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Ecoaldeas: ser parte de la naturaleza

  • 24 sept 2017
  • 9 min de lectura

“Si nosotros pudimos hacerlo, cualquiera puede”. Es la invitación que nos hace Gustavo Lerner, uno de los fundadores del Ecocentro Eluwn, quien hace diez años dejó la vida en la ciudad para experimentar una existencia más integrada a la naturaleza en una ecoaldea, donde se replantea la convivencia con la naturaleza y con los seres humanos, aportando en la construcción de un mundo diferente.

Nuestra sociedad se ha enfocado durante varios siglos a superar las limitaciones que nos impone la naturaleza y, de esa forma, hemos logrado increíbles avances científicos y tecnológicos que, indudablemente, han mejorado nuestra calidad de vida. Pero hace ya bastante tiempo que esta “lucha contra la naturaleza” se nos ha ido de las manos, provocando los desastres ambientales globales que -a estas alturas- ni el más incrédulo puede negar.

Desde esta necesidad de restablecer el equilibrio, desde la necesidad de vivir con la naturaleza, integrados a ella y no contra ella, surgen propuestas como las ecoaldeas. Estos “experimentos vivos”, como los llama Gustavo Lerner, implican varios desafíos: sociales, ecológicos y espirituales, ya que buscan de forma creativa una nueva forma de resolver las dificultades propias de la convivencia.

Socializar en armonía

El desafío social más grande para una convivencia sustentable es la incorporación de un sistema de decisiones y de resolución de conflictos basado en la confianza y en la horizontalidad, es decir, el respeto de todas las opiniones, guiados por el reconocimiento de un sentido común. No se trata de una simple democracia en la que se hace lo que dice la mayoría; el mayor reto se encuentra en buscar la solución óptima con la que todos estén realmente de acuerdo.

En esta construcción de un mundo diferente es muy delgada la línea entre dos modelos diametralmente opuestos: Una comunidad como un gueto elitista de personas que quieren alejarse del mundo, versus una ecoaldea, que busca ser un foco de cambio para su entorno y que, por lo tanto, requiere integrarse a la comunidad en la que está establecida.

Tal como lo señala Gustavo, “los mejores diseños, las tecnologías verdes, e incluso las mejores ideas quedan ridículamente inválidas cuando la hostilidad se impone entre las personas. Si no somos capaces de abordar y resolver los aspectos sociales y de convivencia, no podemos albergar esperanza alguna de lograr construir un futuro promisorio”.

Darse mutuamente

Del mapudungun “darse mutuamente”, Eluwn tiene casi 10 años de existencia y es una ecoaldea que se define como proyecto abierto de conexión profunda con la naturaleza, con uno mismo y con las demás personas para explorar formas de relación e interacción con otros seres vivos, compartiendo sus experiencias y formando un comunidad.

Ubicado a 110 kilómetros de Santiago, en la provincia de Melipilla, y como ecoaldea viva, Eluwn siempre está recibiendo voluntarios que quieran trabajar a cambio de alojamiento y comida, y está dispuesta a incorporar nuevos miembros, siempre y cuando estos compartan la visión, la misión y el sentido de vida que el proyecto representa.

Más información: http://www.eluwn.cl/

Equilibrio ambiental

Para muchos, la visión de una ecoaldea tiene que ver con la reducción de nuestros impactos ambientales, pero claramente esto ya no es suficiente. Como sociedad hemos llegado a un punto de devastación ambiental en que ya no basta con disminuir nuestra huella, sino que es necesaria la restauración de los ecosistemas que hemos destruido.

Este es el principal desafío para los asentamientos que buscan ser sustentables ambientalmente: no solo una utilización de recursos que vaya acorde a los ritmos de asimilación y renovación del entorno natural, sino la posibilidad de restablecer el equilibrio dañado.

Búsqueda espiritual

Gustavo describe que desde afuera es muy fácil confundir a una ecoaldea con una secta religiosa, pero hay un elemento esencial que marca una diametral diferencia: la libre determinación.

Una ecoaldea, para ser un asentamiento realmente sustentable, requiere que sus miembros sean conscientes y responsables de sus propios actos, motivo por el cual en ningún caso se puede seguir ciegamente a un líder. La espiritualidad, en este caso, es reconocida como un sentido profundo de vida que es compartido y constantemente reconstruido entre todos los miembros de una comunidad, y no es impuesto como un dogma por parte de un grupo de “elegidos”.

Vivir diferente

Para saber cómo se vive en una ecoaldea, conversamos con Gustavo Lerner, miembro fundador del Ecocentro Eluwn, donde lleva casi diez años de experiencia cotidiana:

– Desde tu historia y tus vivencias, ¿cuáles son los elementos mínimos que una comunidad intencional debe tener para denominarse ecoaldea?

Para mí es, fundamentalmente, un sueño de un colectivo convencido de ser un experimento vivo, parte de un experimento vivo más grande aún, que aporta a la construcción de un mundo diferente, con respeto por todos los seres vivos.

