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Fritjof Capra: La trama de la vida

  • 23 ene 2018
  • 4 min de lectura

De este autor, conocido por su libro ‘The turning point’ (El punto crucial), resumimos aquí algunos sistemas presentados en su libro ‘La trama de la vida: una nueva perspectiva de los sistemas vivos’. Él mismo declara que este libro es una expansión y profundización del capítulo ‘La visión sistémica de la vida’, expuesta en ‘The turning point’, y que su contenido –en el que ofrece una nueva comprensión de la vida- representa la vanguardia científica del cambio de paradigma que pasa desde una concepción mecanicista a una ecológica.

Ecología profunda: un nuevo paradigma

El cambio de paradigma del mecanicista (reduccionista, atomista) al ecológico (holístico,

Anuncia: este libro trata de una nueva comprensión científica de la vida en todos los niveles de los sistemas vivientes: organismos, sistemas sociales y ecosistemas.

Argumenta primero el carácter sistémico de los problemas contemporáneos, cada uno siendo faceta de una misma crisis.

La generación de la crisis provendría de un error de percepción. La solución por tanto requiere un cambio de percepción. Esta nueva percepción existe pero está en sus momentos iniciales y no ha alcanzado a quienes conducen las distintas áreas de la gestión de la sociedad. Es la percepción de interconexión entre todos los elementos de la vi da personal, social y ecológica, y envolviendo la interconexión, el requerimiento de sostenibilidad.

Siendo un físico, Capra señala cómo le ha impresionado el cambio de paradigma en esta ciencia en las tres primeras décadas del siglo XX, lo que marcó una dirección que ha continuado, desde lo mecanicista a lo ecológico y holístico.

La exploración del mundo atómico y subatómico puso a los físicos ante una extraña e inesperada realidad. La ciencia que tenían no describía adecuadamente este nuevo mundo.

Visión holística o ecológica: desde la colección de partes al todo integrado. Interdependencia de todas las partes –organismos y fenómenos.

La ecología profunda es una percepción espiritual, en tanto el espíritu es un modo de conciencia de pertenecía y conexión con el cosmos.

La emergencia del pensamiento sistémico

El cambio de paradigma del mecanicista (reduccionista, atomista) al ecológico (holístico, organicista, sistémico) es el cambio del énfasis sobre las partes, al énfasis sobre el todo.

Al surgimiento del actual pensamiento sistémico concurren diversas disciplinas: los biólogos pusieron de relieve a los organismos vivos como totalidades integradas; luego vino el aporte de la psicología gestáltica y de la nueva ciencia ecológica; y finalmente la física cuántica.

Substancia y forma

La tensión entre mecanicismo y holismo se ancla en la tensión entre substancia (materia, estructura, cantidad) y forma (patrón, orden, cualidad)

Los Pitagóricos distinguían patrón de materia. El patrón limita a la materia y le da forma. La pregunta ¿de qué está hecho? (tierra, fuego, agua, etc.) es la pregunta sobre la materia; ¿cómo funciona?, pregunta por el orden o patrón.

Platón entendía la forma separada de la materia (idealismo, abstracción), Aristóteles la veía como inmanente, ninguna existe sin la otra: la materia contiene la esencia de todas las cosas como potencialidad, la forma la desarrolla o la lleva a su autorealización.

Mecanicismo cartesiano

La visión de Aristóteles sólo se subvierte en los siglos XVI y XVII. La noción de un universo orgánico, viviente y espiritual fue reemplazada por la del mundo como máquina.

Así, el pensamiento ‘organicista’ asumido desde los griegos es interrumpido por el pensamiento mecanicista que tiene como nombres arquetípicos a Descartes, Copérnico, Galileo, Bacon y Newton.

Esta ciencia ya no ve la sustancia, cualidad o vivencia (experiencia) del mundo, sino su funcionamiento desde la medida y la cuantificación.

Descartes crea el método de pensamiento analítico, consistente en desmenuzar los fenómenos complejos en partes para poder entender a partir de las propiedades de éstas, el funcionamiento del todo. Y divide la naturaleza en dos reinos separados e independientes: mente y materia. El universo material, incluidos los organismos vivos (en la división mente-materia, los organismos vivos son materia), es una máquina que puede ser comprendida en términos de sus partes más pequeñas. En su cosmovisión, el mundo es una máquina perfecta gobernada por leyes matemáticas exactas.

Pero la mecánica como explicación del funcionamiento de la materia se ve torpedeada cuando se reconoce el papel de los procesos químicos en el funcionamiento de la materia. En el siglo XVIII Lavoisier demuestra que la respiración es una forma específica de oxidación. Sin embargo sobrevivió en el pensamiento oficial la idea que las leyes de la biología pueden ser reducidas a las de la física y de la química.

El movimiento romántico

La primera oposición frontal al mecanicismo cartesiano proviene del movimiento artístico romántico hacia fines del XVIII. William Blake, Goethe, Emmanuel Kant y otros vuelven a la tradición aristotélica enfocándose en ¿cuál es la naturaleza de la forma orgánica?

Goethe utiliza el concepto de morfología para el estudio de la forma biológica desde una perspectiva dinámica y del desarrollo. Admira el orden en movimiento de la naturaleza y concibe la forma como un patrón de relaciones en el seno de un todo organizado. Escribe: ‘cada criatura no es sino una gradación pautada de un gran y armonioso todo’. Kant discutió la naturaleza de los organismos, argumentando que éstos, en contraste con las máquinas, son autorreproductores y autoorganizadores. Señala que en una máquina las partes existen unas para las otras –apoyándose mutuamente en un todo funcional-, en tanto en un organismo las partes también existen por medio –a través, a partir- de las otras, en el sentido de producirse entre sí: debemos ver cada parte como un órgano que produce las otras partes, siendo así organizado y autoorganizador.

El mecanicismo del siglo XIX

La aplicación del microscopio hico que en biología retomara fuerza el mecanicismo. Surge la teoría celular, la microbiología, las leyes de la herencia genética, generando un anclaje de la biología en la física y la química, y en explicaciones físico-químicas para la vida.

La teoría celular deslazó la mirada desde los organismos a las células. Las funciones biológicas, de verse como expresión del organismo como un todo, se pasan a ver como resultados de las interacciones entre los componentes básicos de las células. La aparición –vía microbiología- de organismos vivos microscópicos, lleva a mirar las bacterias y su papel en procesos químicos, abriendo la bioquímica. Demuestra además la relación entre ‘gérmenes’ (microorganismos) y enfermedad. Surge una visión simplista de que las enfermedades tenían como causa única una cierta bacteria.


 
 
 

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