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Idries Shah, el maestro Sufi contemporáneo

  • 23 ene 2018
  • 8 min de lectura

Del mismo modo que Nasrudin, Idries Shah enseñó a través del arte de las narraciones. Involucrado en gran número de empresas de corte humanitario, académico, científico y comercial, destacando su participación en la fundación del Club de Roma, del que emanó el famoso Informe sobre los Limites del Crecimiento. Su enseñanza fue su contar, y su vivir fue su encarnar la tradición sufi en toda su expresión. Los sufis han dicho que les tomó 800 años de trabajos preparatorios conseguir que el Islam los aceptara. A Shah le tocó vestir al sufismo con atuendos occidentales, demostrando que el alma del sufismo puede cubrirse legítimamente con los ropajes de cualquier cultura.

Existe un alma espiritual profunda en Oriente, lo hemos reconocido. Pero la vinculamos más con las tradiciones nacidas en China y la India que al mundo musulmán, al que asociamos el sufismo. Esta dificultad para aceptar dicha tradición milenaria como una de las grandes fuentes espirituales de la humanidad obedece a nuestra atávica dependencia de los arquetipos colectivos inconscientes. Por ello seguimos temiendo y rechazando al sarraceno que tiene en ascuas a nuestro mundo occidental..

Pero Idries Shah supo vencer esta barrera al vestir al sufismo con atuendos occidentales, y demostrando que el alma del sufismo puede cubrirse legítimamente con los ropajes de cualquier cultura.

Idries Shah, sabio y escritor, considerado el principal maestro del sufi contemporáneo, produjo más de 35 libros que han vendido hasta la fecha más de 15 millones de ejemplares. Estuvo involucrado en un gran número de empresas de corte humanitario, académico, científico y comercial, destacando entre ellas su participación como socio fundador del Club de Roma, del que emanó el famoso Informe sobre los Limites del Crecimiento, concepto que a poco andar se lo tragó el frenesí posmodernista. También fue asesor de numerosos monarcas y jefes de estado; pero, sobre todo, fue narrador de cuentos, un maestro que ocupó lo mejor de su tradición para hacer llegar a Occidente el mensaje de esta tradición espiritual milenaria.

No fue difícil -argumenta Shah, a pesar de todas las dificultades que debió enfrentar- presentar a Occidente los muchos aspectos y la presente importancia del sufismo, dados dos requisitos previos: libertad de publicación, y una creciente insatisfacción, en muchas culturas, con autoridades obtusas e ignorantes.

Si osáramos afirmar que la vida de Idries Shah es una gran fábula, inventada de principio a fin por Mulla Nasrudin, ¿acaso estaríamos falseando la verdad? ¿O nos situaríamos, por el contrario, en el centro de la tradición sufi, permitiendo -en el mismo acto, por un momento- que nuestros queridos lectores no supieran cuál es el real valor de verdad de aquella realidad que tomamos como verdadera?

Sin embargo, Idries Shah es real. Tan real y tan contemporáneo que sólo en el reciente 23 de noviembre de 1996 el mundo llorór su muerte. ¿Y quién es Nasrudin? El es una ficción sufi. Un personaje legendario que habría sido inventado por los derviches, si bien nadie se resigna a creerlo definitivamente. Su nombre completo es Mulla Nasrudin, aunque también le llaman Mulaj Nassr Eddin. Desconocido para Occidente, Idries Shah nos lo presentó en sus libros, dándose con ello a conocer a sí mismo. Por medio de ambos, el sufismo se ha ido expandiendo en este lado del planeta.

Los relatos sobre Nasrudin se cuentan por cientos, y narrados en las tertulias de las caravanas, en los hogares y aún en programas radiales a lo largo y ancho de todo el Asia. Quien los narra entretiene efectivamente a su auditorio porque, en un nivel superficial, las historias tienen siempre un carácter humorístico; pero también contiene un segundo nivel de lectura más profundo, que tiende un puente, como dice el mismo Idries Shah en su libro Los Sufis, entre la vida mundana y una transmutación de la conciencia, de una forma que ninguna literatura ha sido capaz de alcanzar.