Lógicamente, requisito mínimo para sentirse ecoaldea es contar con un grupo de personas que funcione como grupo; es decir, toda ecoaldea debe ser una comunidad. Este grupo precisa tener una fuerte intención ecológica, aportando al beneficio ecológico del sector o la región en que se emplace.

También es básico asumir la importancia de lo sutil, de lo intangible en el grupo y en todas las áreas de nuestras vidas. La dimensión espiritual, que probablemente no tenga nada que ver con algún tipo de religiosidad sino con asumir simplemente que mucho de lo que es en verdad importante es invisible a nuestros ojos y a nuestro tacto, es el espíritu con el que hacemos aquello que decidimos hacer. Ser portavoces de una visión global de paz, con una visión integral del ser y holística del mundo.

Turistear mundos posibles

Si la idea de vivir algún día en una ecoaldea te seduce, nada mejor que probar durante las vacaciones un poco de trabajo voluntario para impregnarse de la experiencia de vivir en comunidad y de una existencia integrada a la naturaleza.

Muchas ecoaldeas ofrecen alojamiento y comida a cambio de trabajo voluntario. Sin embargo, no es asunto de llegar e ir; en general, es necesario ponerse de acuerdo sobre los periodos y condiciones del voluntariado. Asimismo, varias de estas ecoaldeas ofrecen cursos o talleres de verano sobre diversas técnicas para una vida sustentable a precios más que razonables.

Estos son algunos enlaces donde podrás encontrar información al respecto:

*Sitio oficial de la Red de Ecoaldeas Eco Chile: www.ecochile.org

*Base de datos de la Red Global de Ecoaldeas (GEN):http://db.ecovillage.org/

*Página de Facebook con mucha información sobre ecoaldeas a lo largo de toda América, incluyendo propuestas de recorridos. Incluye además muchas en Chile. (Mirar las fotos de la página): http://www.facebook.com/mapadeecoaldeas.abyayala

– Una de las críticas que se le hace a las ecoaldeas y otros tipos de asentamientos sustentables es que finalmente pasan a ser guetos cerrados, comparables con un condominio del barrio alto, que han decidido aislarse del mundo. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Cómo ha enfrentado Eluwn la integración con la comunidad que lo rodea?

¡Ja! Y bueno… ¡nuestro barrio es cerrado y vivimos en lo más alto de la loma! ¡Quizás haya algo de cierto en ello! No, fuera de broma, quizás esto tenga algo de cierto en relación a algunos proyectos. Hay de todo.

Para empezar, es imposible encarar un proyecto de ecoaldea serio sin establecer criterios de integración de miembros y eso, indefectiblemente, dejará de lado a algunas personas. No es realista pensar que un grupo puede acoger en su seno a cualquier persona ni a todos… Empezando por la carga ecológica sobre un terreno, pero también por el hecho de la integración al grupo. Es un imposible y no vale la pena siquiera intentarlo.

Sobre aislarnos del mundo, en realidad nunca lo hemos deseado, no está dentro de nuestros objetivos ni visión de mundo y, como somos bastante sociables, hemos intentado construir puentes con la gente y la sociedad que nos rodea.

No fue sencillo el acercamiento, por ser diferentes a lo acostumbrado en el sitio donde nos establecimos, pero a través de actividades que gestionamos nosotros mismos, fondos concursables pensados y ejecutados por el bien común y, por supuesto, una camada de jóvenes locales con una mentalidad mucho más abierta que la vieja guardia, las relaciones se van acercando, existe mayor confianza y todos entendemos que somos parte del mismo tejido social. Nos necesitamos unos a otros y podemos enriquecernos mutuamente.

– Para ser parte de los miembros estables de una ecoaldea en general hay que tener los recursos económicos para comprar parte del terreno. ¿Qué alternativas existen para las personas que no tienen esa cantidad de dinero? ¿Cómo ves tú el tema de la equidad social en el acceso a esta forma de vida?

Es cierto que no todos pueden participar de un proyecto de ecoaldea, y también es muy cierto que es necesario contar con un terreno. Mi recomendación es que sea propio y comprado por el grupo, o sea, hay que tener unos pesos para hacerlo.

Pero ese dinero, si se reúne entre varios, es bastante menor al que se puede necesitar para tener una casa o alquilar, quizás, en ciudades como Santiago; por lo tanto, el punto es muy relativo y tiene más que ver con la decisión de jugársela e invertir en la compra de un terreno junto a un grupo en lugar de comprarte un auto, una moto o un departamento. Los grupos que no cuentan con dinero pueden postular e intentar conseguir terrenos fiscales en comodato… Pero esto suele ser más engorroso.

En Eluwn decidimos que deseamos que el dinero no sea el principal obstáculo para participar y, por ello, fijamos una base de participación que consideramos pagable por una gran mayoría de las personas de clase media de nuestra sociedad. Esta decisión fijó de algún modo el tipo de personas que se sumarían al grupo, en general personas comunes sin un pasar económico asegurado.

