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Diseño e identidad regional

  • 31 may 2017
  • 4 min de lectura

La identidad regional hace alusión a elementos culturales, geográficos y sociales que posibiliten que una región se diferencie de otra. La identidad es memoria colectiva y debe ser labor compartida por toda una sociedad, atendiendo y reflexionando sobre su historia, teniendo en cuenta que el presente no debe repetir el pasado, sino que debe contenerlo. La identidad es siempre actual, es presente que viene de la historia y a la historia regresa continuamente.

Es la historia viva la que crea identidad, y esta identidad se desfigura cuando se ignora el contexto histórico propio. En nuestra América es muy común que la historia oficial sufra de una miopía tal, que proporcione una visión del pasado sumamente desvirtuada, logrando en muchos casos que el país oficial se avergüence de su pasado aborigen y su presente nativo. Dice Eduardo Galeano: “Para que ignoremos lo que podemos ser, se nos oculta y se nos miente lo que fuimos” (El tigre azul y otros relatos. 1991).

El hecho de no poseer una identidad definida o, en otras palabras, el grado de confusión identitaria o “no-identidad” regional que presenta nuestro país en particular y Latinoamérica en general, puede ser atribuída a diferentes factores. Entre otros, el modo en que se desarrolló la conquista española, donde se creó un proceso de aculturación en el cual un grupo dominante impuso sus normas y sus pautas culturales en desmedro de la civilización autóctona. Luego, a una historia generada con retazos étnicos y culturales, producto de algunas inmigraciones que no pudieron despegarse nunca de la idea del regreso a su tierra, y por lo tanto, jamás lograron integrarse total y coherentemente al entorno local.

Por otra parte, un sector de la sociedad local intentó edificar, en su momento, una identidad cultural con la aglutinación de los contingentes extranjeros, pretendiendo ser una Europa en América. Sin embargo el resultado fue una multiculturalidad donde la heterogeneidad ha sido el rasgo más característico.

Todos estos sucesos no se han dado en forma casual y fortuita, sino que han respondido a argumentos de orden político y económico.

En la actualidad el auge de las redes de comunicación, el intercambio de información y los adelantos tecnológicos causan pánico en ciertos pesimistas que anuncian que cultural y económicamente, la globalización terminará por fagocitarnos. En contrapartida, considero que debemos tomar a la globalización no como un demonio, sino como un instrumento y utilizarla como oportunidad para integrarnos a los grandes flujos económicos y científicos del planeta, sin relegar de ninguna manera nuestra memoria histórica y social.

La identidad regional se concibe por el contenido y el fundamento de sus factores, no por el origen de los elementos que la conforman. Lo importante es ser conscientes de su procedencia y coherentes en la reivindicación de los referentes identitarios. Cuando la cultura está viva, muta en forma constante, recibe influencias externas, se desafía, se contradice, se depura, crece y se fortalece.

Si consideramos a la identidad como representación de una integridad social, producto de la cultura de cada sociedad en el espacio y el tiempo, comprenderemos que la discusión en torno a la identidad como región, no sólo debe involucrar en forma responsable a un amplio espectro de disciplinas, sino que deberá comprometer a la sociedad en general.

Desde el diseño es posible obrar modestamente en pos de la consolidación de nuestra identidad regional, trabajando sobre la sustancia gráfica y objetual local, sin desaprovechar las ventajas que otorgan el uso de la informática y las comunicaciones producto de la globalización.

Si bien es importante que el resto del mundo nos reconozca (siempre que hablamos de “nosotros” implica una presencia de “ellos”) por un diseño nuestro y original, es imprescindible que en primera instancia podamos reconocernos con una propuesta estética y comunicacional que realmente nos pertenezca.

Es importante señalar que como comunidad somos una síntesis de diferentes culturas y es fundamental que admitamos que las culturas que han estado íntimamente relacionadas con nuestra tierra durante siglos son las que paradójicamente, siempre han permanecido relegadas como componentes de nuestra identidad regional.

Asimismo, es conveniente aclarar que la identidad regional excede al folklorismo, a lo “típico”, a la artesanía de aeropuerto o al producto artesanal-turístico (“recuerdo de…”), ya que son imágenes superficiales de nuestro modo de vida.

Aunque en algunas oportunidades se ha planteado desde el diseño y la artesanía la búsqueda de una identidad americana, en general se lo ha hecho por medio de la copia de las representaciones indígenas o populares, sin realizarse una verdadera recreación de las formas ni ningún tipo de trabajo que manifieste una evolución positiva. Se incurre con ello en una reproducción estereotipada de morfologías, generándose una especie de industrialización de lo típico. Evidentemente esta metodología no alcanza para concebir elementos identificadores válidos. Es necesario por lo tanto, la recuperación de la memoria social apuntando a un producto cultural que refuerce los procesos identitarios.

Considero que desde nuestra perspectiva del diseño, las artes, las artesanías y las disciplinas relacionadas de una u otra manera con el diseño y la comunicación visual, podemos colaborar promoviendo la generación en gran escala de elementos de diseño aborigen, de carácter nativo, que apunten a conformar un aporte significativo en la construcción de nuestras identidades regionales.

Este texto es un extracto. Ver artículo completo en: eduardopepe.com/category/identidad-regional/


 
 
 

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