Del mismo modo que Nasrudin, Idries Shah enseñó a través del arte de las narraciones. Su enseñanza fue su contar, y su vivir fue su encarnar la tradición sufi en toda su expresión. Shah introdujo el sufismo en el Occidente contemporáneo, aportando con ello las esperanzas de renacimiento de nuestra época la sabiduría de esta milenaria tradición espiritual.

La tradición sufi ha envuelto siempre en el misterio a Nasrudin, manteniéndolo en el limbo entre origen histórico y uno ficticio. Los eruditos de todos los tiempos -contra cuya pedantería este personaje siempre afila sus dardos- se han devanado los sesos tratando, infructuosamente, de descifrar las trazas de su origen.

Relata Idries Shah que un intelectual contemporáneo visitó a un derviche para solicitarle alguna pista que le permitiera demostrar finalmente la condición de personaje histórico de Nasrudin, a lo que recibió esta respuesta: Podría usted soltar una araña sobre un charco de tinta, y observar las marcas que va dejando al salir. Esto quizás le daría una fecha exacta o algún otro indicio. Pero eso, sobre todo, la gente del pueblo la que se ha encargado de darle vida a este personaje, llegando a crearle una biografía, y aún a consignarle un lugar a la tumba donde reposarían sus restos.

La verdadera vida de Shah

Para conocer los datos ciertos de la vida de Shah no se hace necesario recurrir a las patas entintadas de una araña; basta con digitar su nombre en la pantalla y bajar una página de Internet, para establecer su nacimiento en Simla, India, el 16 de junio de 1924.

Y si seguimos recorriendo con la mirada la pantalla de nuestro computador, en esta verdadera locura de coexistencia de mil tiempos distintos que nos trae este principio de siglo, descubriremos cómo la tecnología más moderna pone ante nuestros ojos la imagen de un maestro arraigado a las fuentes más ancestrales de la vida. Nacido en el seno de una familia hashemita, su árbol genealógico y títulos -confirmados y acreditados en 1970 por doctores de la ley del Islam- lo vinculan, y nos remontan, al propio profeta Mahoma.

Y los cruces continúan, pues su madre era occidental: escocesa, aunque ya hemos aprendido a no asombrarnos de esta confluencia entre la India e Inglaterra, que se ha hecho patente en las vidas de tantos maestros espirituales contemporáneos que hemos leído en estas paginas. En Gran Bretaña conoció al padre de Idries Shah, el escritor y respetado pensador Sirdar Ikbal Ali Shah, quien a la sazón estudiaba medicina en Edimburgo. Este especial matrimonio se fue a vivir a las tierras altas de Afganistán, en Pagham, residencia tradicional de la familia paterna, lugar donde nació Idries.

Tal como su padre antes, se sintió en casa tanto en Oriente como en Occidente. Fue educado por tutores privados europeos y del Oriente medio, y también se formó en extensas travesías y múltiples encuentros con personas de enseñanza, lo que caracteriza el método sufi de educación y desarrollo. Vivió gran parte de su vida en Inglaterra, cerca de Tumbridge Wells. Cursó estudios durante una breve temporada en el Saint Catherine's College, de Oxford, y asumió las maneras de un típico británico. Se casó con Cynthia (Kashfi) Kabraji en 1958, a sus 34 años, y de este matrimonio nacieron un hijo y dos hijas.

Paciencia de Sufi

Los sufis han dicho que les tomó 800 años de trabajos preparatorios conseguir que el Islam los aceptara. Esto pone de manifiesto, como mínimo, que poseen una mirada de largo plazo sobre los procesos del desarrollo de la espiritualidad humana.

Paradójicamente, al final de este proceso, es el islamismo el que proclama al sufismo como algo de su propiedad, refiriéndose a él como una secta islámica mística. Los sufis no se dedican a polemizar sobre este tipo de afirmaciones, pero, ¿puede sostenerse una interpretación como esa cuando el sufismo -aún con mayor paciencia- se ofrece a Occidente sin revestirse al Islamismo?

Surge entonces la validez de la postura sufi, y con ello la interpretación de los hechos que consigna que en ciertas épocas las escuelas espirituales ofrecen su sabiduría a las culturas o religiones que estén dispuestas a escucharlas, o bien aportan el material que da finalmente nacimiento a una nueva religión.

