Museo de la Memoria versus Museo de la Democracia
- 1 ago 2017
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El candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera propuso la creación de un ‘Museo de la Democracia’. Le replicó el director del Museo de la Memoria, Francisco Estévez, y opinaron al respecto el columnista Galaguer y el historiador Villalobos. Desde estas referencias comento.
Un museo adquiere, conserva, investiga, comunica, expone o exhibe, con propósitos de estudio y educación, colecciones de arte, científicas y otros, siempre con un valor cultural, según el Consejo Internacional de Museos (ICOM).2
Los dos museos en cuestión pueden tener objetos de arte y científicos, pero no es esa la condición. Lo particular es ser objetos cargados de significado desde la misión del mismo. Villalobos, los llamó ‘Museos con intención’, y propuso un ‘Museo Contemporáneo’ a lo que subyace que éste debiera ser propiamente científico y sin intención.
Aunque se debate aún, acá considero superada la idea de que pueda haber acciones sin intención, siendo la propia ciencia ya una gran intención. Puede ser interesante un Museo Contemporáneo, pero estará en él la pugna por la intención.
Pero me cuelgo de esta significación para referirme a las intenciones de los Museos de la Memoria y de la Democracia.
El Museo de la Memoria
La intencionalidad del Museo de la Memoria, que reúne objetos que recuerdan la violación de los Derechos Humanos durante la dictadura, es mantener viva esa memoria a fin de que no se vuelvan a repetir tales hechos. Subyace la intención de la denuncia.
Señala su sitio web: “Fue concebido como un lugar donde se conservan y exhiben los testimonios y documentos que permiten mirar nuestro pasado doloroso para aprender de esa experiencia con el propósito de contribuir a que la cultura de los derechos humanos y de los valores democráticos se conviertan en el fundamento ético compartido de la sociedad chilena, abarcando una mirada sobre nuestra historia reciente pero también abordando temas contingentes como la violencia, la discriminación, los derechos de los pueblos originarios, entre otros.”
Ahora bien, en esta intención no se atiende a la explicación de las causas que generaron estas violaciones, o subyace una interpretación. Se instala desde la afirmación de que son hechos condenables, se denuncia su horror, y se nombran sus agentes.
Subyace al Museo de la Memoria, expresada en sus Fundamentos, la afirmación de que la violación matriz a los Derechos Humanos es la propia acción del Golpe de Estado, de lo cual los actos crueles represivos son sus derivaciones.
Con ello, la intencionalidad del Museo de la Memoria se amplía y sí puede conectarse con un cierto concepto de un ‘Museo de la Democracia’ -de hecho, declara el Museo de la Memoria ser: “Un espacio que contribuya a que la cultura de los derechos humanos y de los valores democráticos se conviertan en el fundamento ético compartido”-, si es que se pensara éste como un museo de ‘Valoración, Preservación y Fortalecimiento de la Democracia’. Esta intencionalidad tendría una mirada mayor dentro de la misma intención, lo que implica evitar un futuro Golpe de Estado (también debiera entrar al debate el que implica evitar una futura Revolución), cautelando con ello que no ocurran las violaciones específicas de los DDHH que suceden tras la acción del Golpe de Estado (o de una Revolución).
El Museo de la Democracia de Piñera
Pero no es esa la intención que se asigna al Museo de la Democracia de Piñera, siendo en ésta la de entregar una visión "amplia y transversal" sobre la transición a la democracia luego del plebiscito de 1988”, en virtud de que "Chile es un país reconocido mundialmente por la transición que se realizó desde fines de los 80 hasta principios de los 90", agregando que está "lleno de actos, instituciones y eventos políticos que es bueno recordar, y que extranjeros y estudiantes conozcan". "Este es un instrumento maravilloso de educación cívica. Tenemos que estar orgullosos de este proceso", citas de prensa de declaraciones de Larroulet.
Con esta misión, este Museo de la Democracia aparece como un museo específico, al igual que el de la Memoria, abarcando el periodo siguiente, y también sin atender a las causas, sólo a los hechos y objetos. Con todo, resaltar la transición también contiene una potencial misión de Valoración y Preservación de la Democracia’.
