La función biológica de lo patológico
- 28 mar 2017
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La visión de estos maravillosos equilibrios nos lleva al concepto de la función biológica de lo patológico. La enfermedad, ¿es, verdaderamente, un estado anormal y siempre una falla orgánica, o bien se compensa en el equilibrio universal y asume una función biológica no sólo protectora sino además creadora?
Es innegable de que, en muchos casos, lo patológico puede, con la adaptación, convertirse en un estado habitual del organismo, que termina por vivir normalmente en él.
De hecho el estado orgánico perfecto es una abstracción inexistente en la realidad. En la naturaleza no existe un tipo orgánico de perfección, una verdad orgánica igual para todos, una normalidad, punto de comparación del valor fisiológico individual; sino que cada cual es su tipo, una verdad orgánica propia, y tiene razón contra todos, en tanto sabe luchar y vencer. En la naturaleza, la perfección constituye una tendencia jamás alcanzada, la salud un estado que se debe conquistar en todo momento, un equilibrio que es preciso mantener sólo al precio de un trabajo continuo.
En la realidad, todo organismo posee su punto débil, de mayor vulnerabilidad y menor resistencia. Lo patológico ha acabado, de tal suerte, por equilibrarse como un hecho más o menos constante en la normalidad del mundo orgánico, que no por ello se abate, y que de ahora en adelante lleva consigo, como fuerza aceptada en su equilibrio, su lado de sombra.
La naturaleza se compensa de las diferencias en el número y completa sus imperfecciones mezclando siempre sus tipos, que cuanto más diversos sean, tanto mejor balancearán en la reproducción sus ventajas y defectos. Os encontráis aquí ante la misma ley según la cual el mal condiciona el bien, y el dolor la alegría, con idéntico claroscuro de contrastes en cuyo seno se mueve y se equilibra el mundo orgánico, así como el mundo ético, sensorial y psíquico.
Pero se da otro hecho. No sólo el mundo orgánico se ha habituado a arrastrar normalmente el peso de su imperfección, ni únicamente esto entra en la ley de equilibrio. Tal ley opone, por compensación espontánea, a todo punto de debilidad mayor un punto de mayor fuerza, a una vulnerabilidad específica, una resistencia asimismo específica en otra parte. La naturaleza siente el punto amenazado y lo circunda, reforzándolo, con todos sus demás recursos, órganos, sentidos que se desarrollan en proporción y más allá de la media. No os alarméis, pues, por cualquier punto débil, ya que puede ser él por compensación, una fuerza.
Permaneciendo siempre en el campo orgánico hemos visto, incluso, que cada asalto patogénico superado produce, por reacción, la aptitud para la resistencia, fortifica todo el arsenal de las defensas. En este caso posee la enfermedad una función inmunizadora y lleva, por contraste y compensación, el hábito a la victoria y a la autoeliminación de lo patológico. En tal sentido la enfermedad es condición de salud, ya que excita la construcción de todas las resistencias orgánicas. Éstas, que os defienden sin vosotros saberlo, constituyen el resultado de innumerables victorias y luchas superadas; son fruto de vuestro esfuerzo, duramente ganado en el largo camino de la evolución.
Pero hay una compensación más elevada de lo patológico en otros campos, puesto que todo en el universo está interligado. Siempre por reacción compensadora, una imperfección y sufrimiento físico puede tener una repercusión creadora en el campo de lo moral, determinando un estado de tensión, excitando una rebelión que se manifiesta como explosión de fuerza al nivel psíquico. Aquí reaparece la función creadora del dolor. Su tenaz y penetrante acción no puede menos que despertar resonancias en lo hondo de ese psiquismo que se comunica siempre con las formas orgánicas; y deja, en las mismas, huellas indelebles. Pues si el dolor no basta, a menudo, para construir de golpe la grandeza de un alma, en casi todos los casos nos la revela entera y exalta al máximo la totalidad de sus valores, y a lo largo del andar es siempre escuela de ascensión.
Y si en las almas inertes el dolor se resuelve a veces en pasiva adaptación, con frecuencia enciende luminosidades nuevas en el espíritu y entonces se puede hablar, en verdad, de una función creadora de lo patológico.
Gran ciencia ésta, la del saber sufrir, que sólo poseen los hombres y pueblos que han vivido mucho; ello significa una resistencia a las adversidades que los jóvenes no poseen. Observad el fenómeno de lo patológico hasta sus últimas repercusiones, y veréis que en ocasiones ha arrancado del alma humana los gritos más sublimes y las más grandes creaciones.
A menudo una imperfección física, que cierra al alma los senderos de la vida exterior, le prepara los de la profunda introspección de sí, manteniendo siempre despierto al espíritu y sometiéndolo a una gimnasia que lo agiganta. De la maceración de un cuerpo enfermo, muchas almas han salido purificadas; un mal físico puede muy bien ser la prueba impuesta por el destino en el camino de las grandes ascensiones humanas. Invito a la ciencia a explicar cómo una enfermedad, una deficiencia orgánica, es capaz de dar tanta fuerza al espíritu, tal fecundidad al pensamiento, tanta salud y potencia a la personalidad; de qué modo, en otros términos, lo patológico puede contener a menudo lo supernormal.
Capítulo del libro de Pietro Ubaldi ‘La gran Síntesis’ disponible gratis en pdf.
Imagen tomada de: http://www.definicionabc.com/salud/enfermo.php

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