Crisis valórica en la política
- 9 feb 2017
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En los últimos años se han levantado una serie de críticas y cuestionamientos a la clase política y a sus prácticas, lo que ha llevado a caracterizar la situación como una de crisis de confianza, de legitimidad, de representatividad, de coherencia y otras.
Tras esto existe una preocupación de fondo, y es que estos cuestionamientos atenten contra la buena convivencia nacional y contra la fortaleza de la democracia. Interesa, frente a esta posibilidad, instalar o recuperar conductas valóricas que sean modelo de formas sanas de convivencia y que fortalezcan los valores de la democracia.
Ahora bien, esta crisis consignada como de confianza, legitimidad, etc., cabría denominarla crisis valórica. Lo relevante de llamarla crisis valórica es porque lo valórico refiere al campo de las conductas personales. Otro concepto general, como el de crisis estructural, coloca el acento en la construcción social y no en el sujeto que las ha construido.
La crisis valórica –tal como ha aparecido en los medios y las redes sociales- tiene un alcance amplio e involucra a diversos actores sociales; pero acá reflexionamos sobre su expresión en el campo político por el impacto de este campo en la conducción y preservación de la democracia y en la custodia de la calidad de convivencia nacional. No obsta esto a la necesidad de una reflexión más general sobre la conducta valórica hoy en día.
Postulamos que la crisis valórica de la política se encarna en una crisis valórica de los políticos, en tanto actores centrales de este ámbito, y como una derivación de ello hay crisis valórica en las instituciones, entre ellas de forma relevante los partidos políticos. La conexión entre crisis valórica individual y crisis valórica institucional es que el nivel cuantitativo de las conductas personales pasado un cierto número crítico llega a generar un efecto de conducta generalizado en una institución. Al mismo tiempo, establecida la conducta en la institución, ella induce a las nuevas personas que se incorporan a acoplarse a dichas conductas.
El rol de la clase política en la democracia
Podemos postular a la clase política como ‘custodia de la democracia y de sus valores, como responsable de su continuidad, perfeccionamiento y profundización.
En una analogía libre pero elocuente, se podría entender a los políticos como los ‘sacerdotes’ de la democracia, a quienes se demanda el cumplimiento máximo de sus valores. Si el ‘sacerdote’ no cumple con los valores, ello llevará al ‘feligrés’-al ciudadano- a no cumplirlo.
Por lo mismo, el político, y los partidos políticos, constituyen a la vez el sostén principal y la principal fuente de amenaza a la democracia, según si sus acciones valóricas cumplen o desatienden los principios de ésta.
Creemos relevante realizar una acción de recuperación de valores democráticos, y recuperar una conducta política sustentada en los valores de la democracia. Para ello es necesario retomar y clarificar cuáles son estos valores, pero sobretodo, obtener la declaración del actor político que desea atenerse a ellos.



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