Ahora bien, desde los comentarios de prensa, esta idea de resaltar la transición que fue liderada por la Concertación pero de la cual la Nueva Mayoría habría renegado según Piñera- , tiene por intención vincularla al candidato una aspiración a a instalarse como "líder de la unidad". En definitiva sería una intencionalidad instrumental.
Para pensar en un Museo de la Democracia válido para el país, necesitamos despejarlo de la finalidad instrumental de corto plazo. Pero también necesitamos revisar las instrumentalidades de mediano plazo. La derecha puede juzgar que el Museo de la Memoria es instrumental.
La opción es siempre si quedarse con un ‘museo de trinchera’, o intentar colocarse en la zona de problema que es la de intentar conciliar intencionalidades, y concordar interpretaciones. Sin esto, sólo se tratará de ‘museos de trinchera’, con toda la validez que pueden tener para cada sector.
Pero mi motivación es proponer un real Museo de la Democracia, que haga el proceso de debatir intencionalidades e interpretaciones, desde la intención de valorar, preservar y fortalecer la Democracia, como propuesta para que no ocurran rupturas violentas en el país y que no ocurran por tanto violaciones a los DDHH, salvaguardando también que esa democracia se profundice para ir sanando las violaciones estructurales a los DDHH en estadios de ‘normalidad democrática’ de alta inequidad. En este museo de la Democracia la Memoria podría mirarse toda la historia de Chile desde dicha intencionalidad.
Para ello el museo tiene que ser la habitación común de los distintos sectores, así como lo es la Nación. Y desde una aspiración a concordar en la intención de valorar, preservar y profundizar la democracia, el museo debería llamar a debatir las interpretaciones de los distintos sectores.
Comentarios al Debate en prensa
Estévez, frente al planteamiento de Drina Rendic, quien habló de fusionar el Museo de la Democracia de Piñera con el Museo de la Memoria, "como una señal de unión de todos los sectores políticos a través de la cultura", estimó absurdo hacer un Museo de la Democracia, desligado de la recuperación de la democracia, argumentando que "No se pueden fusionar cosas distintas, porque el mandato del museo es dar cuenta de las violaciones a los derechos humanos cometidas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990". "No se puede fusionar con un mandato distinto".
Hay dos cosas en esto, una es que no se pueda fusionar por tener mandatos específicos distintos, lo que no obsta a que se puedan fusionar en un mandato común superior o más abarcante, conectando la transición con la recuperación de la democracia. Siendo este un tema complejo para la Concertación-Nueva Mayoría, en cuanto a la división que existe en valorar la transición.
Por otro lado, la postura de Estévez explicita una sospecha de que con esta propuesta, de una manera ambigua, se quiera eliminar el Museo de la Memoria, y reemplazar la historia de lo que ocurrió durante la dictadura "... y que esto seguiría en la línea de la derecha, de negación de lo que ocurrió en términos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. .. Cuando la derecha habla de este tema (de la democracia), quiere hacerlo sobre la crisis anterior al golpe, y sobre lo ocurrido de manera posterior al plebiscito de 1988. Olímpicamente se saltan el periodo de la dictadura".
Está bien, pero ¿dónde dar una oportunidad a deshacer o reafirmar la sospecha, o a debatir la conexión interpretativa sobre el pre-golpe, el golpe, la dictadura, las violaciones a los DDHH, la recuperación democrática, la transición y el futuro democracia/país, sino en un espacio común?
Luego Estévez confronta: "Si quisiera construir un museo específico, político, sobre la democracia, habría que hacerse cargo de por qué la derecha rompió con la democracia el año 1973, de por qué aceptó una dictadura para resolver una crisis, y también de por qué la derecha se opuso a que hubiese elecciones durante el tiempo de la dictadura para volver a la democracia en Chile", expresó.
Estas interpelaciones tendrían que hacerse y ser respondidas en un real Museo de la Democracia, en la búsqueda de un acuerdo interpretativo que de un marco para una democracia permanente.
