premio PEDRO FIGARI a la trayectoria artística, Uruguay, 2005. Fue curador del Festival de Arte en la Calle, Montevideo, 1990 y Concentrado Acción (2007). Su archivo se encuentra en el Archivo General de la UDELAR, Montevideo, Uruguay a disposición de investigadores y estudiantes. Fue distinguido con el Premio 400 AÑOS de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2015. Escáner Cultural nº: 20155555
