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Educar para el siglo XXI

  • 25 jun 2017
  • 7 min de lectura

El Dr. Howard Gardner, conocido por su trabajo en relación a las inteligencias múltiples, aborda la importancia de la educación valórica, en su libro “Verdad, Belleza y Bondad reformuladas: educando para las virtudes del siglo XXI”, que acaba de lanzar en Estados Unidos y que pronto llegará a Chile.

Ser brillante académicamente no es necesariamente sinónimo de ser inteligente. Hay gente de gran capacidad intelectual, pero incapaz de elegir bien a sus amigos. Y personas que triunfan en el mundo de los negocios y que jamás destacaron en su vida escolar o universitaria. Son contradicciones aparentes, pero que el Dr. Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard, explicó muy bien al desarrollar en los 90 su teoría de las inteligencias múltiples.

De acuerdo a este modelo, no hay una sola inteligencia, sino un conjunto de inteligencias múltiples, distintas e independientes: inteligencia lógico matemática, lingüística, corporal cinética, espacial, musical, intrapersonal, interpersonal, naturalista y existencialista.

El mérito de estos postulados está en el hecho de que no se trató de conclusiones antojadizas. Las investigaciones de Gardner se basaron en el método científico y entre sus principales retos estuvo encontrar la base neurológica de cada una de las inteligencias, es decir, cuáles son los puntos del cerebro que se vinculan a una u otra inteligencia.

Una investigación de esta envergadura se tradujo en más de 10 años de trabajo y generó un impacto de proporciones en la enseñanza. A partir de entonces, para Gardner y para todos aquellos que se familiarizaron con su teoría de las inteligencias múltiples, comenzó a resultar absurdo que se siguiera insistiendo en que todos los alumnos aprenden de la misma manera. Y si esto es así, el rol del profesor admitía un cambio en 180 grados.

Edite Barbosa, directora del colegio Huelquén Montessori y discípula de Gardner en Harvard, asegura que para este científico todas las inteligencias son igualmente importantes, pero “el problema es que nuestro sistema escolar no las trata por igual y ha dado demasiada importancia a las dos primeras de la lista: la inteligencia lógico- matemática y la inteligencia lingüística, hasta el punto de olvidar la existencia de las demás”.

En todo caso, el hallazgo de Gardner sobre las inteligencias múltiples no fue el punto final de su carrera. Desde entonces, se ha mantenido activamente investigando en torno a temas vinculados a la educación y el desarrollo de los niños y, además de profundizar en los sistemas de enseñanza, llegó a la conclusión de la enorme importancia que juegan los valores en la formación de las personas.

Educar no es sólo entregar conocimientos

Gardner ha sido categórico en señalar que “la educación del ser humano es un proceso complejo que se basa fundamentalmente en decisiones sobre objetivos y valores. Debemos aceptar la ruda realidad. Se puede ser inteligente sin ser moral, creativo pero no ético, sensible a las emociones y no usar esta sensibilidad al servicio de los demás”. Por esto es que en su último libro, titulado “Verdad, Belleza y Bondad reformuladas: educando para las virtudes del siglo XXI”, el científico recalca que además de centrar la enseñanza en el niño que la recibe, entregando una amplitud de conocimientos y experiencias que les permitan desarrollar todo su potencial, debemos aportar valores que los guíen como personas y les permitan formar un mundo mejor.

Frente a este planteamiento, Edite Barbosa destaca la relevancia de la guía oportuna de padres y profesores durante el proceso de crecimiento de los niños. “No hay que concentrarse sólo en el rendimiento en la PSU o el Simce, sino en educar para la vida, educar para que vivan la verdad, la belleza y la bondad con los demás”.

Pero, ¿cómo se puede llevar esto a la práctica? En el caso de los profesores:

- En relación con la verdad: al entregar o comentar información sobre algún contenido académico, siempre es importante acostumbrar a los alumnos a conocer los dos lados de una historia. “La verdad no es relativa. La relativización de la verdad es un mal de nuestro tiempo –aclara Edite Barbosa-. Puede ocurrir que al leer los dos lados de una historia yo forme mi verdad y ésta sea distinta a la de otra persona, pero quizá haga falta ir más allá, averiguar más, buscar estudios, profundizar y no quedarse en la superficialidad. Y ése es un desafío para los educadores desde que los niños son chicos: buscar los dos lados de toda historia y a partir de ahí, investigar e investigar, con el propósito de establecer la verdad”.

- En relación con la belleza: deben mostrar a los alumnos el mundo y gozar con ellos de ese mundo. Por ejemplo, al ver una ópera en el Teatro Municipal, al disfrutar de la belleza de un concierto o una obra de arte. Esto se puede lograr no sólo a través de salidas a terreno, sino en la misma sala de clases. Tal como explica Elena Young, una de las grandes impulsoras del método Montessori en Chile, la profesora de arte puede mostrar a los niños diapositivas de un pintor y reflexionar acerca de lo que están viendo, antes de proceder a hacer alguna actividad concreta.

- En relación con la bondad: tienen que nutrir a los alumnos de historias heroicas y llenas de bondad, no sólo protagonizadas por personajes famosos como la Madre Teresa, el Padre Hurtado o Mahatma Ghandi, sino también por personas anónimas, cercanas a ellos, que han hecho cosas grandiosas. Esto es especialmente importante, asegura Edite Barbosa, entre los 12 y 15 años.