Luego tercia Gallaguer
Parte Gallaguer refiriéndose a la novela "Crimen y castigo" de Dostoievski, para señalar que la idea de un Museo de la Democracia aparece como un buen antídoto a la tendencia, de dimensiones a veces epidémicas, que tenemos en Chile de creernos dueños de la verdad. No hemos llegado a una guerra de todos contra todos –dice-, pero sí hemos vivido períodos de violencia, y en los últimos años, hemos padecido la prepotencia de unos dueños de la verdad de última generación. Si bien no violentos (no pretenden partirnos la cabeza con un hacha), nos han amenazado con retroexcavadoras, y nos han querido convencer que los consensos del pasado no eran sino el producto de transacciones miserables, en que se abandonaron principios sagrados nada más que para disfrutar del poder.
Postula a Piñera como un moderado, la persona indicada para proponer un Museo de la Democracia. Hemos tenido períodos larguísimos de democracia exitosa en épocas en que algunos de los países más admirados de Europa vivían sometidos a monarquías autoritarias o a dictaduras fascistas. ¿Quién se acuerda hoy de eso? ¿A quién lo llena del orgullo que se merece? Para qué hablar de nuestra transición, que en 1990 inauguró 25 años de grandes éxitos. Allí compatriotas de todos los espectros, que se habían creído dueños absolutos de la verdad, tuvieron la humildad, la grandeza, la sabiduría de abrirse a verdades ajenas, de encontrarse con sus adversarios a mitad del camino. Es inaceptable que por una suerte de chantaje moral talibán, propinado por mentes amargas, se represente a esta época como una de transacción cínica. Yo siempre he elogiado el Museo de la Memoria –agrega, y sigue: Por otro lado soy de los que piensan que en general deberíamos enriquecer nuestros pobrísimos museos existentes en vez de crear museos nuevos. Pero apoyo la iniciativa de Piñera. Si el Museo de la Memoria es necesario para evitar que se repitan atrocidades inexcusables, el de la Democracia lo es para que no se pierda lo logrado, sobre todo ahora que tantos políticos exhiben un preocupante desprecio por la democracia representativa. Pienso no solo en los asambleístas más o menos chavistas del Frente Amplio. Pienso en un Guillier cuando denuesta a los partidos políticos y, como populista clásico, pretende estar en contacto directo con la ciudadanía.
Un Museo de la Democracia no nos llevará a encontrar el amor como Raskolnikov. Pero nos ayudaría a convivir, a entendernos y a tolerarnos, y eso ya es mucho en estos tiempos de cólera.
Aquí termino con la cita de la columna de Gallaguer, que para mí ilustra la gran dificultad en el propósito de habitar un espacio común.
Ello porque a la postulación de principios democráticos que hace le sigue el ataque descalificación a un sector de la izquierda. Es extraño cuando se valora la moderación y se es ‘talibán contra el talibán’ o intolerante con aquel a quien no se tolera. Por ello lo indispensable del territorio común, que es consustancial a la definición de democracia y a la posibilidad de conservarla.
Sin espacio común hay brecha, y esa brecha sólo se agranda hasta llegar a los episodios de violencia. La brecha la quiere construir y se siente bien en ella el exaltado, radical, revolucionario, utopista, etc., quien ve al moderado como traidor, ni chicha ni limoná, obsecuente, etc. Por otro lado, la dominación o abuso radical de los poderosos alimenta esta postura. La desigualdad y el abuso dan argumentos para juzgar como cínica la paciencia. Los moderados de cada sector, al habitar la brecha, tienden a inhibirse frente a los radicales. Todo esto es el territorio difícil, el territorio que si no se habita en común para intentar concordar equilibrios dignos como base presente, y con un horizonte real de profundización de la democracia, ésta nunca prevalecerá ante las fuerzas que optan por su ruptura –amparadas en la realidad del abuso- con lo que tendremos episodios cíclicos de ruptura de la democracia y enfrentamiento violento. Como antídoto a ello, apostar a un real Museo de la Democracia.

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