Por supuesto, esta misma determinación nos plantea una problemática: la gran mayoría de quienes conformamos el grupo base debemos destinar buena parte de nuestro tiempo a conseguir recursos económicos para el día a día.

Las personas que no tienen el dinero reunido pueden intentar sumarse a ecoaldeas que ya estén en funcionamiento, con el terreno comprado y pagado, y buscar ser admitidos e ir pagando en un plazo largo… Seguramente todo es factible. Será mucho más sencillo si se cuenta con habilidades y conocimientos que puedan ser útiles al grupo y al proyecto… Todo es energía, y no sólo el dinero es necesario para participar en una ecoaldea.

Finalmente, es preciso entender que el dinero es necesario para establecer una ecoaldea, y también para sostenerla. Para los grupos es un buen desafío fomentar y establecer emprendimientos internos, tanto individuales como colectivos, que sean viables económicamente.

El futuro

– ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta Eluwn en la actualidad?

Eluwn es un proyecto que siempre enfrenta desafíos varios. Es parte de ser un experimento. El desarrollo grupal siempre presenta desafíos.

Nuestro grupo ha crecido y continúa creciendo; de a poco se va afianzando, pero aún está en formación. Algunos integrantes se sumaron hace relativamente poco, y otros han cumplido un ciclo y acaban de decidir bajarse del proyecto. Es algo normal dentro del proceso grupal.

Estamos intentando establecer una estructura que permita sumarse y participar sin necesidad de comprometer una participación plena en el proyecto.

También es muy importante para nosotros seducir e invitar a sumarse a nuevos miembros, preferentemente en un rango etario joven, que tengan deseos de vivir en el terreno. Nuestro grupo, por sus características, está formado por personas que tienen lazos muy fuertes con la ciudad, tienen hijos en edad escolar, trabajos, etc.

En Eluwn hay mucho trabajo lindo por hacer, y nuestro grupo necesita nutrirse con gente algo más joven.

– Si en el pasado intentos como estos han aparecido y desaparecido, ¿cuáles son los elementos con que se cuenta actualmente (si es que los hay) que podrían hacer la diferencia con las experiencias del pasado?

Me gusta mucho un aforismo de Rabindranath Tagore que dice: “Yo llevo en mi mundo en flor los mundos todos que fracasaron.” Cada vez hay más locos en el mundo, cada vez estamos todos más de acuerdo en que no nos gusta el modo en que vivimos los humanos y nos atrevemos a soñar modificarlo.

¿Aprenderemos a sortear dificultades que se presentaron en el pasado? Seguro que sí. Y también estoy convencido que se presentarán nuevas y será necesario que las abordemos o que luego lleguen otros a resolver los inconvenientes que no hayamos podido solucionar nosotros.

No debemos pensar ni creer sólo en la importancia de los resultados sino estar muy atentos a los procesos. Mientras nos aventuramos a vivir las experiencias, vamos aprendiendo mucho, de manera muy veloz. En Chile prácticamente no existe una cultura de vida comunitaria. Tenemos mucho que aprender aún. Eso quedará para las generaciones futuras, además de ser parte de nuestras aventuras personales.

Los avances en psicología y algunas terapias alternativas constituyen herramientas muy poderosas para comprender los procesos grupales y los personales. La visión holística y global del mundo es hoy muy diferente a lo que ha sido alguna vez en el planeta; por tanto, existe ya un inconsciente colectivo que presenta un mejor panorama para los emprendimientos de ecoaldeas.

El contar con medios de comunicación instantáneos, como internet, permite compartir información, formar redes de apoyo, ayudarse, complementarse y encontrar soluciones a problemas de cualquier carácter, de manera mucho más veloz y eficaz. Y nos permiten cumplir con uno de nuestros objetivos primordiales, el de compartir con otras personas nuestras motivaciones y aprendizajes; fomentar la inspiración a buscar, a crear formas de establecer nuevos modelos sociales fundamentados en el amor y el respeto, en decisiones consensuadas, en asumir responsabilidades individuales y colectivas de manera compartida.

Hoy buena parte del mundo se muestra mucho más abierta a aceptar y compartir las visiones de los locos ecoaldeanos que no encontramos satisfacción a nuestras ambiciones de vida en el establishment. Quizás nosotros mismos seamos, en realidad, parte de la sociedad establecida que va cambiando lentamente y sin darse cuenta de que ya lo ha hecho.

Hacerlo

Si uno analiza a Eluwn en profundidad, seguramente encontrará muchos puntos mejorables, tanto desde la sustentabilidad ambiental como social; sin embargo, al recorrer esta ecoaldea y al terminar la grata conversación con Gustavo, creo que es esa misma “imperfección” la que abre las posibilidades de encantar el proceso, el de conocer a alguien “como uno” que, junto a un grupo, emprendió un sueño, aprendiendo en el camino, y en el cual, con mucho humor, se pone como ejemplo: “Si yo puedo hacerlo, quiere decir que cualquiera puede hacerlo; solo hay que dar el paso”.

http://www.revistasomos.cl/2014/01/ecoaldeas-ser-parte-de-la-naturaleza/


 
 
 

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