Shah dice que cualquier reaparición del sufismo ocurre siempre con los ropajes de las culturas en donde busca sembrar; en su forma nunca será algo exótico o extravagante para ese mundo, para evitar así el rechazo, y favorecer así a que las personas lleguen a su esencia.

A esta penetración ha contribuido desde siempre Nasrudin. Tanto impacta la sabiduría popular llena de ironía de este personaje, que diversas culturas lo han acogido sin saber que dejan entrar un verdadero caballo de Troya de una propuesta mística espiritual. Como ejemplos pintorescos de esta penetración, la Sociedad Británica para la Promoción del Conocimiento Cristiano publicó un libro con varios de sus relatos, y el gobierno ruso realizó una película llamada las aventuras de Nasrudin, incluso los griegos, que son reacios a incorporar elementos de la civilización árabe, aceptan a Nasrudin como parte de su herencia cultural.

Y más aún, se dio la paradoja de que el Ministerio de Información de Turquía publicó una selección de chistes de este supuesto predicador musulmán arquetipo del místico sufi, al mismo tiempo que por ley disolvía las ordenes de derviches, los iniciados de la corriente esotérica que creó a Nasrudin.

Con ropaje occidental

Siguiendo sus preceptos, Shah revestiría sus enseñanzas, pero sobre todo su vida, con el ropaje de Occidente. Y qué más adecuado para la obtención del permiso que le permitiría propagar ideas en nuestro mundo que convertirse en escritor. Así, escribió más de 35 libros y más de 100 monografías académicas. Sus libros, principalmente dedicados a difundir la enseñanza del sufismo, tuvieron tiradas de venta que envidiarían los best-sellers, llegando a superar los 15 millones de ejemplares vendidos, en 12 idiomas.

Junto con el oficio de escritor, asumió, pasados los treinta años de edad, como Director de Estudios del Instituto para la Investigación Cultural, una fundación educacional que investigaba y publicaba temas de cultura comparada respecto del pensamiento y la conducta humana. Cuando actuaba en dicho cargo, fue invitado a dictar conferencias en varios lugares, incluidas la Universidad de Stanford, en EEUU., y la Universidad de Génova, en la que era profesor visitante.

Finalmente, y nada se podría como más adecuado, incursionó en el mundo empresarial. A partir de esta última experiencia, y por conocimiento de la lógica comercial de Occidente, sabía que la circulación de libros estaría siempre gobernada, como todo lo que es comunicación masiva, por los rankings de venta. Ello lo llevó a fundar una editorial, la Octagon Press, con el fin de mantener en circulación sus libros cuando las casas editoriales lo retiraran de sus listas. Además de este propósito, estaba el de crear una línea de publicaciones que estableciera un contexto histórico y cultural amplio sobre el pensamiento y la acción sufis. Tuvo, además, un tercer objeto en esta empresa, referido a generar información sobre Afganistán, previendo la importancia de esta labor como una tarea de registro y preservación cultural, en vísperas de la trágica devastación de ese país.

Del mismo modo que Shah buscó asemejarse a las occidentales, desarrolló desde adentro los elementos para establecer lo que lo diferenciaba. Soy de ustedes pero no soy igual que ustedes, sería un mensaje táctico que le podríamos atribuir.

En su vida cultivó relaciones con personas de todas las clases sociales y todos los estamentos, desarrollando, además, una personalidad multifacética, que combinaba un sentido de alta autoexigencia y logros personales con una acción de servicio y de educación a los demás. También fue poseedor de una actitud liviana y llena de humor ante la vida. Además de ser un incomparable narrador de cuentos e historias, fue también un excelente cocinero. Los afortunados invitados a alguna de sus cenas viajaban desde distintos puntos del mundo para no perdérselas.

También era usual verlo deambulando en ferias de antigüedades -aún en sus últimos meses de vida- buscando piezas exclusivas, tanto de Oriente como en Occidente, para lo cual había desarrollado una especial habilidad. Muchas personas han dado testimonio de cómo las enseñanzas que les brindó este sabio maestro espiritual producía un beneficio directo para su desarrollo profesional en los más variados campos.


 
 
 

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