Pero tan importante como lo anterior, es compartir con los más necesitados. Por ejemplo: repartiendo desayunos a gente que vive en la calle o visitando adultos mayores que están en algún asilo. Elena Young recuerda que “hace pocos días atrás, un curso del Colegio Huelquén Montessori visitó a unos abuelitos de un hogar que queda cerca del establecimiento y con motivo de las Fiestas Patrias, bailaron cueca y pasaron un buen momento juntos. Actividades como ésa van mostrando a los niños el camino a la bondad, a pensar en los demás y no sólo en las necesidades propias”.

En síntesis, los docentes de hoy tienen que enseñar a los alumnos “a vivir” la verdad, la belleza y la bondad en su vida diaria. Asimismo, en el plano académico, el docente ya no puede hacer la misma clase tradicional de antaño, sino que tiene que asumir un rol de guía, pues quien hace el camino es el alumno. Eso significa, por ejemplo, mostrarle las infinitas posibilidades que tiene de resolver un problema de matemática. Pero luego, el profesor da un paso al lado y es el alumno quien vuelve a tener el protagonismo de su aprendizaje. Sólo vuelve a aparecer cuando el estudiante lo necesita, ya sea para despejar dudas o para avanzar en la materia.

En el caso de los padres y apoderados:

- En relación con la verdad: aprovechar instantes de la vida cotidiana para conversar con sus hijos acerca de las distintas miradas frente a una noticia que pueda ser de interés familiar, reflexionar con ellos y animarlos a investigar para que sus opiniones tengan fundamentos sólidos.

- En relación con la belleza: también es importante que compartan con sus hijos experiencias como visitar el fin de semana un paisaje natural (por ejemplo, el Cajón del Maipo) o un museo. “No se puede definir si algo es bello o no a partir de la ignorancia –explica Edite Barbosa-. Es necesario que los padres, a igual que los profesores, lleven a sus niños a disfrutar de distintos lugares, a la ópera, al teatro, al ballet, etc. A algunos niños a lo mejor no les va a gustar la ópera o el ballet, pero esa reflexión tiene que nacer del conocimiento, no de la ignorancia”.

Además, tal como explica Elena Young, no es lo mismo vivir una experiencia de este tipo con el resto del curso a vivenciarla acompañado por los papás, pues aquí incorporamos toda una dimensión afectiva que transforma esa experiencia en algo mucho más relevante para el niño.

- En relación con la bondad: vivirla. No hay mejor ejemplo que ése. Vale más que mil palabras.

Montessori y las Inteligencias Múltiples

Con más de cien años de experiencia, el método desarrollado por María Montessori (médico, investigadora y pedagoga italiana) tiene gran similitud con la teoría de las inteligencias múltiples, al postular que todo el sistema debe centrarse en el niño quien es protagonista de su propio aprendizaje, entregando los conocimientos a través de distintos canales y estimulando todos los sentidos. Recientemente las neurociencias comprobaron la importancia de estos postulados mostrando por ejemplo, cómo al utilizar letras de colores y papel lija (con textura) para aprender a leer, se desarrollan mayores conexiones neuronales que con el sistema tradicional.

De la misma forma, Montessori postula la estimulación temprana de los niños, quienes sin ser forzados van aprendiendo por sí mismos, generalmente a edades tempranas. Esto ocurre en todos los ámbitos. Por ejemplo, los niños desarrollan la comprensión de la moral, la belleza y la verdad desde muy temprano y por eso padres y docentes se deben preocupar de modelar estas virtudes a través de la educación y de sus propias acciones.

En palabras del Dr. Howard Gardner, científico y profesor de la Universidad de Harvard: “Si desistimos de vidas marcadas por la verdad, belleza y bondad – o por lo menos de la perenne búsqueda de ellas – nos resignamos a un mundo en el cual nada tiene valor, o en el que todo vale. Para no sucumbir a una existencia triste, sin normas o sin sentido, es necesario revisar estos tres conceptos… Necesitamos determinar qué es esencial, que es lo que no debe y no puede ser desechado, qué ya no es relevante o justificable y qué es lo que tiene que ser reformulado. Debatir sí, descartar no. Fomentar el sentido crítico”

Howard Gardner, científico de Harvard.- Ya en los 90 desarrolló la teoría de las inteligencias múltiples, que demostró que no todos los alumnos aprendían de la misma manera. Ahora, su preocupación es impulsar a padres y educadores a fomentar valores en sus hijos o alumnos. “Se puede ser inteligente sin ser moral, creativo pero no ético, sensible a las emociones y no usar esta sensibilidad al servicio de los demás”, afirma.

Edite Barbosa, directora del colegio Huelquén Montessori y discípula de Gardner en Harvard.- Señala que la verdad no es relativa y que esto implica un desafío para los educadores desde que los niños son pequeños: “es importante que aprendan a buscar los dos lados de toda historia y a partir de ahí, investigar e investigar, con el propósito de establecer la verdad”.

Elena Young, impulsora del método Montessori en Chile.- Explica que es importante enseñar a los alumnos desde temprana edad a convivir con los demás, lo que se traduce en “vivir la bondad y ser capaz de construir un diálogo, incluso cuando se está molesto por alguna situación”.

Publicado en: http://www.educarchile.cl/ech/pro/app/detalle?id=211249


 
 
 

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